economía rosquilla

La rosquilla de la igualdad: “Somos adictos a un crecimiento que no llega a la gente”

El libro Economía Rosquilla de Kate Raworth formula nuevas vías para que el análisis económico tenga en cuenta la lucha contra la desigualdad y el cambio climático

Foto: Kate Raworth.
Kate Raworth.

La ciencia económica quedó en entredicho en 2008, y aún no ha recuperado el prestigio que tuvo en el pasado. Estas dudas impregnan las facultades de Economía de todo el mundo, con licenciados que cuestionan los modelos clásicos. La crisis y la desigualdad de la recuperación han disparado el volumen de alternativas que proponen los economistas menos anquilosados a los servicios de estudios tradicionales.

Un ejemplo de ello es el libro Economía Rosquilla de Kate Raworth, que trata de crear fundamentos que ilusionen a miles de estudiantes descontentos con la enseñanza dogmática de sus universidades. Como los que escribieron a sus profesores en París en el año 2000 con la advertencia “¿Queremos huir de los mundos imaginarios! ¡Despertad antes de que sea demasiado tarde!” O los que se rebelaron bajo el lema ‘Is economic growth killing the planet?’ (¿Está el crecimiento económico matando al planeta?) contra el congreso anual de la Asociación Económica Estadounidense que se celebró en 2015 en el Hotel Sheraton de Boston.

La economista londinense, a sus 47 años, ha publicado un libro en el que propone “siete maneras de pensar la economía del siglo XXI”, y que resume con una rosquilla. El aro principal es el “espacio seguro y justo para la humanidad”, lo que se consigue con una “economía regenerativa y distributiva”, arguye. Por debajo están las deficiencias y por encima los excesos.

Economía rosquilla
Economía rosquilla

Raworth se licenció en Oxford y, tras su desencanto con los modelos clásicos de economía, ha trabajado dos décadas en Naciones Unidas y en Oxfam en lugares tan diferentes como Nueva York o Zanzíbar. Su tesis es que la economía ha fracasado. Primero, por no saber predecir las crisis. Y segundo, por estar enfocada en un crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) que no ha conseguido que la población del planeta cubra sus necesidades básicas. Para colmo, se está reduciendo la sostenibilidad ambiental.

“El libro trata de exponer la imagen de la nueva economía”, señala Raworth en entrevista con este medio, y recuerda una cita del influyente economista John Maynard Keynes (1883-1946): “La economía es la ciencia de pensar en términos de modelos unida al arte de elegir modelos que son relevantes al mundo contemporáneo”. Según la autora, “hay que recuperar esta esencia y repensar la economía como hizo él”.

La economía es la ciencia de pensar en términos de modelos unida al arte de elegir modelos que son relevantes al mundo contemporáneo

Economía viene del griego clásico, al conjugar οìκος (hogar) y νέμω (ley). Es decir, leyes o medidas para administrar el hogar. Aristóteles hizo referencia a la gestión del patrimonio de la casa. “Debemos recuperar esta esencia, y nuestro hogar es el planeta”, resume Raworth.

Lucha contra la desigualdad

La desigualdad es una pieza central del libro. También de la mayoría de economistas que rompen contra los manuales de las universidades. La distancia entre el 1% más rico de la población del planeta y el 99% restante nunca había sido tan grande. La desigualdad ha aumentado desde 1980 y se ha recrudecido con la recesión y la recuperación posterior, hasta tal punto que preocupa a Wall Street. Al fin y al cabo, el crecimiento necesita el consumo.

“El crecimiento no llega a la gente que lo necesita. La liberalización de la economía desde los años 80 ha permitido que el retorno sobre el capital crezca más que el propio capital, con el mercado como la fuerza predominante”, resume la escritora. “La victoria de Trump, el Brexit o el auge del populismo son factores vinculados con lo lejos que está la economía de la gente. Las políticas tradicionales exacerban la desigualdad”, sentencia.

Raworth compara el discurso económico de Donald Trump con el de John F. Kennedy en 1960, cuando prometió un crecimiento del 5%. “Los políticos saben el poder que tienen estas afirmaciones”, admite. Sin embargo, rechaza la hipótesis liberal de que ‘el crecimiento lo nivelerá todo’.

