por la débil posición de capital

El BCE vio probable la muerte del Popular para 2017 meses antes de la resolución

El supervisor advirtió desde 2016 que la entidad acabaría incumpliendo los requerimientos de capital antes de llegar a enero de 2018. La resolución se produjo por falta de liquidez

Foto: Banco Popular.
Banco Popular.

Banco Popular sufrió un continuo y acelerado deterioro en el año posterior a la ampliación de capital de 2016 de 2.500 millones que lideró Ángel Ron. La entidad murió por falta de liquidez, pero pudo acabar haciéndolo por insolvencia. Al menos, esto es lo que diagnosticó el Banco Central Europeo (BCE) en los meses previos a la resolución.

La autoridad monetaria y supervisora analiza en un documento remitido a la causa de la Audiencia Nacional el empeoramiento de la posición de solvencia del banco a lo largo de 2016. “El perfil de riesgo de Banco Popular empeoró considerablemente en comparación con 2015 debido al deterioro del perfil de riesgo de casi todos los elementos SREP [revisión supervisora y proceso de evaluación]”, señala el BCE en un documento al que ha tenido acceso este medio después de que el juez Andreu decidiera levantar el secreto sobre los informes del banco central.

Entre estos elementos, el BCE diagnosticó a finales de 2016 que “el banco carece de un plan estratégico confiable”, a pesar de la ampliación de 2.500 millones de mayo y junio de ese mismo año, que debía ser un punto de inflexión en la estrategia del Popular. Asimismo, el supervisor señaló que ya entonces la entidad incumplía un criterio de capital conocido como P2G, que no es vinculante pero hace referencia a un nivel adecuado de capital para “soportar situaciones estresadas”, según explicó la propia institución meses antes de resolver el banco con pérdidas de todo lo invertido para 300.000 inversores, de los que 12.000 han reclamado en Bruselas.

Desde Fráncfort, se advirtió este incumplimiento para enero de 2017, antes del relevo en la presidencia por el que Emilio Saracho sustituyó a Ángel Ron, además de ver una “insuficiente rentabilidad” e “incertidumbres sobre la calidad de los activos y sobre la ejecución de opciones estratégicas”. A estos ingredientes se añadía “un deterioro en la gestión”, con decisiones “impredecibles” y una comunicación que afectó “gravemente” a la reputación y liquidez del banco.

Con este cóctel, el BCE vio probable que la posición de capital se fuera debilitando. Y así ocurrió en el primer trimestre de 2017 con los datos de marzo, ya con Saracho al mando. No solo se volvió a infringir el citado pilar P2G, sino que se redujo el margen de la ratio de capital en 53 puntos básicos. El BCE vio entonces que, teniendo en cuenta el probable aumento del coste del crédito en 2017 (nivel de provisiones respecto a la cartera de crédito), el incumplimiento de la ratio de capital “es considerado probable” (P2R).

Es decir, con la información de marzo de 2017, el BCE consideró que había una posibilidad importante de bajar del mínimo capital exigido por las autoridades. “La débil rentabilidad no será un factor que apoye la débil posición de capital, particularmente para enero de 2018”, agrega el BCE. Además, calculó un impacto potencial de 269 puntos básicos en la ratio de capital CET1 que debía ser considerado, por lo que empeoró la ratio que otorga a los bancos en su análisis de 3 a 4, que es “alto riesgo”.

El organismo presidido por Mario Draghi estimó impactos negativos para la medida de capital a lo largo de 2017, así como la obligación de nuevas provisiones, teniendo en cuenta daños de 3.200 millones en el balance. Así, diagnosticó que “fallará en cumplir con P2R hacia el 1 de enero de 2018”, con una ratio de capital CET1 del 6,69%, del 8,92% en Tier 1 y del 9,9% en ‘total capital’.

Deterioro del balance

El BCE también consideró que había aumentado la ratio de activos tóxicos en balance (NPA, por sus siglas en inglés) desde el 25% hasta el 29%, y que aunque había aumentado la tasa de cobertura del 38% al 43%, aún estaba por debajo de la media. En este sentido, señala que la estrategia del banco para el riesgo de crédito que tenía en 2016 se abandonó en 2016 y que no fue lo suficientemente agresiva con los activos tóxicos. Mientras que el perfil de riesgo operacional empeoró por riesgos legales relacionados tanto con las cláusulas suelo como con la ampliación de capital de 2016.

La posición de liquidez se debilitó desde septiembre de 2016, señala también el BCE. Es decir, esta crisis no fue solo cuestión de las últimas semanas, aunque se agudizó desde abril de 2017 y llevó a la resolución del 7 de junio de 2017, tras la que el Santander se quedó el banco por un simbólico euro.

En un informe del Banco de España (BdE) del 20 de junio de 2017 que está dentro de la documentación del BCE, se muestra que el Popular tenía liquidez por 600 millones de euros para empezar el 7 de junio de 2017, cuando las oficinas solo abrieron por la inyección de liquidez del Santander por la compra. No obstante, tenía comprometidas órdenes de reembolso de depósitos por valor de 1.300 millones, tal y como han adelantado ‘Vozpópuli’ y ‘Bolsamanía’. El Popular había recibido liquidez de emergencia (ELA, por sus siglas en inglés) por valor de 3.800 millones de euros del Banco de España en sus últimos días.

De esta forma, la defunción del Popular tras 91 años de historia se produjo por liquidez, aunque de fondo también había un problema de solvencia. Aristóbulo de Juan, un histórico de la banca española que pasó por el Popular de Luis Valls y por el Banco de España, aseguró dos semanas después de la resolución que un banco solvente no tiene problemas de liquidez, como relata también varias veces en su libro ‘De buenos banqueros a malos banqueros’.

Entre acusaciones mutuas, Ángel Ron y Emilio Saracho ofrecieron en julio versiones muy diferentes sobre la salud del Popular. Mientras que Ron aludió a una fuerte salud del banco, Saracho defendió la debilidad del banco que heredó. Luis María Linde, exgobernador del Banco de España, relató en abril que “la situación de liquidez fue empeorando y finalmente pidió liquidez de emergencia al Banco de España”. Asimismo, explicó que tanto el BdE como el BCE estaban muy encima de la fuga de depósitos, pero hasta el 5 de junio el Popular no pidió liquidez de emergencia.

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