Había dimitido como presidente

Emilio Cuatrecasas, una toga de oro caída en desgracia al admitir un delito fiscal

Acepta una condena por fiscalidad, precisamente una de las especialidades de Cuatrecasas, Gonçalves Pereira, el segundo despacho legal de España por facturación y abogados

Foto: Emilio Cuatrecasas (Mcsptw, Wikimedia)
Emilio Cuatrecasas (Mcsptw, Wikimedia)

Era una de las denominadas togas de oro de Barcelona: Emilio Cuatrecasas había montado uno de los bufetes de capital español más importantes. Pero ha caído de la peor manera posible para sus asociados. Acepta una condena por delito fiscal, precisamente una de las especialidades de Cuatrecasas, Gonçalves Pereira, el segundo despacho legal de España por facturación y número de abogados.

Fuentes del bufete han dicho que no tienen nada que comentar, ya que se trata de un asunto privado. Ni siquiera han querido confirmar qué porcentaje tiene del bufete, alegando que “es confidencial”. Fuentes del sector jurídico explican que ronda el 2%, ya que ha tenido que ir diluyendo la importante participación que heredó de su padre, Pedro Cuatrecasas, para dar entrada a los nuevos socios y aplicar la estrategia de crecimiento anglosajona diseñada por su mano derecha, Rafael Fontana, quien le ha sucedido en la presidencia.

El acuerdo resulta especialmente doloso para Emilio Cuatrecasas: acepta una condena de dos años, que sólo le garantiza no pisar la cárcel. También asume una multa de 1,5 millones y además ha tenido que devolver a Hacienda 4,1 millones por ocho delitos continuados al fisco. Dichos delitos se basaban en camuflar como gastos de empresas dispendios personales, entre ellos servicio doméstico y hasta un barco de recreo, unas actuaciones contra las que la Fiscalía y Hacienda están muy beligerantes. En Barcelona Liliana Godia y su marido se encuentran en similar situación. Claro que, en defensa de Liliana Godia, puede argumentarse que ella no había estudiado Derecho.

Oficina de Barcelona. (CuatrecasasGP)
Oficina de Barcelona. (CuatrecasasGP)

En estos casos, la ironía llama a la puerta. En su nota de resultados correspondiente a 2014, el bufete Cuatrecasas señalaba que había facturado 255,4 millones de euros, un 2,9% más que en el año pasado. ¿Y cuál era la segunda fuente de ingresos después de la mercantil? Pues fiscal, con el 32% del volumen de fondos de ese año. Entre los competidores de toda España se huele la sangre ante un flanco tan fácil de atacar.

Resistencia a dimitir

Pese a que estaba muy claro cuál iba a ser el final, Emilio Cuatrecasas se resistió durante más de seis meses a dejar su puesto, según señalan fuentes cercanas al prestigioso bufete de abogados. Sus socios le insistían en que dejase el sillón para no perjudicar todavía más a la firma. Pero Emilio Cuatrecasas se negaba repetidamente. En su día, fuentes de Cuatrecasas desmintieron rotundamente estos hechos.

Al final, la realidad fue tozuda. Al acabar el mes de julio de 2014, con el ferragosto a las puertas de Barcelona, Emilio Cuatrecasas dejó su puesto y abandonó también el consejo de la firma. Ahora sólo es un socio más, eso sí, el más importante desde el punto de vista accionarial.

La desgracia de Emilio Cuatrecasas se inició con un divorcio mal cerrado. Fuentes cercanas al abogado explican que fue su exmujer la persona clave que aportó los datos necesarios para que Hacienda y la Fiscalía iniciasen el proceso que ha culminado esta semana.

Precedentes

No es la primera vez que Emilio Cuatrecasas parece un hombre legalmente desvalido, en lugar del socio de referencia de uno de los mayores bufetes de España. Igual que en su divorcio o en sus problemas con Hacienda, ya habían existido otras ocasiones en las que, contra todo pronóstico, su imagen de hombre todopoderoso se fue cuestionando.

Emilio Cuatrecasas y Rafael Fontana. (CuatrecasasGP)
Emilio Cuatrecasas y Rafael Fontana. (CuatrecasasGP)

Pasó en 2002, cuando el director general de la Mutua General de Seguros, José María Sampietro, aliado con los trabajadores de la entidad, forzó la dimisión de notables del consejo de administración en una asamblea emboscada. Entre los que salieron con el rabo entre las piernas estaba Emilio Cuatrecasas, primera señal de que no era intocable.

Otra luz de alarma se encendió en 2008, cuando Habitat presentó el que entonces iba a ser el mayor concurso de acreedores del sector inmobiliario en España. Emilio Cuatrecasas era uno de los minoritarios atrapados en esta operación ruinosa. Su holding familiar, Emesa, perdió 31 millones. Igual que si no hubiera tenido ni un sólo abogado a su alrededor para aconsejarle o para llevar a cabo una valoración adecuada del negocio.

Después de Habitat había quedado claro que Emilio Cuatrecasas era mortal. Ahora, tras la condena de esta semana, es más que eso: un ídolo caído, el símbolo del final de una era y de una clase dirigente que pide a gritos un relevo generacional.

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