Blackstone y GIC acaban de comprar parte

Enagás estudia opciones en Tallgrass (EEUU) tras la entrada de Blackstone y GIC

El operador del sistema gasista trabaja de forma discreta desde el pasado mes de noviembre su irrupción en la cotizada norteamericana. La transacción, de unos 1.000 millones, aún está en el aire

Foto: El presidente ejecutivo de Enagás, Antonio Llardén. (EFE)
El presidente ejecutivo de Enagás, Antonio Llardén. (EFE)

Enagás explora sus opciones de comprar una participación en la compañía cotizada de EEUU Tallgrass Energy. El operador del sistema gasista español, cuyo máximo accionista es el Estado a través de la SEPI, trabaja de manera discreta desde el pasado mes de noviembre en esta operación, según comentan varias fuentes del sector energético. Tras la publicación de esta información, Enagás ha confirmado a la CNMV su intención de adquirir acciones de Tallgrass Energy.

La firma presidida por Antonio Llardén baraja invertir alrededor de 1.000 millones de euros, tal y como adelantó El Confidencial este martes. Esta operación se está desarrollando en paralelo a la compra de otra parte importante de la cotizada de Kansas al gigante del capital riesgo Blackstone Infrastructure Partners, que ha comprado ya un 44% de las acciones de la firma transportista americana.

La gestora de fondos estadounidense ha invertido hace pocos días unos 3.300 millones de dólares en Tallgrass en un acuerdo en el que también ha participado de manera minoritaria el fondo soberano de Singapur GIC.

Tallgrass es una firma transportista "orientada al crecimiento, que transporta petróleo crudo y gas natural desde algunas de las cuencas más prolíficas de la nación en las regiones de las Montañas Rocosas, el Medio Oeste y los Apalaches, con acceso a mercados de gran demanda en las Montañas Rocosas, el Medio Oeste y el este de Ohio y puntos más allá", según explica en su página web. La compañía capitaliza unos 6.500 millones de dólares en la actualidad.

Tallgrass Energy.
Tallgrass Energy.

La potencial entrada de Enagás, que aún está en el aire dados los diversos intereses en juego, supondría una vía de diversificación internacional en un momento en que los ingresos regulados que percibe de la factura del gas tienen un potencial de crecimiento limitado. No obstante, se trata de una operación complicada de materializar, donde hasta el regulador del mercado estadounidense, la Securities and Exchange Commission (SEC), ha mostrado sus reservas. El presidente de Enagás, Antonio Llardén, ya comentó a principios del verano de 2018 que aguardarían a este año para buscar oportunidades a precios más atractivos.

Por otro lado, el potencial de crecimiento en España es cada vez menor. La CNMC y el regulador francés paralizarn el proyecto europeo de interconexión gasista entre España y Francia por los Pirineos. Enagás mueve ficha a nivel internacional para mantener el pulso inversor y de esa manera sostener el precio al que cotiza la acción, así como el dividendo que entrega, uno de los más elevados del Ibex 35.

Enagás, que declinó hacer comentarios, siempre ha tenido Estados Unidos dentro de su plan estratégico. De hecho, la firma cuenta con una pequeña oficina de representación en Houston (Texas). Desde hace al menos tres años sondea este mercado. Entre sus últimos movimientos está la venta de su participación en el operador del sistema gasista Swedegas por 96 millones de euros. Ahora mismo, además, tiene puestos sus ojos en nuevos proyectos en Europa y Marruecos.

Desde el año pasado, por otro lado, ya no cobra por el mantenimiento del proyecto fallido Castor. Con la base de activos cada vez más maduros y el regulador pidiendo una rebaja de la retribución regulada para 2020, solo un aumento inversor permite mantener la expectativa a largo plazo de los fondos presentes en la compañía, así como el propio Estado español, poseedor del 5% del capital social a través de la SEPI.

EEUU, además, ofrece la seguridad jurídica que Enagás no está encontrando en otras latitudes como Perú, donde disputa un arbitraje frente al Gobierno del país por los 500 millones invertidos junto con la constructora Odebrecht en el gasoducto del sur de Perú (GSP). El proyecto saltó por los aires tras conocerse las irregularidades por corrupción de la firma brasileña, pero Enagás aún no ha recuperado los 500 millones de ese proyecto.

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