Tú al exilio y yo libre: expediente Benzaquen, dos hermanos separados por Falciani
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LUCHA CONTRA EL FRAUDE

Tú al exilio y yo libre: expediente Benzaquen, dos hermanos separados por Falciani

Son hermanos, socios y cada uno tenía más de 10 millones en el HSBC. Uno ha sido condenado a siete años de cárcel y se ha fugado de España. El otro roza la salvación con una multa

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Jacob y Abraham Benzaquen son hermanos y tenían cuentas en el HSBC de Ginebra

Los Benzaquen Belilty eran una familia unida. Herederos de un comerciante de Melilla, dos de sus hijos, Jacob y Abraham, se establecieron juntos en Madrid, donde compartían y oficinas, y ambos abrieron cuenta en Suiza, donde cada uno llegó a tener más de 10 millones de euros. Juntos aparecieron en la lista Falciani como titulares de una cuenta en el HSBC oculta al fisco español, por lo que fueron denunciados. Sus vidas siguen destinos paralelos hasta que una nimia decisión burocrática envió cada caso a un juzgado y optaron por defensas distintas. Mientras Jacob está condenado a siete años de cárcel y se ha fugado de España, Abraham espera salvarlo con solo una multa, según fuentes próximas al caso. Los caminos de los hermanos se han separado finalmente por Falciani.

Abraham y Jacob llevaban la firma de relojes suizos Dogma, que había adquirido el padre años atrás, y mantenían negocios juntos de importación. Los dos compartían oficinas en un edificio al norte de Madrid. En 1995 Jacob abrió dos cuentas en Suiza. Como tantos otros eligió el HSBC de Ginebra. Una de las cuentas la cerró en 2003 y la otra la mantuvo hasta 2005, entonces la pasó a nombre de Omega Asesores, una firma de Panamá. Es lo que hicieron muchos de los que tenían dinero ahí a refugio de las autoridades fiscales de su país. Ese año entró en vigor una directiva europea que obligaba a los bancos suizos a informar de los titulares de sus cuentas. Al pasar a ser propiedad de una sociedad 'offshore', la directiva europea quedaba desactivada. En noviembre de 2006, Jacob llegó a tener ahí 10,91 millones de dólares. Su hermano y socio, Abraham, también tenía cuenta en Ginebra. Llegó a acumular 11,6 millones en el HSBC, según los datos de la lista Falciani a los que tuvo acceso El Confiencial en colaboración con el Consorcio Internacional de Periodismo de Investigación (ICIJ).

Las vidas de los hermanos se vieron sacudidas en 2009, cuando el informático suizo Hervé Falciani se llevó miles de datos de clientes del HSBC

Eran ricos, empresarios de éxito dedicados a la importación y a la construcción. De las joyas y productos electrónicos pasaron a la promoción inmobiliaria durante la burbuja. Uno tenía las oficinas en la primera planta y otro abajo, en un edificio que compartían en el norte de Madrid. Uno vivía en un lujoso piso en el norte de Madrid y otro en un adosado.

Sus vidas se vieron sacudidas en 2009 cuando el informático suizo Hervé Falciani llevó miles de datos de clientes del HSBC y los entregó a Francia. Unos meses después, la lista Falciani llegó a España y la Agencia Tributaria descubrió los 659 contribuyentes españoles que ahí se ocultaban del fisco.

Como la prioridad en plena crisis era recaudar, Hacienda dio a los integrantes de la lista la posibilidad de regularizar su situación. La mayoría pagaron y así Hacienda recaudó unos 260 millones de euros. Pero unos 40 contumaces decidieron pleitear. Hubo abogados que recomendaron no pagar. Estaban convencidos de que los tribunales tumbarían la lista Falciani. En España nadie puede ser condenado a partir de una prueba ilegal -es lo que se conoce como doctrina del fruto del árbol envenenado- y Falciani había robado los datos. La Fiscalía se querelló contra ellos en junio de 2011, cuando estaban a punto de prescribir los posibles delitos. Y comenzó la batalla en los tribunales.

