UNA OPERACIÓN COMPLICADA ECONÓMICAMENTE

El yuan pesa sobre el dominio mundial de China: no llega ni a un 2% de las reservas

El país más poblado del mundo es un jugador clave de la economía mundial y a menudo se le apunta como el próximo líder de la orden hegemónica. ¿Necesita una divisa internacional para conseguirlo?

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China cumplió esta semana su septuagésimo aniversario. Setenta años en los que la potencia asiática ha despuntado hasta convertirse en la próxima favorita para el trono hegemónico del planeta, con los agoreros estimando que los días de EEUU como primera potencia mundial están contados.

Pero todo se andará. De momento, la posición de la divisa china todavía ocupa un lugar rezagado en el ránking de las monedas de referencia internacional. Una realidad que da pie a una pregunta: ¿puede China ser realmente tan ‘todopoderosa’ si su yuan todavía no alcanza ni un 2% de las reservas mundiales de divisas?

En apenas sesenta años, China ha pasado de tener un PIB de 59.700 millones de dólares a ser la segunda economía del mundo con un PIB de 14,2 billones de dólares. De hecho, si se mira bajo el parámetro de la paridad de poder adquisitivo (PPP), el país asiático lidera el ránking mundial con un PIB del 19,2 billones de dólares, mientras que EEUU se queda atrás con un PIB de 15 billones. Con una población de 1.433 millones de personas (la mayor del mundo), China exporta 2,3 billones de dólares en bienes al año (frente a los 1,5 billones de EEUU).

Pese a todo, su moneda todavía es todavía una moneda minoritaria en un mundo dominado por los dólares. Mientras el llamado ‘billete verde’ supone el 61,63% de las reservas mundiales de divisas, el yuan apenas ocupa un 1,97% de esa tarta. La divisa estadounidense es la moneda utilizada en el 88,3% de las transacciones comerciales del mundo, en comparación con el 4,3% que implica el yuan chino. Es tal el poderío de los ‘Benjamin’ que ya los cambios de expectativa de política monetaria son capaces de generar caídas transversales a las divisas de los mercados emergentes.

Constituyendo China semejante potencia económica a nivel mundial ¿por qué su divisa es apenas una moneda minoritaria? “La respuesta es fácil: el yuan no es una divisa de convertibilidad libre, por lo que no puede ser vista como una divisa reserva”, zanja Raphael Gallardo, economista jefe de Carmignac. Mientras que el propio movimiento de activos a través de las fronteras chinas tienen que pasar por una cuenta de capital privada, el Banco Popular también fija cada día la tasa de referencia que delimita el valor del yuan, por lo que la divisa del ‘dragón’ asiático no es de fácil acceso ni de libre conversión.

“Lo que convierte a una divisa en un activo de reserva es que el país que la emita sea una economía grande con una política monetaria y fiscal fiable”, explica Ranko Berich, analista jefe de Monex. “En un principio, China cumple con los requisitos pero con una cuenta de capitales cerrada y una moneda que es físicamente difícil de conseguir, su papel como divisa reserva queda limitado”.

China no se ha quedado de brazos cruzados. La potencia asiática lleva desde principios de esta década intentando aumentar la presencia de su divisa en el mundo, con la entrada del yuan en el cesto de divisas del Fondo Monetario Internacional (FMI) en 2015, con nuevos proyectos de inversión en renminbi como el mercado Dim sum, el establecimiento de una red de ‘swaps’ con otros bancos centrales de países emergentes, el lanzamiento de un mercado de futuros de petróleo denominado en yuanes… Justo el mes pasado, el Gobierno chino anunció la eliminación de las cuotas de inversión algunos inversores institucionales extranjeros.

Con todo, los expertos consultados por Cotizalia también consideran que la nación asiática ha aprendido de la crisis de los mercados chinos de 2015 y ha endurecido ciertos controles de capital.

“De momento, al Gobierno chino no le interesa flexibilizar su divisa porque hay demasiado riesgo de que se produzca una salida masiva de capitales”, explica Alicia García Herrero, economista de la delegación de Natixis en Asia del Pacífico. De hecho, la experta matiza que también se tiene que entender la divisa como un activo de valor y, actualmente, dado el estado de la economía china (con problemas cíclicos como la guerra comercial pero también estructurales como el envejecimiento de la población) la divisa no supone una inversión interesante. “Que el yuan esté débil actualmente no tiene que ver con el control de la cuenta de capital, está débil porque se refleja en una economía que también sufre de debilidad”. Además, García Herrero argumenta que hay otros parámetros relevantes en juego, como la posición de EEUU como deudor (incentivo para emitir más moneda) que la estancia de China o Japón como acreedores.

De todas formas, Sean Darby, jefe de la estrategia global de divisas de Jefferies cree que siendo justos, “el periodo de tiempo desde que China empezó a intentar internacionalizar el yuan hasta hoy ha sido corto, es un cambio importante que lleva un tiempo”.

El experto cree que es un proceso orgánico en el que, “según crezca la confianza de los inversores y según China empiece a ejecutar cada vez más operaciones comerciales en yuanes, el mundo terminará demandado más yuanes y la proporción del renminbi en la composición global de la divisa china aumentará”. Darby ve con optimismo la eliminación de las cuotas a inversores o el establecimiento de puntos ‘off-shore’ de cambio de divisa y cree que la crisis de 2015 le ha servido a China “para aprender qué pasaría si hubiese una mayor salida de capitales”. Con todo, el analista considera que iniciativas como la nueva ruta de la seda o la propia guerra comercial están incentivando a China a retomar el objetivo de la internacionalización del yuan.

