PERFIL

Nadia Calviño, tecnócrata tranquila de cejas intranquilas

Es pura tecnocracia, sí, pero también tiene algo de artista. No tanto por sus dotes como pianista y su amor por el cine clásico, sino por crecerse en el escenario

Foto: Nadia Calviño. (Ilustración: El Herrero)
Nadia Calviño. (Ilustración: El Herrero)
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Celebró su boda en el Hotel Palace y a ella acudieron algún que otro nombre propio del PSOE, resume uno de los invitados a aquel enlace. Un recuerdo algo frágil, aunque sí coincide con otros entrevistados en algunos de los rasgos del retrato robot de Nadia Calviño. La que pudo ser presidenta del Eurogrupo es una mujer discreta, que veranea en La Toja, que en las distancias cortas se muestra amable y cercana. Pero también le rodea cierta aura extraterrestre cuando se habla de sus resultados académicos. “Nunca supe cómo lo hizo. Estudiaba y estudiaba y, mientras, le daba tiempo a tener hijos. Es un coco, mientras los demás hacemos lo que podemos”, explica.

Este viernes, en cambio, hizo lo que pudo para explicar su derrota europea frente al candidato irlandés en una ronda de entrevistas matutinas en radio.

La hija de José María Calviño, primer director general de RTVE nada más debutar Felipe González como presidente del Gobierno, es pura tecnocracia, sí, pero también tiene algo de artista. No tanto por sus dotes como pianista y su amor por el cine clásico, sino por crecerse en el escenario. “Cuando estaba en la CNMC peleó por casos con los que chocó directamente con el área de Competencia de la Comisión Europea. Se quedaron tan impresionados con ella que la ficharon”, explica uno de los periodistas afincados en Bruselas.

“Suele estar más preocupada por el trabajo que por el debate público. Está habituada a un entorno muy competitivo y a la búsqueda de consensos”, explica un eurodiputado español que ha coincidido con Calviño en el trabajo y fuera de él. “En las cenas es cercana, agradable, con un punto introvertido. No la verás ligada a exabruptos ni a frases rimbombantes”, declara. Aunque el acuerdo del PSOE con Bildu le pareció “absurdo” y “contraproducente”.

Tiene todo en la cabeza, dicen. Es metódica, durísima, muy rigurosa, negociadora hasta el hartazgo, añaden. Tiene, como casi todos, defensores acérrimos, pero también duros detractores. “Trabaja 24 horas, y eso tiene sus consecuencias. ‘Fríe’ a sus equipos, cuesta seguirle el ritmo”, explica otro periodista, que destaca lo mucho que ha cambiado desde que llegó a Madrid procedente de Bruselas.

Tiene defensores acérrimos, pero también duros detractores. "Trabaja 24 horas. 'Fríe' a sus equipos, cuesta seguirle el ritmo"

Porque los inicios no fueron fáciles. “Sus primeros consejos de ministros fueron un desastre, y se la metió en la nevera un tiempo”, cuenta. Coincidió por aquel tiempo un artículo en la que se la ‘bautizó’ como ‘Nadie’ Calviño. Eso le dolió, recuerdan algunos. Coincidió poco tiempo después, con apenas ocho meses como ministra de Economía con Pedro Sánchez, una entrevista con Carlos Alsina.

En la introducción del periodista, este destacaba a Calviño como una de las ministras menos populares del Gobierno socialista. Ella mostró su perplejidad arqueando las cejas, un gesto habitual cuando algo le chirría. En cuanto el director de ‘Más de uno’ le aclaró que lo de la popularidad tenía que ver con ser una desconocida para el público y no objeto de animadversión. Relajó los hombros y sonrió. “Ah, vale. Cuando voy por la calle le aseguro que recibo muestras de cariño”, destacó. Y por si acaso, apuntilló: “Mi objetivo en la vida no es ser conocida”.

Calviño mueve mucho las cejas pero su melena permanece inalterable, aunque truene. Es amante de los broches, amiga de las perlas y tiene un cierto aire vistiendo a Margarita Robles. Una se la imagina coleccionando pañuelos de Hermès, uniforme de mujeres poderosas. Una se la imagina siendo ministra del PP con Mariano Rajoy.

Es muy valorada en el Ministerio, aseguran. Un contexto elitista en el que el carné de Técnico Comercial del Estado (Calviño lo es) garantiza el pedigrí y el derecho de admisión. Lo tenía fácil tras la salida de Luis de Guindos, cuyo ego dificultaba, digamos, proyectarle cariño. Lo tenía más fácil que Elena Salgado, a la que no le perdonaron no haber aprobado la oposición que sí superó la hija de Calviño. La endogamia, que pesa.

Pero, de vez en cuando, la ministra de Economía saca tiempo para aterrizar. “La primera vez que la vi yo estaba en el pasillo del Ministerio. Hice el típico gesto de apartarme para que ella pasara. Pero se paró y vino a saludarnos uno a uno a los que estábamos. Desde entonces, cuando he estado reunida con ella, me ha sorprendido lo mucho que se concentra en su interlocutor. Eso no lo he visto en otros ministros”, asegura una de las asesoras del ministerio.

Y, también de vez en cuando, se rompe. Cuando recogió por segunda vez su cartera como ministra de Economía, hizo un discurso breve, interrumpido solo por la emoción al referirse a su marido y a su familia. Pero la melena, claro, inamovible.

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