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La incendiaria e incomprensible relación de Garbiñe Muguruza con su entrenador

Garbiñe Muguruza y su técnico, Sam Sumyk, han vuelto a cruzarse con ira en público. Con él ha desplegado su mejor juego, pero no ha sido capaz de calmarse y afrontar los problemas

Foto: Garbiñe Muguruza, en el pasado Roland Garros. (EFE)
Garbiñe Muguruza, en el pasado Roland Garros. (EFE)

No por repetidas, las broncas de Sam Sumyk y Garbiñe Muguruza dejan de sorprender. Cada pocos meses, la explosiva pareja salta por los aires ante los ojos de todos. Ella es incapaz de calmarse, él ya casi ha dejado de intentar que la jugadora se centre. Cuando entran en esa dinámica, el final parece escrito, si consigue salir del hoyo no va a ser porque de esa conversación salga algo positivo, pues nadie parece siquiera tentado de simular complicidad o calma. El estallido está ahí y no se va a marchar. Es parte de la dinámica, un juego peligroso y explosivo al que ambos están acostumbrados.

En privado, no es muy diferente. Los usos y costumbres que se ven en los momentos de 'coaching' se parecen bastante al día a día de una pareja pasional, no siempre bien avenida pero razonablemente unida, muy difícil de entender para el que está fuera. Garbiñe Muguruza ha ganado grandes cosas junto a Sumyk en estos dos años, Roland Garros y Wimbledon, ni más ni menos, pero también ha dado algunos momentos de caída libre inexplicables en una jugadora de su talento. Se puede decir que el francés la ha llevado a lo más alto en su juego, y del mismo modo ha demostrado que no es capaz de conseguir bajar su temperatura emocional, siempre al borde de la ebullición.

Garbiñe Muguruza tiene decisiones que tomar de cara a 2019, pero no pasarán necesariamente por cortar su relación con el técnico que la ha acompañado los últimos tres años. Aunque para muchos sea evidente la toxicidad del dúo, lo extremo que es todo en esa tormenta, a la española no le ha ido mal y siempre que ha tenido que optar, lo ha hecho por Sumyk. Durante un tiempo la acompañó también en el equipo técnico Conchita Martínez, logró muy buenos resultados y pareció más relajada con la aragonesa al lado. Era, desde fuera, una pareja idílica, pues la excapitana de la Davis le daba la serenidad que ella no tiene.

Pero lo que opina la gente le importa más bien poco a Muguruza, que contrató a Martínez siempre por tiempos limitados y no tuvo dudas en seguir con Sumyk cuando estos expiraron. Pudo haber continuado con la española, haberle dado más cancha. Los resultados estaban siendo buenos y parecía encontrar una regularidad que en la carrera de Garbiñe es una anomalía. Aunque todo esto sea así, ella no tuvo muchas dudas, se asió a Sumyk y decidió dejar de lado todo lo demás. No importaron las broncas, o los momentos amargos, el espectáculo casi circense al que están acostumbrados. Cuando tuvo que elegir, se fue con el francés.

Trabajar la calma de Garbiñe

Quizá lo de esta semana en Zhuhai sea un paso más, igual el definitivo para que se rompa la baraja. Normalmente, Sumyk no responde a las diatribas de su pupila. La deja expresarse con vehemencia, intenta intercalar alguna palabra motivacional. Esta vez fue algo distinto porque él sí respondió, con desprecio y malas formas. Con un exabrupto, un "¡que te jodan!" que no es aceptable de ninguna manera y en ningún contexto. Claro que no deja de ser un paso más dentro de una relación que se sabe difícil. Sumyk, a estas alturas, conoce bien a la tenista. Tanto que, a principio de temporada, una jugadora que entrenó con ella un par de ocasiones se mostró sorprendida de las técnicas del francés con su jugadora.

El tema es que Garbiñe empezó a fallar derechas fáciles en su práctica, algo que no es sorprendente para quien la conoce, pues es proclive a entrar en dinámicas muy negativas en las que un golpe se repite una y otra vez y siempre mal. Lo normal, en un caso así, es tratar de potenciarlo en el entrenamiento y disimularlo en el partido oficial. Es decir, si el agujero aparece cuando el juego no es significativo, la idea general es repetir y repetir el mismo golpe hasta que todo se relaje. Pero no, la jugadora que hacía de 'sparring' se quedó sorprendida cuando Sumyk le solicitó que dejase de buscarle la derecha, que mejor jugase al revés. El francés sabe que trabajar ese golpe, aunque fuese lo ortodoxo, solo podría llevar a más desesperación a una jugadora que tiene el umbral de los nervios bastante bajo. Aunque deportivamente no era la mejor opción, anímicamente era necesario calmar a la campeona.

