LANZA UN MANIFIESTO PARA LA FUSIÓN DE LAS DOS CENTRALES MAYORITARIAS

Un sector de CCOO impulsa la fusión con UGT

El debate está lanzado. No es nuevo, pero históricamente ha sido una de las ‘comidillas’ en el mundo sindical. Y  no es otro que la posibilidad

Foto: Un sector de CCOO impulsa la fusión con UGT
Un sector de CCOO impulsa la fusión con UGT

El debate está lanzado. No es nuevo, pero históricamente ha sido una de las ‘comidillas’ en el mundo sindical. Y  no es otro que la posibilidad de que CCOO y la Unión General de Trabajadores (UGT) -que representan el 90% de la afiliación sindical en España- avancen en un proceso de unidad orgánica que vaya mucho más allá que la simple unidad de acción.

El encargado de relanzar la idea ha sido José Luis López Bulla, antiguo secretario general de CCOO en Cataluña, y con gran peso en el sindicato, aunque sin cargo dentro de la organización (182.470 afiliados). López Bulla ha impulsado una especie de manifiesto en el que asegura que “ya no hay motivos -ni históricos ni actuales- que impidan el planteamiento de la unidad sindical orgánica”.  En su opinión, “puede haber aprensiones personales, pero no razones de incompatibilidad sindical entre una y otra organización”.

El alegato, suscrito también por Gabriel Jaraba,  parte de un riesgo para el movimiento sindical. A medida que avanza el siglo, existe un peligro cierto de que el trabajo pierda la centralidad de las relaciones sociales en favor del capital y de la economía financiera, con lo que ello supone de pasar de unos “ciudadanos titulares de derechos” a otra realidad en la que los ciudadanos sean “súbditos sujetos al albur de los mercados”.

“¿Alguien se atreve a soñar en irrumpir en las batallas del siglo XXI bajo la bandera de un flamante sindicalismo unitario? ¿Acaso no es mejor que mirar hacia otro lado mientras cae la que está cayendo?”, se preguntan los autores del manifiesto.

La propuesta, como se ha dicho, no es nueva, pero tampoco la reacción de las cúpulas sindicales, empeñadas en darle a la unidad de acción un carácter estratégico, pero sin que ello suponga por ahora avanzar en la integración de ambas organizaciones. En palabras de un alto responsable de CCOO, “cada uno venimos de donde venimos”, y hoy por hoy lo importante es gestionar el conflicto entre capital y trabajo, pero “sin forzar” los acontecimientos. “Cada organización hace sus reflexiones y lo importante es reforzar la unidad de acción aprovechando de la mejor manera las sinergias y los marcos comunes”. No sólo “a nivel confederal” sino también “en las bases”, que es donde normalmente surgen más problemas para materializar la unidad de acción.

‘Patriotismo de siglas’

En esta misma línea se manifiesta otro veterano líder de la Unión General de Trabajadores con gran influencia intelectual en el sindicato. Admite la existencia de un “patriotismo de siglas” y eso hace “prácticamente imposible” cualquier proceso de fusión. En su opinión, “una buena unidad de acción es suficiente, e incluso advierte de que si se intenta crear un solo sindicato, “es probable que en vez de dos tengamos tres” porque algunos sectores descontentos con el proceso de fusión se decidan por crear nuevas centrales.

Este dirigente sindical, incluso, cuestiona los procesos de fusión que se han celebrado en  el seno de las federaciones de industria, tanto de UGT como de CCOO, y que al final han provocado una dilución de las organizaciones más pequeñas en favor de las grandes dentro de aparatos burocráticos de mayor tamaño.

Para este dirigente sindical, la experiencia de lo que ha pasado en el exterior no invita al optimismo. En Italia se ha roto la unidad de acción frente a la política de Berlusconi, y algo parecido ha sucedido en Francia, donde la tradicional división entre sindicatos de raíz comunista, socialista o democristiana se mantiene.

En España, la unidad  de acción va mucho más allá que una simple estrategia conjunta. De hecho, aunque UGT y CCOO compiten en los tajos por lograr el mayor número de sindicatos, a la hora de repartir las subvenciones del Estado hace años que llegaron a un acuerdo para distribuirlas al 50%, independientemente de los resultados. La decisión se tomó después de que en los primeros años 90 los dos sindicatos mayoritarios se enzarzaran en una batalla (la llamada guerra de los 200.000 preavisos) que a punto estuvo de romper la unidad de acción, santo y seña de ambas organizaciones desde que a mediados de los años ochenta el anterior secretario general de UGT, Nicolás Redondo, se alejara del PSOE.

Según sus datos, entre los dos sindicatos suman alrededor de 2,4 millones de afiliados (1,2 millones cada organización), lo que representa alrededor del 16% del conjunto de asalariados. Con mayor presencia relativa en el sector público que en el privado.

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