tras una reunión maratoniana

Europa arranca un "acuerdo unánime" que evita el 'Grexit' a cambio de duras reformas

Fumata blanca en Bruselas. Tras 19 horas de negociación, la Eurozona alcanza un acuerdo con Grecia que evita que el país salga del euro, un riesgo que ha estado sobre la mesa en las últimas horas

Tras cinco años, tras cinco largos años de negociaciones, de dos rescates por un montante total de 240.000 millones de euros, de incumplimientos, de compromisos fallidos, de recetas equivocadas, de mentiras, de medias verdades, de amenazas, de pulsos, de desafíos, de acusaciones, de la culpa es tuya, de la culpa no es mía, la relación entre Europa y Grecia, entre Grecia y Europa, se encuentra tan viciada, tan carente de confianza, que en las últimas horas ha estado cerca de acabar en una ruptura definitiva. Solo las maniobras de los jefes de Estado y de Gobierno, en una maratoniana reunión que ha batido todos los registros de duración porque arrancó a las 15 horas del domingo y se ha prolongado hasta la mañana del lunes, han permitido esquivar un accidente que parecía inevitable.

Al filo de las 9 de la mañana -es decir, apenas unos minutos antes de la apertura de los mercados bursátiles en Europa-, ambas partes por fin han podido anunciar el pacto. "La Eurocumbre ha alcanzado un acuerdo por unanimidad. Todo preparado para poner en marcha el programa del Mecanismo de Estabilidad (Mede) para Grecia con serias reformas y asistencia financiera", ha confirnado el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk.

Europa arranca un "acuerdo unánime" que evita el 'Grexit' a cambio de duras reformas

"No creo que el pueblo griego haya sido humillado ni que otros ciudadanos europeos hayan perdido. Ha sido el típico acuerdo europeo", ha sentenciado el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker. Se sella así un acuerdo que permite, por un lado, poner en marcha ese tercer rescate para Grecia y, por otro, mantener la irrevocabilidad del euro, ya que evita la salida de Grecia del euro -Grexit-.

Los líderes europeos Angela Merkel, el primer ministro griego Alexis Tsipras (d) y el francés François Hollande, de espaldas. (Reuters)
Los líderes europeos Angela Merkel, el primer ministro griego Alexis Tsipras (d) y el francés François Hollande, de espaldas. (Reuters)

Ahora bien, como ha ratificado Tusk, Europa concederá ese tercer rescate solo a cambio de duras reformas. Y ahora debe ser el primer ministro griego, Alexis Tsipras, quien se presente ante el Parlamento de su país para encontrar los apoyos precisos para empezar a poner en marcha las demandas de sus socios europeos. De lo contrario, el acuerdo se quedará en papel mojado

Máxima tensión

A la espera de conocer los detalles del pacto y del apoyo que Tsipras consiga, lo cierto es que ambas partes, tras varias interrupciones y sucesivas reuniones privadas entre Angela Merkel, François Hollande, Alexis Tsipras y el propio Tusk, han tenido la cintura suficiente para reconducir la situación. Porque, como los líderes habían avisado, esta vez "el acuerdo iba a estar muy dificil". Y no exageraban nada. 

Europa arranca un "acuerdo unánime" que evita el 'Grexit' a cambio de duras reformas

Este acuerdo constituye el epílogo a un fin de semana llamado a ser clave en la historia del euro -como así ha sido- y en el que los acontecimientos se precipitaron cuando el Eurogrupo saldó sus dos días de reuniones con la difusión de un borrador, en la tarde del domingo, que no daba lugar a términos medios: o el Gobierno de Syriza aceptaba un acuerdo que convertía de facto a Grecia en una colonia de Europa o el país tendría que irse del euro -Grexit-.

Por primera vez, en la mesa de negociaciones se le estaba enseñando la puerta de salida a un europaís para que abandonara la Unión Económica y Monetaria (UEM). "Si no hay acuerdo, Grecia debe negociar mientras se mantiene temporalmente fuera del euro...", recogía el documento del Eurogrupo. Aunque este punto aún era provisional -figuraba entre corchetes en el borrador-, la intención de su presencia resultaba evidente: no estaba ahí por casualidad, sino para que quedara constancia del límite al que habían llegado las cosas y de la profunda desconfianza abierta entre Grecia y sus acreedores tras la consulta del 5 de julio

Es más, para rematar semejante dilema, el documento terminaba esa frase así: "...fuera del euro, con una posible reestructuración de deuda". Es decir, vinculaba el alivio a la deuda pública por el que tanto suspira el Gobierno de Alexis Tsipras... con el Grexit. Si no era una invitación para que el Gobierno de Syriza diera ese paso, se le parecía mucho.

Reunión de líderes europeos. Sentado en la mesa, Mariano Rajoy, presidente del Gobierno español. (Reuters)
Reunión de líderes europeos. Sentado en la mesa, Mariano Rajoy, presidente del Gobierno español. (Reuters)

La hora de los matices

Finalmente, cuando el borrador pasó de la mesa del Eurogrupo a la de los líderes europeos, ese punto desapareció. El Grexit, por tanto y pese a la insistencia alemana, aún no tiene cabida en los comunicados. O lo que es lo mismo, los jefes de Estado y de Gobierno ratificaron que Grecia deberá hacer más reformas que las presentadas por el primer ministro heleno, Alexis Tsipras, pero tendieron los puentes suficientes como para evitar un Grexit casi inmediato. 

