los pioneros de la segunda oportunidad

"Me arruiné y un juez perdonó todas mis deudas para darme otra oportunidad"

Se calcula que unas 12.000 personas se han acogido a la Ley de Segunda Oportunidad desde que fue aprobada en 2015 y las sentencias favorables empiezan a no ser anecdóticas

Foto: Miguel Cortés, posando en Zaragoza (C.S)
Miguel Cortés, posando en Zaragoza (C.S)

Al zaragozano Miguel Cortés le ocurrió como a tantos otros. “Tuve la gran idea de montar una empresa en 2008, un negocio de aire acondicionado”. En 2012, tras varios reveses y unos cuantos impagos, ya debía unos 200.000 euros. Un buen día, reunió a su familia para confesar que se había arruinado. “Lo peor fue explicárselo a mis hijas, que eran pequeñas”. Pasaron de un piso de 100 metros cuadrados con piscina y jardín a una caja de cerillas en la afueras. “¿Cómo les explicas que no hay dinero ni para un McDonalds los domingos?”.

A Miguel se le acumulaban las cartas en el buzón y cinco entidades bancarias distintas le llamaban a diario para exigirle dinero. Tanto, que acabó cambiando de teléfono. “Pero dio igual porque me encontraron rápido”. Él y su mujer aparecían como morosos en todos lados y no podían ni comprarse una aspiradora a plazos. “Fue horrible. Cuando te caes, todo son problemas. Por ejemplo, la compañía de teléfono conocía mi situación y me cobraban lo que querían. Sabían que me iba a ser imposible conseguir otra línea siendo un moroso”, recuerda. “Cuando me contrataron en un trabajo por fin, a los dos meses llegó a la oficina una carta del juzgado diciendo que me iban a embargar un porcentaje del sueldo. Era imposible que pudiésemos pagar algún día todo lo que me pedían. Y pensé que tendría que vivir para siempre así”.

Hasta que la llamada ley de segunda oportunidad se cruzó en su camino. El abogado que le llevó el concurso de acreedores, Javier Lagunas, le informó de su existencia. “Cuando me lo contó no me lo creía. Pensé que tenía que tener truco, alguna trampa”. Una desconfianza que arrastró hasta que en marzo de este año llegó la sentencia. “No me lo podía creer. Todavía se me pone la piel de gallina recordándolo. Llamé a mi mujer y lloramos. Ahora si hay una llamada de los acreedores, les envió el papel y les digo que no vuelvan a molestar. A los dos días de que la sentencia fuese en firme ya me estaba llamando un banco con un crédito preconcedido y otro para ampliar el límite de la tarjeta de crédito. Me quité 200.000 euros de un plumazo y fue relativamente barato: no me costó más de 10.000. ¿Por qué no lo hace más gente? Es una ley que está de tapadillo, nadie te habla de ella porque no interesa. O te encuentras con un especialista o estás frito”, dice Miguel.

Desde que fue aprobada por el Gobierno de Mariano Rajoy y publicada en el BOE en julio de 2015, la ley de segunda oportunidad ha pasado prácticamente desapercibida. Aunque no hay datos oficiales, CELSO (un observatorio creado por un bufete de abogados) calcula que algo más de 12.000 personas han iniciado los trámites para pedir la exención de sus deudas. Las cifras, dicen, se dispararon en 2018 y en los últimos meses se ha producido un goteo incesante de sentencias, algunas tan llamativas como la conseguida en Granada por una mujer de 49 años que llevaba años embargada tras haber firmado como avalista en diversas operaciones de una mercantil de la que su marido era socio. Sus deudas rozaban los tres millones de euros (2.919.000) pero el pasado 12 de marzo, informaba el diario Ideal de Granada, el Juzgado de Primera Instancia número 8 de Granada declaró concluido el proceso tras acordar concederle “el beneficio de la exoneración del pasivo insatisfecho”. Es decir, le perdonó la deuda tras quitarle todos sus bienes: una vivienda y un coche.

Los requisitos para acogerse a la ley no son insalvables para quien se cargó de deudas actuando de buena fe. Aquí hay un buen resumen, aunque el cuarto punto acaba de ser suavizado por una sentencia del Supremo. A pesar de ello, los abogados que han trabajado casos reales dicen haber pasado una travesía por el desierto. “Los primeros años no estaba muy claro su alcance, ni los juzgados estaban muy preparados”, comenta Lagunas, colaborador del despacho Coello de Portugal abogados.

