La utilidad de los ERTE: España lideró la recuperación del empleo durante el verano
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Junto a Grecia y Portugal

La utilidad de los ERTE: España lideró la recuperación del empleo durante el verano

La crisis del coronavirus volvió a cebarse con los países europeos más débiles. Sin embargo, en esta ocasión, fueron los que más empleo recuperaron tras la caída

placeholder Foto: Un camarero, en una terraza de Valladolid durante el mes de agosto. (EFE)
Un camarero, en una terraza de Valladolid durante el mes de agosto. (EFE)

Las previsiones de los economistas de cara a la reapertura económica apuntaban a un crecimiento de España a lo largo del verano del entorno del 13%. Sin embargo, las cifras oficiales superaron ampliamente hasta las previsiones más optimistas. El PIB creció casi un 17%, recuperando un 60% de la caída sufrida en el primer semestre. En esta crisis, los países más afectados por la recesión han sido los que más han rebotado, evitando los temidos efectos de histéresis (daño estructural sobre la economía que provoca que las crisis se alarguen).

Una de las claves de esta recuperación está en los esquemas de protección de empleo activados en los distintos países de Europa como consecuencia de la crisis. En España son los ERTE (expedientes de regulación temporal de empleo) extraordinarios para proteger los empleos afectados por la declaración del estado de alarma. Estos esquemas consiguieron evitar la destrucción de millones de empleos y favorecieron la recuperación del empleo con la entrada en la nueva normalidad. De esta forma, los países más golpeados por la crisis fueron los que más empleo recuperaron durante el verano.

Foto: Aglomeraciones en Madrid por el Black Friday. (EFE)

Los datos de Eurostat de horas trabajadas muestran el duro golpe de la crisis sobre el empleo y también la recuperación insólita que experimentaron a partir de julio. España, Grecia y Portugal lideraron la recuperación del mercado laboral en el tercer trimestre. En concreto, en España el número de horas trabajadas aumentó casi un 25% (un 21% si se excluyen los autónomos), cifra que incluso supera el crecimiento del PIB. Esto significa que se produjo una recuperación del mercado laboral muy intensa incluso a pesar de que la producción de las empresas no aumentó en la misma cuantía. Esto significa que muchos empleadores recuperaron a sus trabajadores aunque aún no hubiesen recuperado la demanda previa a la crisis.

El efecto de la recuperación temprana del empleo sobre la economía es muy positivo, ya que permite asentar la confianza de los consumidores e impulsar la demanda, como ocurrió durante el verano. En Grecia las cifras fueron también positivas: en un solo trimestre creció un 30% el número de horas trabajadas. El país puso en marcha durante la crisis un esquema de protección del empleo similar al español con el que las empresas pudieron suspender temporalmente sus contratos y los trabajadores cobraron una prestación extraordinaria del Estado. Portugal fue otro de los países que sufrió un fuerte desplome de la actividad en el primer semestre del año y que se recuperó con intensidad durante el verano, con un aumento del número de horas trabajadas del 24,5%.

Las dos caras de los ERTE

Los ERTE no solo consiguieron salvar a los trabajadores, también a sus empresas. La suspensión de los contratos significa un ahorro inmediato en salarios, algo que no ocurre si las empresas tienen que acudir a la vía de los despidos para ajustar sus costes. Eso significa que gracias a estas ayudas, durante la crisis se redujeron las pérdidas, permitiendo que más empresas sobrevivieran a la crisis y lo hicieran en una situación económica más favorable para volver a contratar. Habitualmente los países más golpeados por una crisis son los que más tardan en recuperarse, pero en esta ocasión, fueron los que lideraron el crecimiento.

Foto: Imagen: El Confidencial Diseño Opinión

Si se compara con el mismo periodo del año anterior, España acabó el segundo trimestre del año perdiendo una de cada cuatro horas de trabajo, el triple que Alemania y cuatro veces peor que los Países Bajos. Sin embargo, la recuperación durante el verano fue tan intensa que en tasa interanual las horas perdidas se limitaron al 6%, caída similar a la de Alemania (-4%) y cercana a la de los Países Bajos (-2,3%).

Una parte del empleo no se recuperó durante el verano, el de los sectores más golpeados por las restricciones, principalmente hostelería, ocio y transportes, ya que todavía tienen su actividad limitada. Pero también hubo otra parte del empleo perdida que no se ha recuperado: el trabajo temporal y el empleo negro. Estas modalidades de trabajo, muy habituales en España, no estuvieron protegidas por los esquemas de protección de rentas. En el caso del empleo temporal, porque para las empresas es muy barato dejar que los contratos se extingan y no renovarlos; mientras que en el empleo negro, no hay ningún tipo de protección al estar al margen de la ley.

El abuso de este tipo de empleo provocó que la crisis laboral fuera más profunda en España y que, al cierre del verano, todavía quedará mucho empleo por recuperar. En concreto, fueron casi un millón de personas que perdieron su empleo respecto al mismo periodo del año anterior. Un dato que explica por qué la lucha contra la temporalidad y la economía sumergida es uno de los pilares que reclama la Comisión Europea a España, ya que su existencia hace que la economía del país sea mucho más volátil ante las crisis. De hecho, a pesar de la recuperación experimentada durante el verano, el país siguió siendo uno de los más castigados por la crisis en comparación con el nivel existente antes de la pandemia.

Foto: Una oficina de empleo, en una imagen de archivo. (EFE)

El efecto de los ERTE y otros esquemas similares de protección de empleo ha sido extraordinariamente positivo en los últimos meses por las características propias de esta crisis, un punto que no conviene obviar. Esta recesión estuvo provocada por las autoridades de cada país, no por desequilibrios macroeconómicos. De hecho, las empresas españolas llegaron en una situación financiera muy favorable.

Las expectativas apuntaban a una crisis acotada en el tiempo de la que se saldría rápidamente (recuperación en V), lo que suponía un incentivo para las empresas a mantener a sus trabajadores. Este tipo de crisis es totalmente extraordinaria, lo normal es que una empresa, cuando entra en una recesión, no sabe cuánto tiempo durará ni si podrá volver a recuperar su nivel de facturación previa. El resultado es que en esta crisis los ERTE fueron extraordinariamente útiles, pero en otras coyunturas no lo serán tanto. De ahí que su diseño, a la hora de incorporar estos esquemas a la legislación laboral, sea más delicado, para evitar que el sector público se haga cargo de empleos que nunca se recuperarán por no ser viables.

Las previsiones de los economistas de cara a la reapertura económica apuntaban a un crecimiento de España a lo largo del verano del entorno del 13%. Sin embargo, las cifras oficiales superaron ampliamente hasta las previsiones más optimistas. El PIB creció casi un 17%, recuperando un 60% de la caída sufrida en el primer semestre. En esta crisis, los países más afectados por la recesión han sido los que más han rebotado, evitando los temidos efectos de histéresis (daño estructural sobre la economía que provoca que las crisis se alarguen).

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