VIAJE A LA CAPITAL DEL ENVEJECIMIENTO

Ourense anticipa el futuro de las provincias: más pensiones que trabajadores

Ourense es la primera provincia con más pensiones que altas a la Seguridad Social, situación en la que irá entrando en los próximos años más de la mitad del territorio español

Foto: Una calle del centro de Ourense.
Una calle del centro de Ourense.

El humor negro es fuerte en la Funeraria Mosquera. Hay colgadas de la pared lápidas con bromas macabras y se reparten mecheros promocionales con chascarrillos sobre la muerte ('Fuma, fuma... que o traxe espera'). Media hora hablando con su propietario, Manuel Mosquera, despeja cualquier duda acerca de la autoría. “En esta ciudad hay muchos viejos y se le puede dar muchas vueltas al tema, pero lo que pasa aquí es que la gente ya no se muere. En mi negocio se nota mucho que la Sanidad funciona muy bien y que la gente se muere muy poco. Antes en cuanto se jubilaban, caían. Ahora te llegan tranquilamente hasta los 100 años. Una tontería como es el sintrón, por ejemplo, ha alargado un montón de vidas”.

Mosquera es también presidente de la principal federación de asociaciones de vecinos de la provincia, Limiar, una agrupación cercana al PP, como tantas otras cosas aquí. Metidos desde siempre en el negocio funerario, la competencia china obligó a los Mosquera a cerrar su fábrica de ataúdes. La familia reaccionó diversificando actividades dentro del sector. Ahora tienen también un servicio para mantenimiento de cementerios, y una web para buscar funeraria en cientos de ciudades de España. “A mí me va de muerte”, redunda Manuel. “No puedo quejarme, pero es verdad que la situación con los ancianos aquí es la que es. Lo ves en los parques, en las asociaciones de vecinos que son centros de día. Y lo ves en navidades. Ya no van casi niños a llevarle cartas a Papá Noel. Y de los que van, la mitad son musulmanes y sus madres llevan pañuelo”.

Ourense se convirtió a finales del año pasado en la primera provincia española con más pensionistas que afiliados a la Seguridad Social. Según datos del Ministerio de Empleo, en diciembre se pasaron a abonar 109.086 pensiones de las cuales 68.000 son de jubilación. Frente a ellos, hubo 102.264 afiliados. Si las cosas siguen como hasta ahora, pronto habrá más provincias en la misma situación. Los datos son especialmente inquietantes en Castilla y León, Extremadura y Castilla-La Mancha.

Clase de escritura creativa en el Centro Cívico Colón.
Clase de escritura creativa en el Centro Cívico Colón.

El drama demográfico salta al ojo en el centro, un laberinto de piedra que en otras latitudes sería barrio 'boutique' y que aquí resiste a duras penas el paso del tiempo. Edificios a la venta, locales comerciales vacíos y otros en liquidación. En el supermercado, los pañales para adultos ocupan más espacio que los dedicados a bebés. A media tarde de un día laborable, los ancianos son mayoría apabullante en calles y plazas. Ignacio Martín Amaro es uno de ellos. Tiene 73 años y fue senador del PP en los años ochenta. Hoy, desencantado con el partido en el que pasó casi toda su vida, aparece con un pin de Ciudadanos en la solapa.

El exsenador Ignacio Martín Amaro.
El exsenador Ignacio Martín Amaro.

“Es que esto ha sido demasiado, no se ha hecho casi nada para mejorar la situación y la corrupción ha pasado factura. Lo del centro de Ourense es desastroso, pero la provincia está aún peor. Yo llegué a Galicia por mi mujer, que es de Baños de Molgas. En 1970, allí había 7.000 habitantes y era un pueblo con vida. Ahora hay 1.500 empadronados, de los cuales no creo que pasen todo el año más de 600. Por eso siempre digo que el problema no es el envejecimiento sino la rapidez con la que se está produciendo”.

Adiós la vida de provincias

Ourense es un adelanto de lo que ocurrirá en los próximos años en más de la mitad de las provincias españolas. Las proyecciones demográficas anuncian un problema inminente en muchas capitales de provincia y en las ciudades pequeñas y medianas más alejadas de los grandes núcleos urbanos y turísticos. “El campo ya casi ha tocado fondo. La despoblación allí se frenará pronto porque siempre es necesario que quede una población rural mínima para hacer ciertos trabajos que son necesarios. El siguiente reto que tenemos es el de las ciudades intermedias, que muestran síntomas muy parecidos a los que mostraban los pueblos hace unas décadas", dice Fernando Rubiera, profesor de la Universidad de Oviedo.

"Si ahora mismo aislas las ciudades que están a una hora de distancia de los centros urbanos o turísticos importantes, se ve ya una dinámica muy preocupante en cuanto a fertilidad, pirámide poblacional, envejecimiento, etcétera", agrega Rubiera. "Es algo que se ve muy bien comparando ciudades como Majadahonda u Hospitalet con ciudades como Ourense o Zamora”.

El centro de Ourense.
El centro de Ourense.