Él mismo no es una persona tranquila, algo que puede ayudarle a entender el drama cuando llega, que siempre es en forma rotunda y decidida. "Conchita es supercalmada, tenerla cerca es muy relajante. Sam es fuego, lo cual es bueno, porque yo también lo soy", explicaba el pasado año Muguruza en una entrevista con el 'Telegraph', meses antes de concluir su relación con Martínez. Cuando tuvo que escoger entre la calma y la tempestad, optó por lo segundo. Ella, en todo caso, ni siquiera da demasiada importancia a esas broncas.

"¿Por qué habláis tanto de eso? Es estúpido, pero supongo que la gente sube el volumen cuando baja mi entrenador porque esperan algo. No intento ser la persona más elegante, intento competir, soy de sangre caliente, soy impulsiva, tengo momentos fieros. Esa soy yo. Esa es la realidad", explicaba una de esas pocas veces en que la tenista habla con claridad de su fuerte carácter. Sabe que no es la mejor imagen posible: en una de las dos broncas que tuvo en el último torneo —sí, tuvo dos, estaba especialmente nerviosa— también apuntó a la cámara y le pidió que se marchase de la zona, aunque ella sabe perfectamente que el 'coaching' puede ser televisado y que forma parte del espectáculo.

La imagen del 'coaching'

La parte psicológica es importante en cualquier deporte, pero todavía más en los que son individuales. Garbiñe no se puede esconder dentro del grupo en los días malos, no puede cargar su responsabilidad en otros. Cuando el tenis no sale queda expuesta y eso, de algún modo, puede ser desquiciante. Sumyk, en una entrevista reciente con un medio belga, tomaba en cuenta esta situación: "Sabemos que debemos mantenernos positivos, pero lo decimos tantas veces que ya pierde el significado. Lo importante es que exploramos opciones para volver al mejor momento y en cuanto algo salga bien, recuperará la confianza".

La temporada de Garbiñe ha sido un descalabro. Ha caído hasta la posición 18ª del 'ranking' y está muy lejos del nivel que de ella se espera. Su tradicional irregularidad, esta vez, ha roto por lo malo, por la sucesión de torneos en los que se tropezaba contra rivales menores y pocos de esos en los que su juego se impone y parece capaz de superar a cualquier rival. La mejor Muguruza es una jugadora de tenis limpio y poderoso, capaz de sobreponerse a las dificultades. Esta temporada no ha aparecido.

Tiene que tomar decisiones, pero si decide seguir con Sumyk es probable que no desaparezcan del todo esos ratos de tensión televisada. Es un fenómeno, por cierto, que se da exclusivamente en los torneos femeninos, lo cual a estas alturas no deja de chirriar. La WTA decidió que el 'coaching' es saludable, algo en lo que no están de acuerdo ni en la ATP ni en los Grand Slam. El resultado de la disensión es bastante raro, machista incluso, pues da la impresión de que ellas necesitan que su entrenador —habitualmente un hombre— las 'salve' en medio de un partido.

Y es posible que la decisión del circuito femenino sea la más lógica, que no tenga sentido borrar al técnico de todos los encuentros, pero el hecho de haberla tomado antes que nadie genera una sensación extraña. Hay muchos vídeos de jugadoras peleando con sus entrenadores, no solo de Garbiñe, pero lógicamente no existen los mismos de los hombres, que a buen seguro tendrían también conatos de ira en situaciones similares. La tensión es extrema.

El próximo año será clave en la carrera de Muguruza. Con dos grandes en el zurrón, siempre tendrá un hueco en la historia del tenis, pero de ella depende que en el futuro se la recuerde como una jugadora genial a secas o como una jugadora genial que no era capaz de serenarse y que tiró por la borda un talento desbordante. Se puede tener temporadas malas, a todos les ocurre, pero seguir en esta espiral la dejaría como una de esas historias amargas en las que se sabe que el potencial y el trabajo nunca se igualaron. Claro que puede ganar de nuevo y hacerlo a lo grande, con o sin Sumyk, pero para llegar a eso tendrá que bajar las revoluciones.

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