tras los resultados de las elecciones generales

Los errejonistas piden debatir un nuevo rumbo con Iglesias enrocado en el frentismo

La aplazada discusión por el modelo organizativo debido a la repetición electoral, y por tanto la convocatoria de “un segundo Vistalegre”, vuelve a llamar a la puerta de la dirección

Foto: El líder de Podemos, Pablo Iglesias, durante su intervención en la noche electoral acompañado de Alberto Garzón e Íñigo Errejón. (Reuters)
El líder de Podemos, Pablo Iglesias, durante su intervención en la noche electoral acompañado de Alberto Garzón e Íñigo Errejón. (Reuters)

Pablo Iglesias comenzó a gestionar el fracaso de los resultados de Unidos Podemos la misma noche electoral, con un discurso a la interna, de contención, protegiendo un liderazgo, hasta ahora incuestionable, que ha sufrido un repentino deterioro. Una huida hacia adelante en la que, más allá de abrir una reflexión sobre la estrategia confluyente, se defendió como la única vía a seguir. Por si quedasen dudas, el secretario de organización, Pablo Echenique, dio la cara este lunes apostando por seguir este camino, por mantener una vía frentista con compañeros de viaje que portan etiquetas nítidamente de la izquierda clásica y colocando un muro a aquellos que pretendiesen un cambio de rumbo evitando la autocrítica.

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La respuesta inmediata de los sectores que en su día ya se opusieron a esta estrategia, pero también de algunas voces autorizadas que no se resignan a dejar de enarbolar la bandera de la unidad popular, se centra en reclamar la apertura de un debate abierto a toda la organización que traspase las fronteras del consejo de coordinación. Suenan tambores de asamblea ciudadana y, como ha advertido uno de los intelectuales de cabecera de Podemos, el filósofo Santiago Alba Rico, de no abrir un proceso de reflexión, “se alimentará aún más la división interna o incluso las fugas”. En un artículo de opinión publicado en el periódico 'Diagonal', concluye que “el peligro de divisiones y quiebras es muy grande y nuestros rivales van a tratar de alimentar esa pendiente”.

El número dos del partido, Íñigo Errejón, coincidió en su discurso dirigido a la militancia congregada en la plaza del Reina Sofía la noche del domingo en señalar que “ahora habrá quienes quieran que hablemos de nosotros, pero no vamos a cometer ese error”. Sin embargo, frente al fracasado frentismo, ha contrapuesto su modelo a seguir, que pasa por “una mayoría nueva, que reconstruya una España que no deje a nadie atrás. (…) Lo importante son los que faltan, a quienes vamos a seguir tendiéndoles la mano. No somos una fuerza política de resistencia, no basta con los imprescindibles (…) lo fundamental son los que faltan y es con esos con los que se construye la victoria”. La mano tendida “a los que faltan”, así como la construcción de lo nuevo, frente a lo viejo que también representaría IU, es el 'leitmotiv' que el sector errejonista utilizó para oponerse al pacto con la izquierda clásica.

El sociólogo Jorge Moruno.
El sociólogo Jorge Moruno.

Jorge Moruno, responsable de discurso y argumentario de la formación, muy cercano al número dos, ha reclamado también la apertura del debate, aludiendo para ello a retomar algunas de las claves que plasmó en un análisis publicado el pasado mes de abril, coincidiendo con el inicio de las negociaciones con IU, en la revista 'Ctxt'. En este texto defendía la construcción de una identidad política nueva en lugar de “refundar por enésisma vez la izquierda". Una identidad, continuaba, “múltiple, amplia y compartida en torno a los consensos sociales como límite”. Es decir, sin las limitaciones de etiquetas poco agregadoras o encasilladoras.

Actualizando estas reflexiones al nuevo contexto poselectoral, Moruno alimenta el sonido de los tambores que anuncian la convocatoria de una asamblea extraordinaria: “Esto requiere avanzar hacia una reforma integral del propio modelo organizativo reorientado a una democratización y federalización del ejercicio del poder, a una mayor pluralidad, y tiene que ver con modificar las prioridades y prestar atención al trabajo más molecular y cotidiano, menos visible pero mucho más sólido”. Y concluía: "Toca adaptarse, toca superar las etiquetas o ser una coalición de partidos, toca levantar movimiento popular, esa es la calle que necesitamos".

El “queda mucha gente por sumar” ha sido el argumento más repetido tras la resaca electoral entre el sector errejonista. Sin caer en la dureza de mensajes que busquen las culpas por los resultados, los cuadros afines a esta corriente recuperan su advertencia de que la confluencia no solo no suma, sino que resta. Su prioridad ahora pasa por que al menos se pueda romper la espiral del silencio y que el debate se imponga sobre el muro impuesto la misma noche electoral por Pablo Iglesias. “Se impone la autocrítica y la reflexión para corregir los errores y consolidar los aciertos. Estoy seguro de que esa será la senda que tomará la dirección del partido”, ha afirmado el exsecretario de organización Sergio Pascual.