Una de las cosas que mejor funcionan de Ourense son sus centros cívicos. Se han abierto cinco desde 2009, en edificios modernos y bien acondicionados, pagados con dinero público. En el más céntrico, el Centro Cívico Colón, decenas de jubilados entran y salen a media mañana de un jueves. El programa estrella está orientado a mantener activa a la tercera edad. María José, la coordinadora, asegura que la demanda crece año tras año y que muchas actividades tienen ya lista de espera. “Es un programa de ocio enfocado a la prevención de la dependencia para que no estén encerrados en casa. Hacen ejercicio físico, informática, juegos de estimulación de memoria... El curso más demandado ahora mismo es el de pilates”.

En una de las salas del centro, una veintena de mayores trabaja la escritura creativa. Se trata de redactar entre todos un libro en el que plasmar escenas de juventud, hacer repaso y balance a sus vidas. El ambiente es animado, hasta que la conversación da un giro. “Esto en realidad es ya el mayor geriátrico de España”, comenta uno. “Muchos tuvimos que salir a emigrar porque no había trabajo y luego volvimos cuando parecía que aquí se podía estar bien. Pero ahora hemos vuelto al declive otra vez”, responden. “Todos tenemos aquí hijos y nietos que viven fuera, en Madrid, en Barcelona, en Francia... Es muy duro. Ourense es patrocinador de emigrantes, lo ha sido siempre. Criamos y formamos gente para que luego trabajen fuera”, cierra una mujer.

Todos los mayores de Ourense tienen algún pariente viviendo fuera de Galicia. Lorinda Fernández, presidenta de la Agrupación Vecinal Miño, la segunda más grande de la provincia, tiene concretamente dos hijos en Alemania. “Nuestros jóvenes se han ido fuera porque aquí no hay trabajo. Es una ciudad marginada, una ciudad deprimida que sirve a los políticos para atraer ayudas. Los pocos trabajos que hay son para funcionarios, la granja de pollos [Coren] y algo en el sector servicios. De las siete grandes ciudades de Galicia, tenemos los sueldos más bajos. Las pensiones son en su mayoría agrarias y los ancianos están muy solos, abandonados, porque sus hijos se han ido fuera. Muchos tienen casa en el pueblo pero allí no hay servicios básicos, así que se vienen aquí y se gastan la pensión en un alquiler. Un desastre”.

Una calle de Ourense un jueves por la mañana.
Una calle de Ourense un jueves por la mañana.

La pensión media que se percibe en Ourense (639 euros) es la más baja de España, muy por debajo de la media estatal (922), incluso de la gallega (778). Víctor Ferreiro, portavoz del Círculo Podemos Ourense, cita de memoria varios datos como ese. “La provincia ha perdido 180.000 habitantes en 50 años. Ahora mismo, el reto es la supervivencia, ni más ni menos. La economía de la ciudad está paralizada y no se está haciendo nada. Se la está dejando morir. El deterioro es progresivo, no te vas dando cuenta pero las perspectivas son demoledoras. A pesar de todo, esta es la única capital de Galicia donde gobierna el PP. Revertir la situación ya es complicado. Yo creo que la meta debería ser sostener lo que queda, que no siga cayendo”.

Víctor, que recuerda con nostalgia los años en los que los bares se llenaban cada sábado, cree que los jóvenes ya no tienen ningún motivo para quedarse en Ourense “a no ser que logren que alguien los enchufe a un trabajo público”. “Aquí hay muchas academias”, incide, “donde se preparan oposiciones para toda España... menos para las de esta ciudad. Eso es porque aquí la gente sabe que esas están casi concedidas de antemano”.

Si pudiese, dice, le encantaría vivir en el pueblo de sus padres. "Pero en el rural no hay nada que hacer. Ni siquiera te puedes ir allí con un teletrabajo porque en muchos sitios ni siquiera hay una red de internet aceptable. Plantearse vivir allí es una auténtica aventura. Y si te pones enfermo es inviable porque cuando hay recortes donde primero se desmantela es en los pueblos, porque hay menos gente protestando. Fíjate que en algunas aldeas regalan casas y nadie quiere ir”.

Una calle del centro de Ourense.
Una calle del centro de Ourense.

Con los datos en la mano, Rubiera también se muestra pesimista y extiende los nubarrones a media España. Hay regiones en otros países, dice, que han convertido a la población jubilada en una industria. “Pero no es el caso. Aquí la gente joven se marcha y deprime aún más unas estructuras económicas que ya son muy endebles”. Es una pena, porque “España tenía, aún tiene, una estructura demográfica casi perfecta. Si pones en un mapa las ciudades de más de 50.000 habitantes, ves que están muy bien distribuidas. Pero tiende a desaparecer y nos vamos a quedar con dos polos, con Madrid y Barcelona. Es mucho más sostenible el modelo que había antes aunque en términos de economía de aglomeración funcione mejor lo otro”.

Ni siquiera un repunte de la inmigración arreglaría los problemas de las capitales de provincia, que además han dejado de recibir la significativa proporción del éxodo rural que emigraba a pequeños centros urbanos. “En España, la inmigración refuerza esta dinámica interna porque los extranjeros buscan lógicamente los sitios donde hay trabajo. La idea del pastor marroquí en un pueblo perdido tiene mucho impacto mediático pero es una anécdota, nada más. Lo único que consigue que las ciudades aguanten aún es que la población española es tradicionalmente muy reacia a cambiar de lugar de residencia. Pero si todo sigue así, los jóvenes no van a tener más remedio que irse”.

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