afirmó que no veía motivos para que rajoy no sea candidato a la moncloa

Feijóo camufla los malos resultados del PP en Galicia y proclama su 'lealtad' a Rajoy

Los populares han perdido casi 190.000 votos desde 2011, no amarran ninguna alcaldía urbana y pierden las diputaciones de A Coruña y Pontevedra

Foto: El dirigente popular Alberto Núñez Feijóo. (EFE)
El dirigente popular Alberto Núñez Feijóo. (EFE)

Eterno aspirante a todo en Madrid, el presidente del PP gallego, Alberto Núñez Feijóo, vivió el domingo la peor noche electoral de su vida política, un descalabro sin parangón que camufló como una victoria sin “la amplitud deseada”. Feijóo salió al paso de los medios pasada la medianoche del 24-M con un sofoco nada habitual en él, que ha logrado sobrevivir a numerosos maremotos, tal que sus años de amistad con el contrabandista Marcial Dorado, y marcar distancias verbales con la dirección de su partido, asolado por las corruptelas, cuando le convenía para presentarse como un gestor eficaz al frente de la Xunta, un renovador moderado de las filas populares y paciente aspirante a suceder a otro gallego, Mariano Rajoy, al timón del PP nacional. Una ambición que siempre ha negado públicamente.

Este miércoles, sin ir más lejos, Feijóo se colocó como escudo al malestar que corre entre las líneas populares contra la falta de autocrítica y proclamó su incuestionable “lealtad” al presidente del Gobierno. Reforzaba, así, el mensaje que ya dejó caer la noche del domingo cuando declaró que, pese a los malos resultados, no veía motivos para que Rajoy no fuese el candidato del PP a repetir en la Moncloa en las generales de final de año.

El PP sigue siendo el partido más votado en Galicia, pero ha perdido 183.867 votos y casi 10 puntos en apoyos desde 2011

“Mi lealtad es una forma de trabajar desde que me levanto hasta que me acuesto”, respondió a la oposición en la sesión de control del Parlamento gallego, que le plantearon si él era alguno de los barones-Brutos que se preparaban para “apuñalar” al César Rajoy, en palabras del diputado del PsdeG, José Luis Méndez Romeu, que buscaba cuajar un paralelismo con la traición más sonada de la Antigua Roma.

Feijóo sacó pecho y defiende que el PP “sigue siendo el partido mayoritario en Galicia”. Acto seguido, se concentró en desplazar el foco hacia el PsdeG, que aunque mejoró levemente sus resultados ha sido relegado al tercer puesto por las Mareas. Con ironía, el delfín popular animó a los socialistas a ir “de victoria en victoria hasta el fracaso final”.

No obstante, los resultados que salieron de las urnas el pasado domingo tienen una lectura mucho menos triunfalista que la que pintó estos días el líder del PP gallego. Son el primer traspié serio en su hipotética carrera hacia la Moncloa, en una comunidad donde la derecha ha resistido casi cualquier envite como granero de votos azules.

El PP sigue siendo el partido más votado en Galicia, pero ha perdido 183.867 votos y casi 10 puntos en apoyos desde 2011, pasando de 44,85% al 35,75%. Les supone 40 mayorías absolutas menos en los ayuntamientos, mientras que, en las siete grandes ciudades, la pérdida es mayúscula: ceden las mayorías absolutas que hace cuatros años les valieron las alcaldías de A Coruña, Santiago y Ferrol, donde las Mareas –candidaturas unitarias de IU, Podemos y Anova– han arrasado en su debut electoral.

Feijóo asegura que no tiene que probar su lealtad con Rajoy

Vídeo: Feijóo asegura que no tiene que probar su lealtad con Rajoy     

 

También se ha pegado dos batacazos en las ciudades de Vigo y Pontevedra, donde perdió 39.261 apoyos con respecto a los últimos comicios, y fracasó estrepitosamente la apuesta de Feijóo por colocar a su pupila, Elena Muñoz, como candidata frente al todopoderoso Abel Caballero, alcalde socialista que arrasó con una mayoría absoluta inédita. Incluso en Lugo, donde el PP ganó por la mínima –1.100 votos de ventaja sobre el PsdeG–, la lista más votada no tiene opciones de gobernar, y en Ourense, feudo popular sin paragón, la aritmética electoral está por cuadrar para ver quién se lleva el bastón de la alcaldía con Democracia Ourensa pisándoles los talones.

Conservan Ourense, bastión del 'baltarismo'

La debacle electoral del PP en Galicia tiene otra réplica dolorosa en las Diputaciones: conservan Ourense, bastión del 'baltarismo' de padre a hijo, pero ceden Pontevedra y muy probablemente A Coruña, que vuelve al PSOE, que ya tenía la alcaldía de Lugo. El caso de la diputación pontevedresa es el que más duele a los populares, porque termina con 32 años de predominio azul y defenestra al polémico Rafael Louzán, imputado por soborno y aferrado al puesto desde 2003, que ya ha anticipado que se irá.

Tampoco les ha ido muy bien a los populares en las villas medias, localidades de más de 15.000 vecinos, donde están a la espera de que plausibles pactos entre fuerzas de izquierdas les descabalguen de 12 alcaldías que reforzaban su poder comarcal.

“Seguiremos escuchando a la gente para seguir ganado elecciones y, si es posible, con una mayoría más amplia de la que tenemos ahora”, manifestó este miércoles Feijóo desde su escaño parlamentario. El presidente gallego, que se llevó un buen varapalo el domingo, muy lejos del atracón de pastel electoral de las locales del 2011 y de las autonómicas del 2012, en las que revalidó y amplió su mayoría al frente de la Xunta, se siente ganador. A Galicia le toca pasar de nuevo por las urnas en 2016, pero si Feijóo repite o da el salto a Madrid, está por ver. 

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