Menos comedidos han sido desde el canal de Telegram oficioso del errejonismo, 'Pueblo, Patria, Podemos', donde difunden sus análisis estratégicos y políticos. En el publicado esta mañana se enmendaba la plana al liderazgo de Pablo Iglesias y a las decisiones políticas que ha tomado en los últimos meses, como se resume en la arenga final: “Por un Podemos transversal, de mayorías, que vuelva a los orígenes, que haga posible ganar el país”.

En el mencionado análisis se critica que, “tras un resultado desolador y comprobar que 5+1, no eran 6 sino que era 5 e incluso menos [como habían defendido siempre en alusión a la suma de los cinco millones de apoyos de Podemos y el millón de IU el pasado 20-D], Pablo Iglesias, de manera precipitada, nos dijo que el camino, ese camino que no ha permitido desbancar al Partido Popular, ni al PSOE, es el correcto”. Sin rodeos ni mensajes codificados para que no trasciendan más allá del consumo interno, desde este grupo se apunta que “la llamada confluencia con Izquierda Unida, que ya en su momento Sergio Pascual dijo que debía ser un matrimonio de conveniencia, resultó ser un lastre para nuestro partido. La identificación con el bloque de izquierdas tradicional, caduco, que no ilusiona; la mala convivencia en multitud de territorios, su egocentrismo por ver quién tiene la bandera más grande nos lleva a valorar si es lo deseado. ¿Queremos seguir siendo Podemosnbsp;Esa es la pregunta que muchos deben hacerse tras escuchar las palabras de ayer de nuestro secretario general”.

Sin buscar las culpas por los resultados, los cuadros afines al errejonismo recuperan su advertencia de que la confluencia no solo no suma, sino que resta

Las claves del triunfo de Unidos Podemos en Euskadi, único territorio donde han conseguido incrementar apoyos, se leen en esta misma clave. El secretario político, Eduardo Maura, ha vinculado este triunfo a su capacidad, a diferencia de lo que se hizo a nivel estatal, para diseñar una campaña “con líneas y símbolos con los que era fácil identificarse, aunque se viniera de votar otras cosas, y que ayudaban a disolver el efecto del voto del miedo”. Por otra parte, Maura añadía: “Hemos sabido esquivar las etiquetas gruesas y la apelación al miedo comportándonos como lo que somos”. La dirección del partido en esta comunidad, marcadamente errejonista, ha contado con total autonomía en una campaña donde, por cuestión de peso y relevancia, las fuerzas que formaron parte del pacto a nivel estatal no han tenido ninguna presencia ni capacidad en la toma de decisiones, a excepción de Equo.

El debate ya traspasa los marcos internos y comienza a visibilizarse y confrontarse. El exdirigente Juan Carlos Monedero, que ha tenido una fuerte presencia en esta campaña, responde a estas consideraciones desde una posición diametralmente opuesta. Desde su punto de vista, el fracaso electoral se circunscribe a la moderación discursiva y a aspectos relacionados con el argumentario de tendencia más pactista o socialdemócrata. “El rizo lo ha completado la campaña electoral, que buscaba ser una suerte de PSOE punto dos. La transversalidad no es regresar a la conciencia de ser muleta del PSOE ni ponerse ropas que recuerden al 82, sino poner con palabras nuevas el discurso de la emancipación que afecta a las mayorías en este tiempo de hegemonía neoliberal”, manifestaba este lunes en su blog personal.

Una nueva hoja de ruta

La aplazada discusión por el modelo organizativo de Podemos debido a la repetición electoral, y por tanto la convocatoria de “un segundo Vistalegre”, vuelve a llamar a la puerta de la dirección. La casa común de la izquierda que Pablo Iglesias pretende construir bajo el paraguas de Unidos Podemos, sin oposición por el momento del actual coordinador federal de Izquierda Unida, Alberto Garzón, que entiende como "el único camino posible", es una hoja de ruta que modifica los cimientos del proyecto político. Ni se conoce cómo se desarrollará ni sobre qué bases.

Asamblea ciudadana de Podemos en el Palacio de Vistalegre en octubre de 2014. (EFE)
Asamblea ciudadana de Podemos en el Palacio de Vistalegre en octubre de 2014. (EFE)

La militancia aprobó mediante referéndum una coalición puntual para las elecciones, pero nada se dijo de su continuidad en el plano organizativo, al margen de algunas arengas lanzadas por Iglesias, como que esta alianza no tenía vuelta atrás pero que se circunscribía a un discurso en clave de campaña. Que Podemos se convierta en Unidos Podemos, traspasando el visto bueno de las bases más allá de una simple alianza electoral, no se entendería sin la convocatoria de un congreso, ni tampoco encajaría en los actuales estatutos (que además de prohibir la doble militancia no identifican el proyecto con una coalición), transformando las actuales fricciones internas en un choque con visos de ruptura.

La tregua decretada en campaña se rompió la noche de este domingo y cada sector va tomando posiciones. Podemos afronta un nuevo ciclo en el que, paradójicamente, parte de los ganadores del primer congreso de Vistalegre están ahora en la oposición al modelo de partido adoptado por Iglesias y los perdedores son quienes lo capitanean. Todo cambia, también en Podemos, que desde el 26-J enfrenta un proceso interno precongresual.  

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