En cambio, otras partes del borrador sí permanecieron. La primera, que Tsipras no tendrá tiempo que perder para aplicar sus primeras reformas. Cuando Atenas formuló oficialmente la petición del tercer rescate, aseguró que podría poner en marcha las medidas desde este lunes. Y Europa le ha tomado la palabra, porque le ha dado de plazo hasta el 15 de julio, para legislar sobre "un primer paquete de medidas" vinculadas a la subida del IVA, la ampliación de la base imponible para recaudar más con los impuestos o la reforma de las pensiones. Es decir, tiene hasta el miércoles para lograr el respaldo del Parlamento griego. Si lo consigue, Europa pondrá en marcha definitivamente el engranaje del rescate. 

Otra fricción aludía al Fondo Monetario Internacional (FMI). El Gobierno de Syriza no lo quiere en el tercer rescate. Pero probablemente no le quedará otra alternativa que aceptar su presencia. Por dos motivos: primero, porque así lo exige el Mecanismo de Estabilidad (Mede), que es el vehículo a partir del cual se articulará el tercer rescate -si llega; y segundo, porque así lo pretende también Europa.

Los ministros de Economía y Finanzas de la Eurozona le exigen también a Tsipras que agrupe activos griegos valorados en 50.000 millones de euros y los transfiera a un fondo que, en un principio, iba a estar en Luxemburgo, pero que se quedará finalmente en Grecia. La misión de esta maniobra es que Atenas, bajo estricta supervisión europea, privatice esos activos para recapitalizar sus bancos, financiar inversiones y reducir su deuda. Es decir, como la Eurozona no se fía del primer ministro griego, le pide que ponga estos activos -bancos, empresas, inmuebles...- como garantías o avales del rescate, con lo que Europa va un paso -mayúsculo- más allá con respecto a los anteriores rescates.

Más dinero... de extrema necesidad

La cuestión es, ¿y Tsipras? ¿Qué dice de unas condiciones que superan a las que él recogía en sus propuestas y que quebrantan el espíritu del resultado del referéndum? "Hemos luchado hasta el final", ha declarado, para luego defender que el acuerdo sentará las bases de la recuperación y acabará con la asfixia financiera del país. Aunque ha concedido que el acuerdo "es duro", lo cierto es que contaba con un margen escaso, ya que el primer ministro griego estaba contra las cuerdas. Con el cierre de los bancos y el corralito poniendo contra las cuerdas a los griegos y sin euros en las arcas públicas para afrontar sus pagos en esta moneda, o aceptaba las condiciones europeas o Grecia tendria que salir del euro para reabrir sus bancos y afrontar sus pagos en otra divisa. 

Por tanto, y pese a sus reticencias iniciales, Tsipas ha aceptado esas tres exigencias: implantar ya las primeras medidas, tolerar la participación del FMI y dotar ese fondo con 50.000 millones de euros en activos helenos. Estas concesiones por parte del líder de Syriza han hecho posible el acuerdo final, aunque posiblemente le pasarán factura -a él y a su Gobierno- en el Parlamento heleno. Y ya no solo por todo lo que tiene que aceptar, sino también porque la reestructuración de la deuda pública helena queda aparcada hasta más adelante. En concreto, la canciller alemana, Angela Merkel, ha concedido que el alivio de la deuda helena, mediante un alargamiento de los plazos y no con una quita, se tratará una vez se produzca la primera revisión del tercer rescate que ahora -salvo sorpresa- se pondrá en marcha. 

Europa arranca un "acuerdo unánime" que evita el 'Grexit' a cambio de duras reformas

Las reacciones en el propio Ejecutivo griego no se han hecho esperar. El ministro de Trabajo griego, Panos Skurletis, ya se ha pronunciado. En su opinión, habrá elecciones anticipadas a lo largo de este año, . ¿Y mientras tanto? O bien habrá un Gobierno de amplia coalición o bien se buscarán apoyos puntuales de la oposición para poder aplicar las reformas acordadas con la Eurozona, pronostica. "En este momento hay un problema con la mayoría gubernamental", señaló Skurletis en declaraciones a la televisión pública, en alusión a las disidencias internas que ha provocado la negociación con los socios.

Pero es que el dinero aprieta, y mucho, a Grecia, tal como el Eurogrupo también se encargó de constatar. Calculó que Atenas necesita 7.000 millones para el 20 de julio y otros 5.000 millones más para mediados de agosto. También pronostica que las entidades helenas necesitarán entre 10.000 y 25.000 millones para recapitalizarse. En total, prevén que el país necesitará una asistencia financiera comprendida entre los 82.000 y los 86.000 millones de euros. 

Pero todo se acabará para Grecia dentro del euro si no consigue esos primeros 7.000 millones, de ahí que, a raíz del acuerdo, Europa haya ofrecido un crédito puente para que Atenas reciba esa cantidad y, fundamentalmente, pueda pagar al Banco Central Europeo (BCE) los algo más de 4.000 millones de euros que debe devolverle el 20 de julio. 

Por el momento, y después de que Europa y Grecia hayan evitado la ruptura, el BCE no será quien pulse el botón rojo y mantendrá el acceso de la banca griega a la Provisión de Liquidez de Emergencia (ELA, en sus siglas en inglés). Con el acuerdo sobre la mesa, no le cerrará esa ventanilla de financiación de urgencia. E incluso irá más allá: elevará el dinero que las entidades pueden lograr mediante esta vía. Pero antes querrá ver hechos. Y estos pasan ahora por Tsipras y la necesidad de que no encuentre problemas en su Parlamento para poner en marcha ya las reformas. 

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