no se resintió de la rodilla

Rafa Nadal sufre más de lo esperado pero ya está en cuartos para enfrentarse a Thiem

Nikoloz Basilashvili le ganó el tercer set después de haberle superado con facilidad en los dos primeros. Nadal resolvió al final y se enfrentará en cuartos a uno de sus grandes rivales

Foto: Rafa Nadal, en el Us Open. (EFE)
Rafa Nadal, en el Us Open. (EFE)

Lo que parecía un partido fácil, de repente, se enrareció. Nikoloz Basilashvili, que así se llamaba el desconocido rival, empezó dubitativo, muy a remolque de lo que iba proponiendo Rafa Nadal. Es lógico, al fin y al cabo el georgiano se encontraba en la pista central de Flushing Meadows jugando contra una leyenda viva del deporte. No es sencillo encontrarse en esas circunstancias, pero con el tiempo, lo consiguió. En el tercer set le llevó al 'tie break' y se lo consiguió ganar. En el cuarto, aun derrotado, buscó las debilidades del balear con bastante éxito. Sí, perdió, pero logró cambiar algunas líneas de un guión que parecía solo iba a contar su ejecución.

Nueva York es un lugar amable para Rafa. En esa pista central, la Artur Ashe, ha trabado algunas de sus mejores batallas. Tiene partidos para el recuerdo, finales ganadas, tres, y perdidas también, noches épicas en la que la ciudad más viva del mundo solo tenía ojos para él, ese chico de Manacor que resulta ser un deportista impactante. Además del juego, brillante, tiene el carisma que le permite relacionarse con un lugar en el que las estrellas son numerosas.

Basilashvili llegó con suerte a los octavos de final, su techo en un torneo de grand slam. A sus 26 años ya no pasa por promesa, así que se dedica a vivir del tenis dignamente, con más tendencia a los torneos menores que a los grandes cuadros en los que se reparte la ronda. Ya tuvo mérito que se plantase en tercera ronda, una ocasión única para tocar una de las mejores pistas del planeta. Perder, que era lo agendado, no quita que pudiese jugar en la Arthur Ashe ante una auténtica leyenda de la raqueta como es Rafael Nadal. Lograr hacerle partido, y arrebatarle un set, un premio todavía mayor.

Más allá del rival, preocupaba la rodilla de Nadal. En el partido previo tuvo un pequeño susto y terminó vendado. Aunque no se le vio problema de movilidad, el hecho de que una zona tan delicada tuviese algún problema ya hacía saltar las alarmas. Rafa ha entrenado estos días sin el vendaje y tampoco lo necesitó para este partido de cuarta ronda. A todos los efectos es como si el dolor que sintió en algún momento hubiese desaparecido de golpe.

Espera Thiem en cuartos

El juego bien, siempre bien. La derecha de Rafa sigue corriendo de manera impetuosa y su capacidad para recuperar la posición en el centro de la cancha sigue siendo memorable. Nadal no está jugando agresivo, no está buscando líneas, pero obliga a su rival a unos ritmos infernales que los seres humanos normales no pueden perseguir. No hay táctica ganadora contra el español, no al menos para quien no tiene un arsenal amplísimo de golpes para buscarle las cosquillas.

El desarrollo de los primeros sets entró en el previsible, Nadal no sufrió prácticamente nada con su servicio y no hubo saque del rival que no presionase. Basilashvili ni siquiera es un gran sacador, por lo que Rafa, que sigue restando desde muy atrás, tenía tiempo para leer y responder acorde a las exigencias. Ya en el tercer set, cuando se las arregló para llegar al 'tie break', Basilashvili logró estar a la altura de las circunstancias. Y eso que Nadal tuvo algunas opciones de rotura que podrían haber simplificado lo que estaba por ver.

Casi tan importante como eso era ver con quién se jugará los cuartos en la siguiente ronda. Porque del mismo modo que Basilashvili no suena a nada, sus dos hipotéticos rivales se encontraban entre los mejores del circuito. Será Thiem, que se impuso a Kevin Anderson, y eso de algún modo es una buena noticia. El austriaco, que fue su oponente en la final de Roland Garros y uno de los pocos jugadores que le han ganado este año, baja sus prestaciones en las pistas duras. Le dio, eso sí, para ganar al finalista de la pasada temporada.

Anderson tampoco era, en principio, un rival del nivel de Nadal, pero se adapta mejor a la pista dura y, por su imponente saque, podría dejarle más dudas al español. Esto no quiere decir, ni mucho menos, que esté hecho. Thiem es joven, es fuerte, es eficaz. Su movilidad es mejor en tierra, ese es el salto más importante que todavía tiene que dar, pero en principio podría suponer el segundo test importante en las pistas de Flushing Meadows.

Será, curiosamente, el primer duelo de ambos fuera de la arcilla. Thiem y Nadal han logrado que su enfrentamiento sea un clásico de la primavera, pero fuera del circuito en el que Rafa tiene una dictadura con pocas concesiones, no se ha dado. Más por demérito del austriaco, es cierto, porque Nadal, fuera de su hábitat natural, sigue siendo un ganador nato. Tanto que el año pasado, por estas mismas fechas, reinó en Nueva York. Una ciudad que le ha visto ganar tres veces su gran campeonato. Un lugar que espera, para lo que queda de torneo, que haya más

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