El entonces ministro de Economía, Luis de Guindos, tras el debate la ley de Segunda Oportunidad. (Efe)
El entonces ministro de Economía, Luis de Guindos, tras el debate la ley de Segunda Oportunidad. (Efe)

Ana Isabel García, letrada de Repara tu Deuda, dice que poco a poco se va notando el cambio. “Al principio íbamos dando palos de ciego”, comenta, letrada de Repara tu deuda. “Ahora se les está empezando a dar cierta formación a los juzgados, de manera que podemos agilizar los procesos. Por ejemplo, se van asentado la práctica de que si en el informe que hace el administrador concursal, una persona acredita que no tiene bienes, se evita ir a la fase de liquidación. Solo ese detalle agiliza los plazos bastante y antes no se hacía. Se están gestionando mejor los expedientes”.

Rafael Jiménez, cliente de Repara tu Deuda, vivió en carnes propias la confusión que ha generado la ley durante estos primeros años en vigor. Debía más de 100.000 euros después de arruinarse con una empresa de transportes -es conductor de camiones- y una carnicería. Después de pasar cinco años en Francia para poder alimentar a sus dos hijos, regresó pensando que quizá nadie se acordaría de él. “Nada más empadronarme, empezaron otra vez las cartas y las llamadas. Al poner un pie en España, otra vez las amenazas, los escritos… Incluso llamaron a mi madre y la asustaron”, dice.

Hay jueces que aún no lo entienden bien. Yo tuve que irme a Valladolid para poder acogerme

Rafael intentó acogerse a la exoneración de la deuda dos veces en el juzgado de Aranjuez, donde residía, pero la petición fue desestimada. “Hay jueces que aún no entienden bien el tema. Al final me fui al juzgado de mi Valladolid natal y allí, aunque no fue fácil, lo acabé consiguiendo”. Tardaron dos años y medio en sentenciar a su favor. “Desde enero de 2019 soy libre, fue una auténtica salvación. Puedo vivir libre, tranquilo, sin que nadie me quite nada. Puedo tener las cosas básicas a mi nombre sin ser un apestado. Mi deuda fue por trabajar, no por gastarme el dinero en el bingo y en alcohol o drogas”, dice.

En la Asociación de Trabajadores Autónomos (ATA) creen que uno de los problemas por los que la ley de segunda oportunidad no ha despegado en España como sí lo ha hecho en otros países europeos (la legislación vino impulsada por una directiva de la Unión Europea que afecta a toda la UE) es porque hasta este mes de julio resultaba muy difícil exonerar las deudas contraídas con las Administraciones Públicas, con la Seguridad Social y la Agencia Tributaria. Una sentencia del Supremo, del pasado 2 de julio, ha modificado radicalmente este aspecto, permitiendo más autonomía a los juzgados al respecto.

La mayoría de los autónomos no tienen deudas con proveedores o bancos, sino con la Agencia Tributaria

“La mayoría de los autónomos no tienen deudas con proveedores o bancos, sino con la Seguridad Social o la Agencia Tributaria”, comenta Lorenzo Amor, presidente de ATA. “Así que una ley de segunda oportunidad que no incluya esto, no les sirve para nada. Lo que nosotros hemos pedido por activa y por pasiva es que no haya diferencia entre créditos públicos y privados. Estamos satisfechos por el hecho de que el Supremo haya abierto la puerta a que en España el reemprendimiento sea una posibilidad para aquellas personas que se arruinan”. comenta.

Los modelos más aplaudidos por las organizaciones de autónomos y por los defensores del concepto de “segunda oportunidad” son el francés y, sobre todo, el de algunos estados de EEUU, donde la idea de arruinarse y volver a empezar es un tránsito económico y vital por el que han pasado cientos de miles de familias, un ciclo asimilado por la sociedad. “Aquí en España el que tiene deudas no levanta cabeza. Al que tiene una autoescuela y le embargan los coches, ¿cómo va a pagar lo que debe? Son deudas incobrables. A nadie conviene tener sujetos totalmente hundidos para siempre”, insiste Amor.

Rafael y su familia están rehaciendo su vida sin que cada decisión tenga que pasar por el administrador concursal. “No te acostumbras a vivir bajo el ojo del sistema. A día de hoy aún estoy peleando con un par de entidades que me dicen que para que me borren sus datos tengo que pagar la deuda”. ¿Por qué se publicita tan poco? “Seguro que hay mucha gente que se rinde a mitad de camino y lo ve todo como una estafa, como algo imposible”. Hay una pregunta para la que ni Rafael ni Miguel tienen respuesta: "¿Volverás a emprender algún día?".

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