venció en sidney su primer torneo atp

Cuando se abuchea a Nadal por Álex de Miñaur, el rival de Rafa que pudo ser español

De Miñaur, que jugará con Nadal en tercera ronda, tiene madre española y ha pasado buena parte de su vida en Alicante, pero nació en Australia y su federación le ha pagó su carrera deportiva

Foto: Álex de Miñaur, en Australia. (Reuters)
Álex de Miñaur, en Australia. (Reuters)

"Es casi español" [abucheos de la grada]. Rafa Nadal, después de eliminar a jugadores locales en la primera y en la segunda ronda, se enfrenta a Álex de Miñaur en tercera ronda. La afición de la central le abronca cuando habla de su procedencia porque, a todos los efectos, y si de tenis hablamos, el chico es australiano. Esa es la bandera que sale junto a su nombre en todos los torneos y el país al que representa en Copa Davis. También una parte de su biografía, de Miñaur no es un nacionalizado como tantos otros que se ve, él tiene una historia personal duradera y sólida con el país oceánico. Y, siendo todo eso así, el comentario de Rafa Nadal no está mal tirado.

Casi español porque su madre lo es y porque buena parte de su vida la pasó en España. Nació en Australia, donde sus padres habían emigrado y tenían primero un lavadero de coche, después un restaurante. Por problemas en los negocios, cuando Álex -cuyo padre es uruguayo, para complicarlo todavía más- tenía cinco años retornaron a España. Eso supuso que el niño pasase buena parte de su infancia y adolescencia en Alicante. Allí cogió su primera raqueta y aprendió a jugar al deporte que, años después le vería como una de sus mayores promesas.

Porque por el momento este texto se ha dedicado a desentrañar la nacionalidad de Álex, pero si la imagen es solo del presente nos encontramos ante una de las promesas más sólidas del tenis mundial. Tiene 19 años y la semana pasada, en Sidney, consiguió el primer título de ATP de su carrera. La temporada anterior ya dejó muestras de tener mucho talento. Khachanov, Tsitsipas y, por descontado, Zverev, suenan ahora como el recambio de las leyendas que en algún momento decaerán. Son todos muy jóvenes y con mucho talento. La generación intermedia, la de Bernard Tomic o Pablo Carreño, nunca parció reclamar su puesto. Así que hay que suponer que serán estos los que marquen el futuro.

Y de los jóvenes, lo más parecido a un español, es De Miñaur. De hecho, podría haber escogido perfectamente representar a España, no le faltan argumentos, pero optó por el país oceánico por un motivo sencillo de entender: ellos sí le ayudaron en su carrera. Ser tenista profesional no solo es difícil desde el punto de vista deportivo, también lo es con una perspectiva económica. De Miñaur, para llegar a donde está ahora, no solo tenía que superar a cientos de niños con la misma ambición, también necesitaba tener los recursos necesarios para los entrenadores, los fisioterapeutas y los viajes. Son miles y miles de euros, mucho más de lo que puede aceptar una familia humilde. En ese trance, Australia dio un paso adelante y España no.

Por qué australiano y no español

Le dieron plaza en un centro de Alto Rendimiento, le cortejaron estrellas como Lleyton Hewitt y terminó teniéndolo muy claro. Ahora es fácil lamentarse y preguntar por qué la federación española no pujó contra la australiana, si este chico es un excelente jugador que puede dar grandes alegrías al país oceánico. El comentario es lógico, pero quizá también algo injusto, porque para entender el desarrollo de la cuestión no está de más saber cómo funciona el tenis mundial.

Primero, niños como De Miñaur no hay muchos, pero tampoco son escasos. Todas las federaciones tienen que apostar por unos o por otros, porque no es sencillo detectar el talento a edades muy tempranas. Asumiendo que hay que jugársela, hay algunas entidades que optan a más ayudas, becas y demás, fundamentalmente porque tienen mucho más dinero en caja. Es, sin duda, el caso de la australiana, ¿y por qué? Pues por lo que está ocurriendo estas dos semanas en Melbourne.

De Miñaur. (EFE)
De Miñaur. (EFE)

Cuerpo español, juego australiano

Los grand slam son los únicos torneos relevantes que todavía son organizados por las federaciones. Esto significa que Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Australia tienen unos ingresos muy superiores al resto de la federaciones nacionales. Y el dinero es fácilmente extrapolable a todo lo demás, incluso a las apuestas por los jóvenes. España podría haber puesto más esfuerzos por De Miñaur y hubiese acertado, pero la decisión de dónde poner el dinero siempre es más compleja cuando la cantidad a repartir es escasa.

Así que De Miñaur es un australiano con sangre española y, como tenista, es un español que juega como un australiano. Con su 1.83 de altura nunca será un gran pegador ni admite la tipología de gran sacador, pero como le han enseñado a jugar a esto en las duras pistas de Sidney, su juego sí se parece a lo habitual por esas latitudes. Quiere ser agresivo, dominar, subir a la red e imponer ritmos altísimos. Buscar ganadores y no despreocuparse de la defensa, pero sí entenderla como la fase menos deseable de la vida de un tenista. El cuerpo es español, el juego australiano.

Vive más en España

Ahora, de hecho, vive más en España que en Australia. Porque ya ha llegado a una edad en la que es mucho más cómodo estar establecido en Europa, aunque solo sea porque la mayor parte de torneos de la temporada discurren en este continente y también es más cómodo el viaje a Estados Unidos que desde su tierra natal. Le gusta, dice, el estilo de vida australiano, pero lo normal en alguien como él, que además tiene la vida también establecida en España, es que opte por el Viejo Continente como campo base.

De Miñaur será el tercer rival de Nadal en Melbourne. Aunque tradicionalmente tiene buen trato con la grada -como con casi todas las del mundo- en el inicio de este torneo se ha dibujado como el enemigo, aunque solo sea porque Álex será el tercer australiano en otras tantas rondas que se cruza en su camino. Hasta ahora, todo ha ido bien para el mallorquín, pero tampoco se ha encontrado con un tenista de muy alto nivel. Álex, aunque joven, empieza a ser un reto importante.

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