detenido por múltiples delitos económicos

Mario Conde, entre el 'déjà vu' y el final de la escapada

Mario Conde es el símbolo que mejor encadena los desmanes del pasado siglo con el siniestro total que amenaza la regeneración pública en la actual centuria

A la vista del vértigo con que los acontecimientos se atropellan en el actual cambio de ciclo, alguien podrá entender que la detención de Mario Conde, 22 años después, representa un 'déjà vu' que retumba como si fuera el final de la escapada que vive España en su estrepitosa campaña de regeneración a no se sabe dónde. El paladín que protagonizó la penúltima reestructuración bancaria (otra más) pasó sin solución de continuidad a interpretar el indeseable papel de antagonista como principal cabeza de turco de la más desvergonzada España económica anterior al euro. La purga de la llamada ‘beautiful people’, esa generación de empresarios y políticos en impúdica comunidad de intereses financieros, se saldó con el giro de múltiples facturas al cobro, pero ninguna tan elevada y directa como la que dio con Mario Conde en Alcalá-Meco allá por las navidades de 1994.

Mario Conde, entre el 'déjà vu' y el final de la escapada

Ahora que el leviatán de la corrupción ha vuelto a arrasar el solar patrio, resquebrajando la confianza de los ciudadanos hasta decir basta, la figura de Mario Conde surge de manera irremisible como emblema de una España que parece obstinada en tropezar siempre con la misma piedra. La miríada de escándalos desvelados al rebufo de esa falacia que alguien denominó como ‘el milagro económico español’ en la época de José María Aznar no es más que la prolongación nauseabunda de esa otra mentira generada en tiempos de Felipe González, cuando se decía que nuestro país era el lugar en el que más rápido podía uno hacerse rico.

Desde luego, a la vista está, que 20 años no es nada, más si cabe cuando los acontecimientos recientes se empeñan en recordar el pasado, desempolvando la foto en sepia de unos antecedentes que ilustran muchas de las situaciones de rabiosa actualidad en España. Basten como botón de muestra los demoledores papeles de Panamá, con su legión de acaudalados peregrinos en busca de cobijo tributario para sus multimillonarios patrimonios, muchos de ellos amasados en negocios recurrentes deslizados a lo largo del tiempo con la omisión de los poderes públicos y la impunidad de una cultura estereotipada en el becerro de oro del más rico y fácil pelotazo.

La Agencia Tributaria y la Fiscalía han decidido minar el camino de vuelta de todos los patrimonios ocultos desde hace años en paraísos fiscales de medio mundo

Mario Conde siempre destacó por su originalidad. De ahí quizá la paradoja que ahora le ha devuelto a primera página, justo por todo lo contrario que se denuncia en la célebre serie de sociedades y cuentas 'offshore' radicadas en paraísos fiscales. Al reo del caso Banesto le han pillado 'in fraganti' por repatriar a España 13 millones de euros que, eso sí, proceden supuestamente de las apropiaciones acumuladas en su anterior reencarnación profesional al frente de la que llegó a ser la primera entidad financiera del país. Ni que decir tiene que los fondos han estado engrosando todo este tiempo cuentas bancarias hasta ahora ocultas en el exterior; concretamente en Suiza, Reino Unido y Luxemburgo.

La Agencia Tributaria y la Fiscalía Anticorrupción han decidido minar el camino de vuelta de todos esos activos que emprendieron el éxodo masivo cuando España se convirtió en fiesta pagana de los grandes señores del dinero. Los responsables del erario y del ministerio público han decidido, por fin, construir un paso a nivel para evitar nuevos accidentes que terminen por arrasar cualquier garantía institucional en nuestra complicada relación de convivencia. La regeneración que exige el momento político no admite ni media fisura en la persecución de delitos de cuello blanco que parecían enterrados en el olvido de una historia que para unos se repite como farsa pero para otros, los más, está resultando una verdadera tragedia.

Mario Conde, entre el 'déjà vu' y el final de la escapada

La singularidad de Mario Conde le convierte en una pieza extraordinariamente codiciada, quizás el mejor eslabón que encadena los desmanes de finales del pasado siglo con los siniestros totales que amenazan el progreso natural de la actual centuria. No en vano, su nombre figura también por derecho propio en la primera lista de morosos difundida por Hacienda a finales del pasado año, y con una cifra bastante cercana, casi 10 millones de euros, a la que ahora le atribuye la Guardia Civil en la investigación dirigida a instancias del juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz. Esta vez, Conde no ha desafiado al sistema como hiciera años atrás, sino que es el sistema el que lo ha desafiado a él en un intento por sacudirse el polvo que ambos arrastran en sus sandalias.

Otro calvario judicial se barrunta para el hombre que, al margen de sus capitales en el extranjero, consiguió blanquear su imagen después de permanecer en prisión 14 años; primero de manera provisional y luego con una sentencia en firme del Tribunal Supremo. Tras acceder al tercer grado penitenciario en 2005, Conde se mantuvo en un voluntario ostracismo hasta que se vinculó como tertuliano de postín en el Grupo Intereconomía de Julián Ariza a partir del año 2009, llegando incluso a disponer de un espacio televisivo propio. En 2010 editó su libro autobiográfico ‘Los días de gloria’, que Telecinco llevó a la pequeña pantalla en una serie emitida durante el verano de 2013.

El exbanquero no ha desafiado esta vez al sistema, sino que el sistema lo ha desafiado a él para sacudirse el polvo que ambos arrastran en las sandalias

En medio de todo este trajín mediático, el exbanquero y expresidiario tuvo tiempo para volver a intentarlo en política y se presentó como cabeza de lista de su propio partido a las elecciones autonómicas de Galicia celebradas en octubre de 2012. El resultado fue decepcionante para las aspiraciones del candidato, que a duras penas consiguió 15.000 votos escasos y, en todo caso, insuficientes para acomodarse siquiera con un escaño en el Parlamento de Santiago de Compostela. La experiencia fallida terminó por arruinar las ansias de revancha con las que Conde había encarado inicialmente la derrota, y el invento político de la pretenciosa Sociedad Civil y Democrática desapareció del mapa a principios de 2014.

El símbolo de una época reciclada en sus peores consecuencias regresa ahora al banquillo del juicio público que de un tiempo a esta parte condimenta los resentimientos de una sociedad necesitada todavía de algún que otro auto de fe. En la hoguera de las vanidades que inflama los vientos de cambio en nuestro país, hay algunos que llevan meses atados al mástil de una presunta condena. Conde sabe mejor que nadie cómo pueden llegar a quemar las llamas del repudio social cuando los políticos necesitan sacrificar algún chivo expiatorio. El drama para el más precoz banquero que hubo una vez en España consiste en que la redención de la primera pena no exime de una segunda culpa. Y como dijo el sabio, “no la hagas, no la temas”.

[Ilustración: Raúl Arias]

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