Es decir, muchos economistas restan importancia a la desigualdad y priorizan la generación del riqueza, sea cual sea su reparto. Creen que a largo plazo todo el mundo se beneficia. Incluso la curva de Kuznets sugería en el siglo XIX que los países tienen una etapa inicial de crecimiento en la que aumenta la desigualdad para disminuir posteriormente. Frente a ello, propone la “distribución por diseño”. Dicho de otra forma, que las políticas compaginen el incentivo del crecimiento con la redistribución de la riqueza.

Adicción al crecimiento

Lo mismo argumenta para la protección del medio ambiente, para la que hay una curva similar. La contaminación debe incrementarse para caer posteriormente. Por ello, pide un desarrollo industrial que impida la degradación medioambiental. En definitiva, la escritora exhibe agnosticismo sobre el crecimiento. “Puede que sea relativamente fácil dejar de tener el crecimiento del PIB como un objetivo económico, pero va a resultar mucho más difícil superar nuestra adicción a él”, escribe Kate Raworth. “Necesitamos economías que nos hagan prosperar, crezcan o no. El PIB no es un buen indicador”, agrega.

Puede que sea relativamente fácil dejar de tener el crecimiento del PIB como objetivo económico, pero será más difícil superar nuestra adicción a él

La ciencia económica estuvo condicionada en el siglo XX por el debate entre Keynes y Friedrich August von Hayek (1899-1992). Tras la Segunda Guerra Mundial y hasta la década de los años 70, las teorías de Keynes y sus discípulos fueron las dominantes, pero tras la crisis del petróleo ganaron peso las fuerzas liberalizadoras. La Gran Recesión ha dejado todas las teorías en cuarentena, disparando la proliferación de nuevas ideas.

“La economía ha puesto el foco en pensar a nivel de modelos, de una forma cada vez más matemática”, critica la economista británica. Una sentencia que firmarían los seguidores de la escuela austriaca, que huyen de las matemáticas y ponen al empresario en el centro de sus explicaciones, aunque Raworth se muestra lejana a sus planteamientos.

De hecho, se aleja de casi todas las escuelas, que buscan maximizar el crecimiento económico. Raworth no cuestiona sólo los medios para alcanzar el fin, sino también el propio fin. “No hay ningún país que esté en el sitio ideal. Hay comunidades, municipios o pequeños ejemplos que van en la buena dirección”, opina Kate Raworth, que pone como ejemplo los beneficios fiscales de los que gozan las cooperativas en algunos estados de Estados Unidos.

Adiós a las manuales clásicos

Raworth es consciente del poder de las imágenes. El mejor ejemplo de ello es el diagrama del economista estadounidense Samuel Samuelson (1915-2009) sobre el flujo circular de la renta como en un sistema de fluidos. Su libro Fundamentos del Análisis Económico se publicó en 1947 y está lleno de esquemas, dibujos y diagramas para facilitar la comprensión de la ciencia económica desde su perspectiva.

Con ello se granjeó su éxito y una carrera de 70 años en el MIT. En el inicio, tras la Segunda Guerra Mundial, muchos soldados que volvían de luchar en Europa o en el Pacífico se matriculaban en las facultades. Habitualmente, en planes de estudio de ingeniería ante el boom económico, pero se les exigía horas lectivas de economía que aborrecían hasta que Samuelson, propuesto por Ralph Freeman, les mostró otra forma de enfrentarse a los modelos.

El libro ‘Economía Rosquilla’ reconoce la importancia de estos economistas, como Alfred Marshall, que modelizó las curvas de oferta y de demanda a finales del siglo XIX, o Joseph Schumpeter. Y se nutre de la influencia de las imágenes en la economía. Pero trata de cambiar las fotografías. La del crecimiento del PIB por la rosquilla, y el flujo de la renta por lo que llama economía incardinada. Esto es, una economía vinculada a la sociedad y al medio ambiente, basada en la energía solar.

También aboga por cambiar al hombre económico racional de los modelos clásicos por humanos sociales adaptables. O el equilibrio mecánico de la oferta y la demanda que formuló Alfred hace más de un siglo por la complejidad dinámica.

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