aniversario de la crisis financiera

Los 10 actos de una crisis histórica que cumple ocho años... y que se resiste a morir

Ocho años. Es el tiempo que ha pasado desde que el BCE tuvo que maniobrar de emergencia para asistir a unos bancos que se quedaban sin dinero. Fue en agosto de 2007. Y ahí comenzó la crisis

El mundo era feliz. O eso creía. El dinero lo bañaba todo. Y lo narcotizaba todo, principalmente los riesgos. Hasta que en 2007 ese sueño degeneró en una terrorífica pesadilla que traía incorporada, como las grandes crisis financieras de la historia, un crudo matiz: que era real. Desde luego, era más real que la situación previa, que fue más bien un espejismo provocado por un océano de crédito que se diseminó por todo el mundo y dio lugar a múltiples y profundos desequilibrios económicos y financieros que empezaron a quedar al descubierto durante el verano de 2007. (Los repasamos en el vídeo que encabeza esta información).

Tras varios coletazos, como la quiebra de varias hipotecarias estadounidenses a comienzos de ese año y los problemas de dos fondos de inversión de Bear Stearns en junio, el 9 de agosto de 2007 se produjo la actuación que hizo sonar el pistoletazo de salida oficial de la crisis. Ese día, el Banco Central Europeo (BCE), asustado porque los bancos se estaban quedando sin dinero, puso a su disposición con carácter de urgencia 95.000 millones de euros. En Estados Unidos, su banco central, la Reserva Federal (Fed), también reforzó la liquidez del sistema, pero con una cuantía menor que rondó los 17.500 millones de euros. 

Ya no había dudas. Si los bancos centrales habían tenido que reaccionar con tanta prisa y con tanta intensidad -como muestra, tras los atentados del 11-S al BCE le bastó con inyectar 69.300 millones para garantizar la liquidez del sistema- era porque algo gordo se estaba cociendo. No obstante, entonces no se podía ni siquiera intuir la auténtica envergadura de la crisis que se avecinaba.

Esas maniobras de agosto solo fueron el primero de los muchos actos que han tenido lugar desde entonces, aunque hay uno que sobresale por encima de todos los demás. Fue el acontecimiento que partió la crisis en dos y le proporcionó ya dimensiones históricas. Se trató de la quiebra del banco estadounidense Lehman Brothers en septiembre de 2008. Su caída provocó un auténtico terremoto financiero que se filtró automáticamente a la economía real. Como muestra de la magnitud de estas réplicas, aquellos acontecimientos fueron bautizados como la Gran Recesión, en alusión directa a que esta crisis era heredera de la Gran Depresión de los años 30 del siglo XX. 

Pero esta crisis no ha sido solo Lehman. Aunque su epicentro inicial fue financiero, no se quedó ahí. Primero se propagó a la economía real, y como consecuencia de las ayudas que los Estados proporcionaron al sector financiero y del incremento del gasto público al que recurrieron para intentar contrarrestar los efectos de la crisis, se acabó filtrando a las finanzas públicas de muchos países, hasta el punto de hacerlas insolventes. Este viaje trasladó la preocupación a la Eurozona desde 2010, porque entonces comenzó una secuencia de rescates públicos que partió de Grecia, pasó por Irlanda, Portugal, España -en este caso, con un rescate confinado al sector financiero, no total-, Chipre... y vuelta a Grecia, puesto que el país sigue sin salir del atolladero en 2015. 

El nuevo coletazo de la crisis helena, así como las crecientes dudas que envían los mercados emergentes, con China, Brasil y Rusia a la cabeza, o la incertidumbre acerca de si el mundo tolerará que los bancos centrales comiencen a subir los tipos de interés más pronto que tarde certifican que, ocho años después, esta crisis y sus ramificaciones se resisten a perecer. Su herencia será muy alargada. 

Economía

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