el bundesbank PIDE castigar la deuda pública

Guerra abierta entre España y Alemania por la dureza de los test de estrés de la banca

Las autoridades germanas contraatacan y piden que se penalice la alta exposición a la deuda pública que mantienen las entidades bancarias de nuestro país

Foto: Angela Merkel, Mariano Rajoy y Luis de Guindos (EFE)
Angela Merkel, Mariano Rajoy y Luis de Guindos (EFE)

Los nuevos test de estrés de la banca europea han provocado el estallido de un nuevo enfrentamiento entre los Gobiernos de España y Alemania. Hasta ahora, era nuestro país quien defendía que los ejercicios fueran duros, como los realizados aquí por Oliver Wyman el año pasado. Pero ahora son las autoridades alemanas las que han encontrado un flanco para contraatacar: la enorme exposición a deuda pública de la banca española, que creen que debe ser penalizada en estos ejercicios, lo que puede ser catastrófico para nuestro sistema financiero justo cuando empieza a levantar cabeza.

El ministro de Economía español, Luis de Guindos, había pedido que la dureza con que se realizó el ejercicio español que determinó la cuantía del rescate (41.300 millones finalmente) se trasladara a los test a los que someterá el BCE el próximo año a todas las entidades europeas que pasarán a estar supervisadas por este organismo. Esta pretensión se deriva de que, si  hay algo de lo que puede presumir España respecto a su reforma financiera, es la transparencia y el rigor de los test de estrés. Por el contrario, Alemania (secundada por Francia e Italia) prefería unos ejercicios más laxos que no saquen a la luz las vergüenzas de sus bancos, que según todos los analistas guardan en sus balances miles de millones en activos tóxicos (entre ellos titulizaciones hipotecarias españolas a tipos irrisorios) que no desean que salgan a la luz para que no se cuestione la solidez del sistema.

Sin embargo, el argumento español se ha vuelto contra nuestra banca por su gran punto débil: la exposición a la deuda pública. Las autoridades alemanas entienden que, si se quiere que los test sean duros, deben serlo en todos los aspectos, incluido éste. Por eso, saltaron las alarmas el lunes pasado, cuando el vicepresidente de la autoridad monetaria, Vítor Constâncio, no descartó esta penalización ante los presidentes y consejeros delegados de las grandes entidades españolas. "La decisión se tomará en enero", les dijo, esto es, que no está descartada esa penalización como pensaban hasta ahora.

La penalización es una petición recurrente del Bundesbank. Su presidente, Jens Weidmann, ha advertido en diversas ocasiones sobre el riesgo que supone este vínculo entre Gobiernos y entidades, y ha reclamado un cambio regulatorio para que la deuda pública no esté considerada un activo libre de riesgo. A su juicio, no debe concederse un trato preferente a la deuda soberana en comparación con otros títulos de deuda o créditos a empresas. Es decir, que no sólo se penalice en los ejercicios de resistencia, sino también en el consumo de capital de los bancos.

"La inversión en deuda reduce el crédito"

Además, el banco central germano pretende que se distinga entre la deuda soberana de su país y la de los periféricos. Es lo que ellos denominan "hacer valer la triple A". "No tiene sentido que se dé el mismo tratamiento a títulos calificados como AAA que a otros que tienen un rating de BBB, como España; estos activos no tienen el mismo riesgo según las agencias y, por tanto, no se les puede considerar a todos de riesgo cero por igual, sino sólo a los que tienen la máxima calificación", es el argumento esgrimido desde Alemania.

Jens Weidmann, presidente del Bundesbank.
Jens Weidmann, presidente del Bundesbank.
La reclamación de Weidmann tiene raíces más profundas que una mera pelea por los test de estrés. En su último informe mensual, el Bundesbank se escandaliza de la estratosférica subida de las posiciones de la banca en deuda española: 133.000 millones en dos años, hasta situarse en torno a los 300.000 millones en la actualidad. Esto se explica por el famoso carry trade con el que nuestras entidades están 'apañando' sus cuentas, que consiste en tomar prestado dinero muy barato en la barra libre de liquidez del BCE, al 0,75%, e invertirlo en deuda pública, que no consume capital y que paga unos intereses superiores al 4%. Y el banco central alemán culpa a esta práctica de la caída del crédito al sector privado, ya que las entidades prefieren destinar la liquidez a esta lucrativa actividad que trasladarla a la economía real asumiendo nuevos riesgos cuando la morosidad está por las nubes (de hecho, es superior a la declarada oficialmente).

Los bonos están en beneficios, pero...

Ante esta amenaza, la banca española ha reaccionado ofreciendo argumentos al Gobierno para evitar esta penalización. El principal es que la mayoría de los bonos españoles que tienen en cartera cotizan con ganancias (por encima de la par) gracias a la fortísima caída de las rentabilidades en el último año y la consiguiente reducción de la prima de riesgo con Alemania. Es decir, no tiene sentido penalizar un activo que está en beneficios y tratarlo como si fueran créditos morosos. Pero la respuesta a este razonamiento es sencilla: un test de estrés es por definición un ejercicio de simulación de un escenario peor que el actual (escenario adverso o estresado) y ese escenario debe asumir una nueva caída de los precios de los bonos y un aumento de las rentabilidades.

Si estos argumentos no tienen éxito y finalmente el Bubdesbank impone sus criterios, el resultado puede ser desastroso para algunas de nuestras entidades, que pueden ver que su envidiable posición de solvencia actual (máxime después de que se salven los DTA, activos fiscales diferidos) se viene abajo y necesitan captar más capital de forma totalmente inesperada. Algunas fuentes del sector confían en que el Ejecutivo español llegue a un pacto con el alemán para "no hacerse daño mutuamente".

En todo caso, algunos movimientos recientes de la banca española se han interpretado como una preparación ante esta penalización.Como ha informado El Confidencial, esta posibilidad se puso sobre la mesa con motivo de la venta de 5.000 millones de deuda pública (una quinta parte de su cartera) por parte del Popular. En la reciente conferencia anual de Banca y Seguros que organiza Merrill Lynch en Londres, los ejecutivos de esta entidad sembraron el temor al explicar que este movimiento obedecía a los posibles cambios tanto en el cómputo de la deuda pública a efectos de consumo de capital –de cero a un porcentaje 'X'– como por la amenaza de la Autoridad Bancaria Europea de endurecer el tratamiento de la financiación procedente del BCE en los test de estrés.

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