EN LOS TEST DE ESTRÉS DEL PRÓXIMO AÑO

El BCE abre la puerta a penalizar las fuertes posiciones de la banca en deuda pública

La reunión del presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, con los presidentes o consejeros delegados de los principales bancos españoles dejó un mensaje muy inquietante

Foto:  El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi. (EFE)
El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi. (EFE)

La reunión del presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, con los presidentes o consejeros delegados de los principales bancos españoles dejó un mensaje muy inquietante para nuestras entidades: los test de estrés pueden penalizar sus enormes posiciones en deuda pública. Este es el mayor temor de la banca española y hasta ahora se daba por hecho que no habría ninguna penalización. Aparte, el BCE reafirmó que no se espera que ninguna entidad española suspenda después del duro ejercicio realizado en España el año pasado y de la consiguiente inyección de fondos al sector. En todo caso, anunció que quien suspenda tendrá que recapitalizarse de forma inmediata aunque sea con dinero público, es decir, que no se le concederá ningún plazo para presentar un plan como hasta ahora.

La cuestión de la deuda pública es crucial puesto que la banca española ha incrementado exponencialmente su exposición a ella hasta superar los 250.000 millones, o dicho de otro modo, se ha convertido en el principal financiador de las ingentes emisiones del Tesoro para financiar un déficit público que este año tampoco va a cumplir los objetivos, según las estimaciones de la Comisión Europea. Esto significa que, si estas posiciones reciben un haircut en los ejercicios de estrés, nuestras entidades sufrirán un duro castigo y algunas de ellas podrían suspender el ejercicio, con lo que deberían ser recapitalizadas. 

De momento, ayer Yves Mersch, miembro del Consejo Ejecutivo del BCE, anunció públicamente que la deuda pública no penalizará en la revisión de la calidad de los activos de los bancos (AQR por sus siglas en ingles), el paso previo a los test de estrés. Pero no dijo nada respecto a estos ejercicios, que son los que verdaderamente importan. Y en la reunión con los banqueros españoles se les comunicó que "la decisión se tomará en enero", esto es, que no está descartada esa penalización, sino que todavía hay posibilidades de que se aplique. 

Esta penalización es una petición recurrente del Bundesbank. Su presidente, Jens Weidmann, ha advertido en diversas ocasiones sobre el riesgo que supone este vínculo entre Gobiernos y entidades y ha reclamado un cambio regulatorio para que la deuda pública no esté considerada un activo libre de riesgo. Es decir, que no sólo se penalice en los ejercicios de resistencia, sino también en los balances de los bancos.

El presidente del Bundesbank, Jens Weidmann. (Efe)
El presidente del Bundesbank, Jens Weidmann. (Efe)
Como ha informado El Confidencial, esta posibilidad se puso sobre la mesa con motivo de la venta de 5.000 millones de deuda pública (una quinta parte de su cartera) por parte del Popular. En la reciente conferencia anual de Banca y Seguros que organiza Merrill Lynch en Londres, los ejecutivos de esta entidad sembraron el temor al explicar que este movimiento obedecía a los posibles cambios tanto en el cómputo de la deuda pública a efectos de consumo de capital –de cero a un porcentaje X– como del origen de los mismos,  es decir, la amenaza de la Autoridad Bancaria Europea de endurecer el tratamiento de la financiación procedente del BCE en los test de estrés, penalizando a las instituciones que más dependan de ella. Oficialmente, el Popular sostiene que el movimiento supone una vuelta a la normalidad tras un exceso de exposición temporal.

Como es sabido, la mayor parte de la deuda pública en manos de los bancos se adquiere con financiación del BCE, en lo que se conoce como carry trade. Es decir, se toma prestado dinero en la barra libre del BCE al 0,5% (0,25% tras la reciente bajada de tipos) y con él se compra deuda pública que tiene una rentabilidad superior al 4%, con lo que el banco gana la diferencia. Por tanto, si se penaliza la apelación al BCE (que supera los 240.000 millones), la banca española también saldrá notablemente perjudicada, puesto que se ha lanzado alegremente a esta operativa para compensar el desplome de los márgenes del negocio tradicional.

Recapitalización fulminante

Según algunos de los asistentes a la reunión en Fráncfort, fue el vicepresidente de la autoridad monetaria, Vítor Constâncio, quien llevó la voz cantante frente a lo más granado de nuestro sector financiero. El portugués reafirmó los planes del BCE de asumir la supervisión de las grandes entidades europeas el próximo año y de completar la unión bancaria, aunque eso requerirá una unificación de unas normas financieras muy dispares en los distintos países de la zona euro. El punto más delicado es el cálculo de los activos ponderados por riesgo (APR), el denominador del ratio de capital, que en España es mucho más estricto que en la mayoría de los países. Es decir, en España este denominador es mayor (los activos se consideran más arriesgados aunque sean los mismos) y eso requiere que nuestras entidades tengan más capital que las extranjeras, lo que penaliza su rentabilidad.

En todo caso, se mostró confiado en que las entidades españolas aprobarán sin problemas el examen después de que la mayoría superase el realizado el año pasado por Oliver Wyman en nuestro país y de que se hayan recapitalizado aquellos que lo suspendieron (e incluso algunos que lo aprobaron, como Sabadell). Ahora bien, Constâncio avisó a los banqueros de que quien suspenda el ejercicio tendrá que recapitalizarse de forma inmediata, lo que prácticamente le condena a ser nacionalizado, frente a la política actual de obligar a la entidad a presentar un plan para recapitalizarse en un plazo más o menos largo.

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