El deportista a seguir | El pupilo avanzado de Nadal que quiere plantar cara al todopoderoso Djokovic
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EL ATLETA DEL MOMENTO

El deportista a seguir | El pupilo avanzado de Nadal que quiere plantar cara al todopoderoso Djokovic

Un espacio en el que destacaremos a ese deportista con menos nombre, pero que lo tiene todo para ocupar grandes titulares y que queda eclipsado por las estrellas de (casi) siempre

Foto: Casper Ruud es uno de los tenistas del momento. (EFE/EPA/Alessandro di Marco)
Casper Ruud es uno de los tenistas del momento. (EFE/EPA/Alessandro di Marco)

No es algo demasiado habitual, pero cada vez ocurre más: estás viendo un deporte y, de repente, alguien te llama la atención. Lo hace por su éxito e, inmediatamente, lo relacionas con su nombre, que te lleva a hacerte una pregunta: ¿qué hace un atleta de una determinada nacionalidad destacando entre los mejores en un deporte sin predicamento -y muchas veces denostado- en su país? En España ha ocurrido con nombres como Javier Fernández (patinaje), Gisela Pulido (kitesurf), Damián Quintero y Sandra Sánchez (kárate) o Ander Mirambell (skeleton), entre muchos otros. Pero, ahora, un 'desconocido' hace lo propio en tenis.

Sin duda, entre los nombres anteriores, uno destaca con letras mayúsculas: Carolina Marín. La deportista onubense es una leyenda viva de nuestro deporte, marcando una época en el bádminton mundial. Es un deporte con no mucha tradición en Europa y, por supuesto, mucho menos en España, por lo que no solo ha tenido que luchar para competir, sino que se ha tenido que abrirse camino entre todas las dificultades para llegar a lo más alto. Y, a base de pundonor, buen juego y una fe inquebrantable ha roto el dominio asiático para hacer historia: tres Mundiales y un oro olímpico -amén de cinco Europeos- la han coronado como una leyenda de su deporte.

Foto: Caqueret, el 'calco'de Modric. (Reuters/POOL/Franck Fife)

Por todo eso, la reflexión es clara: ¿qué es lo que lleva a un atleta de un país con poca tradición en un determinado deporte a practicarlo? Y una pregunta aún más difícil de responder: ¿cómo, sin medios de ningún tipo, no solo logra competir al más alto nivel, sino que llega a convertirse en historia viva de su deporte? Ese es, precisamente, el caso que nos atañe ahora, que intentaremos atajar con una cuestión al lector: ¿sabría decir un solo jugador noruego de tenis? (No, Bjorn Borg era sueco). Exacto, posiblemente no encontrará ninguno... porque tan solo un jugador ha logrado hacer historia. Él y su padre, quien le enseñó el amor por este deporte.

Se trata de Casper Ruud que es, junto al español Carlos Alcaraz, una de las grandes revelaciones del deporte en 2021. Con solo 22 años, ya es octavo en el ránking de la ATP y este sábado se cayó ante Daniil Medvedev en 'semis' de las ATP Finals, algo que no desluce su gran curso. El noruego ha llegado al circuito para quedarse y, después de un par de años de adaptacion, esta temporada ha sido la de su consagración, en la que ha demostrado que será uno de los tenistas del futuro -y ya presente- que peleará por hacerse con el trono del todopoderoso Novak Djokovic. Y, por supuesto, es el pupilo más avanzado del gran Rafa Nadal.

Casper Ruud ha estado ligado al tenis desde que fuera un bebé. No en vano, hasta su irrupción al más alto nivel, su padre era el mejor tenista de la historia de su país, donde Christian Ruud llegó a ser el 39º del mundo, por lo que desde que era un crío ha estado ligado a este mundo. Por simple imitación, desde pequeño cogió una raqueta y pronto demostró que tenía cualidades suficientes como para mejorar los pasos de su progenitor. Pero, curiosamente, en sus primeros años no destacó como jugador júnior: nunca pasó de tercera ronda en un 'grande' y parecía que le costaba dar el salto definitivo. Fue entonces cuando todo cambió.

El año de su explosión fue 2016: empezó a brillar en torneos menores, lo que le llevó a convertirse en el número uno de la categoría. Pronto se decidió a jugar torneos Challengers y Futures, alcanzando siete finales -con tres títulos- en solo un año. Dio el salto a profesionales y, en cuestión de meses, pasó del puesto 208 al 133 de la ATP. Su progresión parecía imparable... pero, de repente, se frenó en seco. Tras un par de años dubitativos, tomó una decisión que cambió su carrera: se enroló en la Rafa Nadal Academy con el objetivo de convertirse en un jugador más completo... y acertó de pleno. En cuestión de meses, su mejora se hizo evidente.

Se convirtió en un jugador todoterreno, con un terrible golpeo desde el fondo de la pista, una de las mejores derechas del circuito y un revés a dos manos difícil de frenar... y llegó 2020. Comenzó a escalar posiciones en la ATP a pasos agigantados y, en marzo, se metía entre las mejores 100 tenistas del mundo. Solo un año después, ganaba su primer título ATP en Buenos Aires y se aupaba al número 38, mejorando el mejor registro de su padre, hasta su explosión esta temporada: tres 'semis' (Madrid, Montecarlo y Múnich) y cuatro títulos (Ginebra, Bastad, Gstaad y Kitzbühel) le han llevado al número 8 de la ATP. Y está dispuesto a cerrar el año con broche de oro.

No solo está considerado como la gran revelación del año, sino que es un jugador versátil, con gran adaptación a todas las superficies y con una de las mentes más fuertes del circuito (¿de quién lo habrá aprendido?). El pupilo de Nadal es el tenista más avanzado de su academia y ha firmado una temporada de ensueño. Noruega nunca ha destacado por el nivel de su tenis pero, ahora, tiene a uno de los jugadores más prometedores de todo el circuito. Un joven dispuesto a derribar barreras y demostrar que puede ser número uno. Eso sí, con el permiso de su mentor, un Rafa Nadal que sabe que 'ha creado' un diamante.

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