AHORA PUEDEN MEJORAR LAS COSAS PARA LA BANCA

BBVA, Seat, Gamesa… qué difícil es triunfar en China para los españoles

El sueño de entrar en el país asiático queda desmentido por la realidad. La mezcla de capitalismo y comunismo, el proteccionismo... hacen difíciles los negocios

Foto: Francisco González, presidente de BBVA.
Francisco González, presidente de BBVA.

El magnate de la comunicación Rupert Murdoch protagonizó un libro en 2008 titulado Las aventuras de Rupert en China: cómo perdió una fortuna y encontró una esposa…  de la que acabó divorciándose en junio de este año. Esta peripecia es un paradigma de las dificultades de las empresas occidentales por hacer negocio en China. Y las españolas no son una excepción, como demuestra el inicio de la retirada de BBVA del país con la venta del  5,1% de Citic anunciada esta semana.

La apertura del gigante asiático a la inversión extranjera y su fuerte desarrollo económico, con una población de mil millones de habitantes, ha atraído a todas las grandes empresas occidentales junto a una miríada de pequeñas y medianas firmas. Pero el sueño de “todos vamos a hacernos ricos” fue desmentido enseguida por la cruda realidad de un país donde hacer negocios es dificilísimo por la extraña mezcla de capitalismo y comunismo,  el proteccionismo, el nacionalismo económico, la inseguridad jurídica, la corrupción generalizada y el enorme choque cultural.

El caso del BBVA es un ejemplo palmario. Después de invertir más de 3.000 millones en el Citic, se dio cuenta de que el banco chino sólo quería aprender el know how del español –la banca española es de las más eficientes del mundo– para poder replicarlo por su cuenta y dejarle en la estacada. “Es lo que les ocurre a muchas multinacionales: les salen competidores chinos que copian su modelo y cuentan con los favores del Gobierno”, explica Ángel Villarino, periodista experto en Asia y colaborador de El Confidencial.

Además, en el caso de Citic, los negocios conjuntos prometidos eran joint ventures en las que BBVA tenía que poner dinero y los chinos siempre tenían la mayoría. Una situación que a la postre hizo que Francisco González se hartara y que la aventura china se redujera a una mera participación financiera con una rentabilidad muy pequeña. El siguiente paso era la salida.

El problema es que los bancos tienen que entrar de la mano de una entidad local, ya que los extranjeros no están autorizados a prestar servicios financieros –es un sector restringido a  la inversión extranjera, al igual que sanidad, educación o defensa–. Y como además los bancos chinos son los más grandes del mundo, tienen una posición de absoluto dominio que no dudan en ejercer tanto para competir como para colaborar con los extranjeros, como explica Juan Ortín, responsable de EY Abogados en China hasta 2013 (actualmente en Madrid). Y el socio occidental sólo puede optar a aguantar hasta que las cosas cambien o marcharse.

“Para que esa asociación salga adelante, hay que encontrar el equilibrio perfecto entre cómo aportar lo suficiente para resultar imprescindible sin aportarlo todo y perder el control de la situación. En mi opinión, el problema de BBVA es que no tenía ningún control", según Marcos Mijan, empresario español afincado hace años en China.

Presentación de Seat en China (EFE)
Presentación de Seat en China (EFE)
Y no se trata sólo de la banca. Otras empresas españolas han corrido la misma suerte que BBVA en los últimos años. El primer gran fracaso fue el de Chupa Chups, que montó una fábrica conjunta con un socio local que tuvo que abandonar en 2003 por las trabas a su desarrollo comercial. Copiar un caramelo con palo es muy fácil. Seat tenía grandes planes para conquistar China, pero los ha abandonado ante las dificultades de todo tipo para instarla allí una planta. Y como es imposible vender en China exportando si no cuentas con una fábrica en el país, va a renunciar a ese mercado y va a poner sus miras en India.