Económicamente, es una operación complicada. Sven Schubert, especialista en estrategia de divisas en Vontobel, cree que China se encuentra en una encrucijada económica. “Tienen que manejar una serie de prioridades que son difíciles de casar: crecimiento estable, abrir las cuentas de capitales y tener una divisa estable”, explica, añadiendo además que estos desarrollos se enmarcan dentro de la complejidad de una guerra comercial con difícil final feliz (el escenario base de la gestora para los próximos cinco años es “una restructuración disruptiva, prolongada y amplia de las relaciones internacionales que afectan todas las facetas a nivel global).

“La prioridad del Partido Comunista es mantener su poder a través de un crecimiento económico socialmente aceptable”, argumenta a su vez Gallardo. “A corto plazo, esto implica un control férreo del sistema bancario, con este acumulando grandes cantidades de créditos morosos debido a la obligación de tener que financiar el sector privado indiscriminadamente”. Con este tipo de situaciones en mente, el economista insiste en que “es vital que el Partido mantenga los ahorros domésticos enjaulados en China, no se pueden permitir reducir los controles de capital”.

“El principal ‘handicap’ del renminbi como divisa de reserva, el control de capital, continuará en efecto hasta que el Partido tenga la seguridad como para limpiar el sistema bancario y desapalancar la economía”, zanja Gallardo, que apunta a que la ralentización económica ha dejado este escenario en ‘stand by’ de momento.

Y es que, para Gallardo, la cuestión también depende de que los proveedores confíen en que la economía tras la divisa es lo suficientemente sólida como para confiar en ella. “Hay mucho por hacer porque los mercados domésticos chinos son propensos a burbujas y la falta de transparencia, la balanza de pagos se está debilitando (el actual superávit ha colapsado, los flujos de capital continúan…) y hay dudas respecto a la liquidez de reservas extranjeras (que podrían estar componeniendo proyectos más ilíquidos como la Nueva Ruta de la Seda)”, ejemplifica.

"Es el dilema permanente para China: ¿Cuándo se abre al exterior?", expone Miguel Otero, investigador del Real Instituto Elcano. "El modelo chino funciona en casa pero a la mínima que se abra se queda expuesta a la inestabilidad económica y política".

¿Es necesario?

De todas formas ¿importa que China quiera o no a elevar su moneda a un ‘status’ mundial? ¿es necesario para su auge como mega potencial global? Los expertos admiten que es una pregunta difícil de responder.

Está claro que el auge del yuan impulsará la consolidación del poder económico de China, sobre todo cuando esta supone una proporción tan grande de la cadena logística mundial . Aunque desde Vontobel no consideran que el renminbi vaya a convertirse por el momento en la divisa de referencia mundial, “si el mundo termina cambiando desde una orden hegemónica hacia una estructura bipolar, el dólar perderá cierta importancia”, argumenta Schubert. “Si progresan en iniciativas como la de la Nueva Ruta de la Seda, al menos en la región asiática, veremos cómo los países empiezan a demandar el yuan como la divisa designada para los contratos comerciales”.

“Hay distintas realidades a tener en cuenta, distintos valores… ¿Puede el mundo evolucionar a un mundo ‘multi polar’, con varias monedas?”, se pregunta García Herrero. “No me atrevería a decir que es imposible, aunque la historia nos dice que lo lógico es que en un mundo en el que la mayoría de monedas tienen convertibilidad es difícil que la que no la tiene destaque”.

Darby también considera que es un desarrollo que todavía está por ver, aunque argumenta que “en un mundo en el que los servicios cada vez están cobrando más importancia que el comercio en el crecimiento económico”, el auge de China como potencia mundial en las próximas décadas “puede que no sea igual a lo que hemos estado viendo históricamente”. “De todas formas, en los últimos años, China ha sido capaz de llevar a cabo estas iniciativas de liberación financiera adaptándolas a su situación”, matiza el analista.

“Creo que es una pregunta con muchos frentes”, considera Berich, ejemplificando que, por un lado, el crecimiento del que China ha disfrutado en los últimos años gracias a la producción industrial y el beneficio de tener una fuerza laboral joven se está estancando. Sin embargo, la potencia asiática también ha estado invirtiendo en muchos de los países emergentes que, en los próximos años, liderarán el crecimiento global. Pese a que considera que hablar de China como una primera potencia mundial es una cuestión muy amplia, Berich sí que pone en perspectiva que “China ha sido capaz de emerger como una fuerza de influencia geopolítica mundial o al menos como la principal economía de la región en la que la mayoría de los humanos de la tierra habitan: Asia”.

De forma similar, Gallardo argumenta “que el peso de la economía china debería ser suficiente”, por lo que el ‘dragón’ asiático “puede llegar a convertirse en una superpotencia mundial sin imponer su divisa como la principal moneda internacional”. De todas formas, el economista considera que la nación asiática no va a querer continuar siendo dependiente del dólar durante mucho tiempo más, sobre todo en tiempo de tensiones comerciales.

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