EL LÍDER SOCIALISTA SE ESTRENA EN LA CAMPAÑA ANDALUZA

Pedro Sánchez a Susana Díaz: “Tú en San Telmo, yo en Moncloa”

Entre Pedro Sánchez y Susana Díaz hay en estos momentos una tregua. Guardan las distancias y se sonríen. Todos en el PSOE entienden que una victoria en Andalucía sería una inyección de moral

"Tú en San Telmo, yo en Moncloa". Es la propuesta que le lanzó el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, a Susana Díaz. “Forjemos una nueva alianza”, le pidió. En el contrato iba implícito el acuerdo interno que le devolvería la paz interna, el pacto que le permitiría superar las primarias como candidato en las elecciones generales sin la alargada sombra de la dirigente andaluza siempre acechándole. ¿Le contestó la andaluza? No. En ningún momento brindó su apoyo a Sánchez como candidato en las generales ni lo situó como futuro presidente del Gobierno, ni siquiera en el ardor del mitin. Lo eludió. "Agradezco de corazón el apoyo y el cariño de Pedro a los socialistas andaluces todos los días de la campaña", dijo. Y punto. Ni media alusión más.

Cuando Díaz adelantó un año las elecciones andaluzas muchos leyeron que ganaba tiempo para poder competir en unas generales y hacerse con el mando del partido en caso de descalabro en las municipales. La socialista lleva meses negándolo con más o menos éxito. Ahora desde su equipo aplazan esa posibilidad del salto a Madrid a medio plazo. Pero cada vez que Sánchez da un paso en falso, muchos barones y dirigentes del partido miran a la presidenta de la Junta. Y ella, hasta hoy, se ha dejado querer, aunque esa posición le empieza a pasar alguna factura interna. Se reúne con unos y otros, escucha, y dejan que ensalcen su liderazgo manteniendo las distancias con su secretario general, a quien todavía no ha avalado como candidato a La Moncloa.

Era uno de los momentos que más expectación levantaba en la campaña del PSOE. Sánchez se bajó del avión en Almería una escasa media hora antes de que arrancase el acto en Vícar, en el corazón del Poniente almeriense. Se encontró con Susana Díaz prácticamente a pie de escenario. En la zona de vestuarios del pabellón deportivo en el que unas 3.000 personas aguardaban al mitin. Se abrazaron, se besaron, se hicieron arrumacos y se pasearon entre las masas con los brazos en alto. Era la primera vez que el secretario general aterrizaba en la campaña de las andaluzas.

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En contraste con el desembarco de ministros y dirigentes de Génova, encabezados por Mariano Rajoy, que acompañan al candidato del PP andaluz, Juan Manuel Moreno Bonilla, la líder socialista dejó claro desde el primer minuto que ella no quería ayuda de Ferraz. También ha rechazado la oferta de otros barones del partido. Susana Díaz ha programado una campaña muy personal, bajo su propio marca, por encima de las desgastadas siglas socialistas tras 33 años de gobierno en Andalucía y lejos, según ella, de “líos de partido”. Sánchez solo repetirá en el cierre, en Sevilla.

El expresidente de Felipe González, uno de los socialistas que más influencia tiene en la presidenta andaluza, había dejado escrito el mismo día en El País: “Pase lo que pase, Susana Díaz se quedará en Andalucía”. Sánchez debió de respirar aliviado y se atrevió a lanzarle la oferta de la paz interna. El auditorio lo coreaba como presidente y él hablaba como candidato, como futuro inquilino de La Moncloa. “Me siento orgulloso de tener vuestro apoyo”, le dijo a los militantes andaluces. Ensalzó a Díaz como “el mejor presente y futuro de Andalucía”, “una compañera, una amiga” y pidió “unidad, unidad, unidad”. Si hubiera medidor del cariño que se prestaron mutuamente, Sánchez ganó por goleada. Díaz fue muchos más parca en elogios a su secretario general. En ningún momento dijo, por ejemplo, que su victoria en Andalucía iba a ser preludio de la victoria de Sánchez en las generales, que hubiera sido de manual de mitin.

Podemos y la financiación desde Venezuela

Sánchez habló sobre una de las principales amenazas del PSOE en estas elecciones, Podemos. Un día después de que el Parlamento Europeo condenara la persecución política en Venezuela con el voto en contra de Podemos e Izquierda Unida, se lo recriminó a los de Pablo Iglesias. “Espero que el dinero que los dirigentes de Podemos han cobrado de Venezuela no sea una hipoteca, porque a la hora de defender la libertad y la democracia, no hay excusas que valgan”, proclamó leyendo de un autocue.

Se dirigió a Mariano Rajoy y agitó el caso Bárcenas, algo que Díaz está soslayando en su campaña, quizás porque en la mochila de los socialistas van los ERE o el fraude de los cursos de formación o porque de verdad, como ella dice, quiere “una campaña bonita”. “Rajoy se niega a dar explicaciones cuando está siendo acusado de financiación irregular. Calla porque tiene miedo a la verdad. Y la verdad es que con él como presidente del PP su partido se ha financiado ilegalmente durante los últimos 20 años”, espetó Sánchez. También atizó al gobierno con el caso de la capitana Zaida Cantera y con las “mordidas” por las construcciones de colegios concertados en Madrid.

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Susana Díaz fue a lo suyo. A su argumentario de campaña, al de la sanidad, la educación, los mayores, la dependencia, la emigración... “Yo con Susana”, “presidenta, presidenta”, le coreaban con fuerza los militantes. Todos los mensajes, las pancartas en las gradas aludían a su persona. Ni uno para el secretario general. La candidata socialista le recriminó al PP que equiparen su embarazo con una enfermedad, después de que se hayan dedicado a sembrar dudas sobre su presencia en el debate del próximo lunes en Televisión Española. “Ya está bien de machismo”, gritó. Ser madre, dijo, y presidenta de la Junta es “lo más grande” que le ha pasado en la vida.

Entre Pedro Sánchez y Susana Díaz hay en estos momentos una tregua. La andaluza no apoyó al secretario general en la defenestración de Tomás Gómez en la antesala de la campaña de las andaluzas. Guardan las distancias y se sonríen. Todos en el PSOE entienden que una victoria en Andalucía sería una inyección de moral y autoestima para afrontar las próximas municipales y generales. Serviría para todos, aunque el tanto se lo apuntara la andaluza. No hay tiempo para guerras internas. El PSOE se juega mucho. Ambos miden bien las distancias y las palabras. Sánchez llevaba en su discurso, escrito desde Madrid, esa oferta de “Tú a San Telmo y yo a Moncloa” y la andaluza no le respondió.

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