Gamesa aún sigue allí, pero lleva unos años desastrosos por la proliferación de múltiples competidores subvencionados por el Gobierno chino que han creado una sobrecapacidad enorme. La esperanza de la empresa de energía eólica es que esta situación es insostenible porque estas empresas pequeñas son inviables sin subvenciones continuas; si el Ejecutivo corta el grifo, se volverá al oligopolio de Gamesa y su competidora habitual, Vestas. Fagor también se asoció con una compañía china, Robam, para desarrollar dos plantas y vender electrodomésticos de gama alta en el país. Una joint venture que no ha impedido el preconcurso de acreedores de la cooperativa española. Eso, sin contar innumerables pymes que han intentado la aventura china y han salido escaldadas porque "las han estafado".

Una maldición generalizada

Y no es sólo un problema de las empresas españolas. Grandes nombres internacionales han corrido la misma suerte, como Danone, que abrió una fábrica y los chinos se quedaron con ella, Home Depot o incluso estrellas de la era digital como eBay, Best Buy o Amazon.

En lo que coinciden todos los expertos consultados es en que la apuesta por China tiene que ser con mentalidad de largo plazo y que hay que aguantar mucho antes de conseguir rentabilizarla. Además, hay que estar preparados para enfrentar la situación en que se ha encontrado BBVA: "Todo es negociación, tira y afloja, y hay que tenerlo interiorizado. Los chinos te van a dar en función de lo que tú des", segun Ortín. Este abogado añade que allí el valor de los contratos es muy pequeño porque, "si cambia la voluntad de las partes, no se aguantan porque lo tengan firmado como en Europa, sino que lo que hay que cambiar es el contrato. Por eso nunca se acaban las negociaciones".

Los expertos coinciden en que la apuesta por China tiene que ser con mentalidad de largo plazo y que hay que aguantar mucho antes de conseguir rentabilizarlaOtras dificultades son la imposibilidad de enviar los dividendos a España, un control fiscal asfixiante, la necesidad de sobornar al burócrata de turno que toma decisiones claves para el futuro de la inversión... y también los errores con los que los españoles nos aproximamos a China. "A todos estos factores habría que sumar la manera de plantear los negocios de muchos empresarios españoles. En primer lugar, mala planificación de la verdadera inversión que requiere el proyecto. En China todo requiere tiempo, es un maratón. Hay que tener una fuerte capacidad de inversión para mantenerse a flote durante los primeros años. En segundo lugar, el español normalmente piensa que es más listo que el otro y se expresa sin tapujos. Los chinos son expertos analistas, nos calan muy rápido y usan nuestros puntos débiles. En tercero, el español no conoce aún la perspectiva del chino y a menudo piensa que lo que ofrece es único. A China vienen empresas de todo el mundo ofreciendo millones de productos e incitativas. El español pocas veces conoce su competencia internacional", explica Mija, que tiene una productora audiovisual en Hong Kong precisamente para evitar todos estos problemas.

Los tiempos están cambiando

Ahora bien, esta situación tan complicada para las empresas extranjeras no es inamovible. De hecho, soplan vientos de liberalización en China tras la renovación del Gobierno en marzo de este año. Como señal esperanzadora, la hija del nuevo presidente de la República Popular China, Xi Jinping, estudia en Harvard. Lo cual hace esperar a las empresas que todavía aguantan en China que los tiempos que vienen sean mejores para sus intereses y consigan rentabilizar por fin su inversión. Entre estas empresas, se encuentran las españolas Indra (metida sorprendentemente en proyectos de defensa), Inditex, Técnicas Reunidas o Alsa.

En este sentido, uno de los sectores que se puede ver más favorecido por esta apertura es precisamente el financiero, según Ortín, ya que se dice que los bancos extranjeros van a poder competir en una cierta igualdad de condiciones con las entidades chinas. Eso es lo que cree Emilio Botín, que cometió el error de salir de China después de ser el primer banco europeo en entrar y le ha costado Dios y ayuda volver (lo ha hecho de la mano del China Construction Bank en mayo de este año). De hecho, se está construyendo una especie de Manhattan con 400 rascacielos en Tianjin, a 120 kilómetros de Pekín, para albergar el "salto financiero" que se espera de aquí a 2020, informa Villarino. Si estas predicciones se cumplen, BBVA podría haberse marchado justo en el peor momento. El tiempo lo dirá.

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