LA AIE RESUCITA VIEJOS FANTASMAS

La demanda de energía crecerá un 37% hasta 2040 en pleno cierre de nucleares

Lo dice la AIE en su informe anual. “El sistema energético mundial corre el peligro de no colmar las esperanzas y expectativas puestas en él”

Foto: Central petroquímica en Alemania. (Reuters)
Central petroquímica en Alemania. (Reuters)

Lo dice la Agencia Internacional de la Energía (AIE) en su último informe anual. “El sistema energético mundial corre el peligro de no colmar las esperanzas y expectativas puestas en él”. ¿Qué quiere decir esto? Pues ni más ni menos que los diferentes conflictos regionales: Ucrania-Rusia, Oriente Medio…, han vuelto a resucitar viejos fantasmas desconocidos desde los años 70, como sostiene la AIE. En particular debido a la “agitación” que se produce en algunos países productores de crudo.

La parte positiva, asegura la agencia, es que los avances tecnológicos y la eficiencia energética están dando un respiro. Hasta el punto de que en el escenario central la demanda de energía en el mundo crecerá apenas un 1% desde el año 2025, la mitad de lo que ha aumentado en las dos últimas décadas. Aun así, la AIE estima que la demanda de energía mundial crecerá un 37% hasta 2040. La causa de esta ralentización del consumo tiene que ver con los profundos cambios estructurales que se están produciendo en la economía mundial “hacia los servicios y los sectores industriales más ligeros”.

Estos cambios afectan, sobre todo, a las economías más avanzadas. Pero en ningún modo a las economías emergentes. De hecho, la Agencia estima que a principios de la década de 2030 “se alcanzará un hito” cuando China pase a convertirse en el primer consumidor de petróleo del planeta, por encima, incluso, de EEUU. Por el contrario, la demanda norteamericana caerá “hasta niveles no registrados durante décadas”.

Según las previsiones de la AIE, a largo plazo se consolidan cuatro fuentes de energía cuyo peso será prácticamente idéntico: petróleo, gas, carbón y renovables. Este mix energético influirá de forma decisiva en el calentamiento global, que seguirá imparable. Hasta el extremo de que la temperatura media subirá 3,6 ºC a largo plazo.

La AIE realiza una comparación que pone de relieve el grado de utilización de los combustibles sólidos en función de las regiones. Por cada barril de petróleo que se deja de usar en los países de la OCDE, se utilizarán dos  más en los no pertenecientes a la OCDE. El resultado de esta combinación es que a largo plazo el consumo de petróleo crecerá hasta los 104 millones de barriles diarios (frente a los 90 millones actuales). Ello obligará a invertir unos 714.000 millones de euros anuales hasta la década de 2030 en exploración y producción de petróleo y gas para satisfacer la demanda prevista. Y es que, según la AIE, “el número de coches y camiones en las carreteras del mundo se duplicará de aquí a 2040”.

La Agencia Internacional de la Energía ofrece una explicación del ‘éxito’ de las energías fósiles frente a las de baja emisión de CO2. Las subvenciones a los combustibles fósiles sumaron un total de 436.500 millones de euros en 2013, lo que supone más del cuádruple de las ayudas a las energías renovables. Su conclusión es que “están frenando las inversiones en eficiencia energética y en renovables”. Según sus cálculos, sin embargo, las energías renovables también capturaron muchas subvenciones en el planeta, principalmente en las economías más avanzadas. En concreto, algo más de 95.000 millones de euros.

Problemas de desabastecimiento

En cuanto al gas natural, su consumo aumentará más de la mitad, lo que constituye el ritmo de crecimiento más rápido entre los combustibles fósiles. Se considera que, para evitar problemas de desabastecimiento por las tensiones geopolíticas, se utilizará más el gas natural licuado (GNL), cada vez más flexible.

Respecto al carbón, la demanda mundial aumentará cerca de un 15% hasta 2040, pero casi dos tercios de este aumento se registrarán durante los próximos diez años. La demanda china de carbón se estabilizará en poco más del 50% del consumo mundial, “antes de ceder terreno a partir de 2030”.

El informe de la AIE dedica una especial importancia a la energía nuclear y, en este sentido, estima que la capacidad mundial aumentará casi un 60% en el escenario central. Desde 392 GW en 2013 hasta más de 620 GW en 2040. Sin embargo, sostiene la agencia, su proporción en la generación de electricidad mundial, que hace casi dos décadas alcanzó el nivel máximo, aumentará sólo un punto porcentual, llegando al 12%.

La causa de esta evolución tiene que ver con un comportamiento muy desigual en función de cada territorio. China representará nada menos que el 45% del crecimiento de la energía nuclear, mientras que la India, Corea y Rusia supondrán colectivamente un 30%. La generación aumentará un 16% en EEUU, se reactivará ligeramente en Japón (aunque no hasta el nivel previo al accidente de Fukushima) y caerá un 10% en la Unión  Europea (UE).

La AIE, en todo caso, apuesta de forma clara por la energía atómica. Y recuerda que la energía nuclear “es una de las pocas opciones disponibles para reducir las emisiones de CO2 a la vez que se proporcionan o reemplazan otras formas de producción de base”.

Evolución de la capacidad nuclear por regiones.
Evolución de la capacidad nuclear por regiones.

Calcula que la energía nuclear ha evitado la emisión de unas 56 gigatoneladas de CO2 desde 1971, o el equivalente de casi dos años de emisiones mundiales totales al ritmo actual. Sin embargo, sostiene, casi 200 reactores (de los 434 operativos a finales de 2013) se retirarán de aquí a 2040, la  mayor parte en Europa, EEUU, Rusia y Japón. Y el reto de compensar el déficit de generación será “especialmente peliagudo en Europa”. LA AIE calcula que el mundo se gastará unos 79.000 millones de euros en el desmantelamiento de centrales nucleares hasta 2040.

La Agencia, sin embargo, muestra su preocupación por el hecho de que hasta la fecha “ningún país ha abierto una instalación de almacenamiento permanente para aislar los desechos más duraderos y de alta actividad producidos por reactores comerciales”.

Y de ahí que reclame que todos los países que han producido alguna vez desechos radiactivos “deberían tener la obligación de desarrollar una solución  para su almacenamiento permanente”.

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