Ahí se separan por primera y quizá de forma definitiva vez los destinos de Abraham y Jacob. Aunque en algunos casos los familiares fueron denunciados conjuntamente, en este caso cayeron en juzgados distintos. Abraham fue a parar al juzgado de instrucción 1 de Madrid, uno de los más saturados de Plaza de Castilla, mientras que Jacob cayó en el juzgado de instrucción 5 de Madrid, uno de los más ágiles. Esa minucia, esa pequeña bifurcación burocrática, acabó suponiendo un cambio fundamental.

El caso de Jacob fue a buena velocidad (en la unidad de medida de los tribunales españoles, claro). En junio de 2015, cuatro años depués de la querella, fue condenado en primera instancia a siete años de cárcel y a pagar multas que sumaban 21 millones. Antes había habido alguna condena en conformidad, que no implicaba ingreso en prisión, pero esta era un salto importante: con siete años de cárcel, nadie se libra de ingresar en prisión.

La defensa de Jacob se centró inicialmente en que la lista Falciani no era una prueba válida y no aportó ninguna prueba de que el dinero llevaba años allí, con lo que podría haber conseguido que algunos de los ejercicios fuesen declarados prescritos. El juzgado decidió que la prueba era válida y el empresario fue condenado. Su caso fue de los más rápidos, y después de él muchos aprendieron que no bastaba con intentar anular la prueba. Jacob cambió de abogado y se puso en manos de Cuatrecasas. En el recurso, el bufete intentó demostrar que el dinero llevaba años en Ginebra, por lo que buena parte del delito fiscal estaba prescrito. Pero ya no hubo manera. Su momento había pasado.

Jacob se fue a Israel y tiene una orden de detención internacional. Además, la Fiscalía le ha denunciado por alzamiento de bienes

En diciembre pasado, la Audiencia Provincial de Madrid ratificó la condena a siete años de cárcel y los 21 millones de multa. Alegó que ya era tarde para entrar a discutir sobre el origen del dinero. Antes de que saliera la sentencia, Jacob huyó de España: cerró sus empresas y su piso. El día que tenía que presentarse en el juzgado para recoger el ingreso en prisión nadie esperaba que acudiera. El Confidencial ya había publicado que se había esfumado. Al ser judío, Jacob tiene pasaporte israelí y según fuentes de su entorno se fue a Israel, donde tiene familia. Tiene una orden de detención internacional, así que si pisa un aeropuerto, debe ser detenido. Además, la Fiscalía de Delitos Económicos de Madrid le ha denunciado por alzamiento de bienes, ya que se fue desprendiendo de sus propiedades y el ministerio público cree que lo hizo para que el Estado no pudiese recuperar con sus bienes nada de la sanción.

Mientras, fueron cayendo otras condenas y todos los acusados por Falciani supieron que no bastaba con cuestionar la validez de la prueba. El abogado de Abraham, Fernando Aizpun, optó por una estrategia más prudente (y acertada): acreditar ante la Agencia Tributaria que el dinero llegó a Suiza hace mucho tiempo y que el posible delito fiscal está prescrito. Hacienda solo puede investigar los cinco ejercicios anteriores y si el delito se cometió antes no tiene nada que hacer.

La defensa de Abraham, que no ha querido hablar para esta información, trata de convencer a la Agencia Tributaria de que el dinero procede de la familia y que llevaba años en Suiza. Así que solo deberían contar como defraudado los intereses, y estos no llegan a los 120.000 euros al año para ser considerado delito fiscal. El caso, según fuentes próximas a la instrucción, está en vía muerta penal y se encamina hacia una sanción administrativa que se puede zanjar con una multa. Mientras Jacob está prófugo y tiene una condena firme de siete años, Abraham está cerca de librarse de todo.

La duda es si el hermano Jacob podrá utilizar en su defensa el caso de Abraham. Solo cabe un recurso de revisión, algo previsto para condenas firmes cuando se demuestra, por ejemplo, que alguien ha sido condenado por un asesinato y el asesinado aparece vivo. Solo en ese caso los destinos de los Benzaquen volverían a unirse.

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