Alerta en la gran banca por Celsa: primer impago de su deuda de 2.700 millones
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pide una prórroga al año y medio de refinanciar

Alerta en la gran banca por Celsa: primer impago de su deuda de 2.700 millones

La compañía siderúrgica, que fue refinanciada en 2013 gracias a un juez, ha tenido que pedir una prórroga al no poder hacer frente a un pago de 50 millones que venció en diciembre

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Foto: Celsa Group

Grupo Celsa, la primera empresa siderúrgica de España y la segunda de Europa, vuelve a estar en la mesa de los comités de riesgos de los principales bancos del país. Después de protagonizar la primera refinanciación de la historia de España con ayuda de un juez en 2013, la compañía de la familia Rubiralta ha vuelto a solicitar a sus más de 30 acreedores revisar el calendario de pagos de sus 2.700 millones de pasivo ante la imposibilidad de hacer frente a la primera amortización.

Fuentes financieras han confirmado que la compañía con sede en Cataluña vuelve a ser un dolor de cabeza para la banca después de que el pasado mes de diciembre no pudiera hacer frente a un vencimiento de 50 millones de euros, el primero que tenía que abonartras el acuerdo alcanzado en junio de 2013. Esos 50 millones se correspondían a una nueva línea de liquidez de 82 millones que le concedieron los acreedores para aliviar su asfixiante situación y que expiraba a los 18 meses.

Pero llegada la fecha, Celsa sólo ha podido atender 5 de los 50 millones exigidos y gracias a la venta de unos terrenos. Ante tal situación, la compañía propuso a la banca vender una filial escandinava –Celsa Nodic–, pero los términos de la desinversión no convencieron a las partes debido al bajo precio. Ante tal coyuntura, los Rubiralta solicitaron una prórroga o waiver por seis meses más para hacer frente a los 45 millones restantes.

Fuentes próximas ala compañía aseguran que ese pago de 50 millones era voluntario y no obligatorio, motivo por el cual el grupo no entró en default o impago técnico. Por el contrario, varias fuentes de los seis grandes bancos españoles, los principales acreedores, sostienen que, como cualquier hipoteca, el pago era obligatorio. No obstante, para evitar una situación muy delicada que hubiera hecho saltar las alarmas por la deuda global del holding –2.700 millones–, se decidió darle seis meses más de plazo.

La nueva fecha de pago de la línea especial de liquidez coincidirá con el primer vencimiento del préstamo sindicado, ya que desde que se acordó la primera renovación de la deudaCelsa sólo tenía que hacer frente al pago de los intereses de los préstamos. Es decir, no debía amortizar nada del principal. Pero el próximo 7 de junio tiene que amortizar unos 50 millones por el sindicado, más los 45 millones que le quedaron pendientes de diciembre.

Fuentes cercanas a Celsa aseguran que la compañía genera liquidez suficiente para el primer vencimiento de los 2.700 millones y que así se lo ha trasmitido a la banca. Pero no garantiza que pueda acometer la parte impagada correspondiente a los 82 millones adicionales. Un escenario que empieza a preocupar a CaixaBank, BBVA, Santander, Bankia Banco Sabadell y Popular, los cuales ostentan el 70% de la deuda total del grupo siderúrgico.

Un Fénix muy grande

De hecho, alguno ha propuesto que Celsa forme parte del Proyecto Fénix, el fondo creado por el conocido como G-6 con la bendición del Gobierno para rescatar a compañías viables, pero con un nivel excesivo de endeudamiento. Hasta el momento, las compañías que se han acogido a esta alternativa son Bodegas Chivite, GAM y la siderúrgica Condesa, mientras que la metalúrgica valenciana Ros Casares negocia ser salvada de la quiebra por esta vía.

No obstante, entidades como CaixaBank se han opuesto a que Celsa forme parte del Proyecto Fénix debido al enorme volumen de su deuda, no comparable al de las sociedades que ya forman parte de este fondo, del que los bancos son los mayores accionistas. De las cuatro anteriores, la que más debía devolver era Condesa, con un pasivo de 325 millones, nada que ver con los 2.700 millones del holding de los Rubiralta.

“La banca duda entre darle una nueva patada hacia delante o entrar en el capital. Lo que está claro es que no van a poder pagar en la vida”, explica un experto en reestructuraciones que representa a algunos de los fondos oportunistas que han comprado deuda del Grupo Celsa que han vendido bancos tradicionales. Un tipo de acreedor mucho más duro a la hora de negociar que los bancos comerciales que ha puesto contra las cuerdas a empresas como Codere, Cementos Portland y Realia, entre otras.

Se da por hecho que si Celsa está teniendo serios problemas para devolver 50 millones, le será imposible hacer frente a los 1.300 que tiene que pagar en 2017.

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