ramos ganó su encuentro sin problemas

La vergonzosa derrota de Bautista da sabor a una Davis que pierde sentido cada año

El jugado castellonense se dejó remontar por un rival menor y llevó la eliminatoria entre España y Reino Unido con empate. Cada vez tiene menos atractivo la lucha por la ensaladera

Foto: Roberto Bautista, jugando contra Norrie. (Reuters)
Roberto Bautista, jugando contra Norrie. (Reuters)

Hay algo lastimero en la Copa Davis, al menos en estas primeras rondas que parecen puestas en el calendario con el único fin de importunar. Porque ni a los tenistas les apasiona, ni los aficionados conectan, ni los directivos saben exactamente cómo rentabilizarlas. Las finales sí, claro, un fin de semana en diciembre, un país volcado... eso es lo sencillo. El problema, y no es pequeño, está en estas rondas. Y quizá más ahora, después de que Federer y Nadal organizasen un festival el pasado otoño del que todo el mundo salió embelesado. Ha envejecido mal la Davis, que ahora más que una competición parece una tienda de revelado de fotos que no ha sabido captar que en el futuro nadie iba a utilizar rollos de película para inmortalizar sus recuerdos.

Todo eso a pesar de que, esta vez, hubo sorpresa. Se esperaba que los españoles ganasen sin problemas los dos primeros encuentros, pero no. Albert Ramos se ciñó al guión y ganó; Roberto Bautista consiguió hacer de un trámite una derrota vergonzante. Perder siempre duele, contra un inferior más aún, en casa peor todavía, siendo remontado... todo lo que puede sentar mal a un aficionado lo hizo el castellonense. Ganó los dos primeros sets y se olvidó por completo de jugar al tenis. Inexplicable por su parte, aunque es posible que quede como una anécdota. Al fin y al cabo esto es una eliminatoria a cinco partidos y perder uno, con la teórica diferencia de nivel entre ambos equipos, no debería ser ningún drama.

Si que es, en todo caso, para que Bautista se lo haga mirar. Cameron Norrie es un jovencito con ganas que representa a su país, pero está muy lejos de ser uno de los treinta mejores del mundo. Su tenis, probablemente, nunca le llevará allí, el potencial no es suficiente para eso. Y su victoria, una de las mejores de su carrera, es bastante sangrante para el español. Él sí es de esos 30 mejores. Nunca será una gran estrella, le faltan armas y contundencia para realmente aspirar a jugar con los mejores, pero con lo que tiene, con su experiencia y jugando en tierra nunca debería dejarse un partido así. Es cierto, pidió asistencia médica, pero no pareció tanto un problema físico como uno de cabeza. En algún momento del partido, en el tercer set, se desmoronó y dejó de parecer un profesional. Así dejó crecer a un rival que nunca debería hacerle tanto daño.

Albert Ramos. (EFE)
Albert Ramos. (EFE)

Ramos gana con soltura

Antes de eso Albert Ramos había vencido sin grandes complicaciones, en tres sets. Los parciales, eso sí, tuvieron su miga, porque en ocasiones se dejó el servicio e incluso estuvo muy cerca de perder el tercero y alargar innecesariamente su jornada. Ramos es, evidentemente, mucho mejor que Liam Broady, un jugador de 24 años del que no se espera prácticamente nada. Una vez llegó a la segunda ronda en Wimbledon, aunque se saltó la previa porque le concedieron una invitación. Ser británico, el motivo por el que obtuvo esa 'wild card', es el mejor argumento que tiene su tenis. También el motivo por el que juega esta Davis, en la mayor parte de los países de la élite del tenis él nunca hubiese aparecido en un fin de semana de este estilo.

Ramos ganó con soltura, porque es bastante mejor que su rival. No es un jugador carismático, no tiene golpes que dejen ojiplático al espectador, pero es muy efectivo. Las piernas le corren, siempre parece pegarle estabilizado y así, poco a poco, va minando la moral del rival. Los jugadores como él nunca se negarían a jugar la Davis, tampoco hay tantas oportunidades de mostrarse y saben que compitiendo por su país tendrán un punto de publicidad extra que no está de más. La competición ha perdido su aura, es cierto, pero sigue dando más imagen que jugar en Stuttgart o Linz.

Entre las rarezas de este torneo está que se sigue jugando a cinco sets cada partido. Ya no es solo que el nivel sea mejorable, es que además se empeñan en hacerlo lo más largo posible. Porque la competición, arcaica en su naturaleza, no ha sido capaz siquiera de desquitarse de ese vicio del pasado. Jugándose a la intensidad a la que se disputan los partidos actualmente no tiene sentido alargarlos de más. Solo hay que ver el historial de lesiones de los últimos años para entender que el tenis tiene que cuidar más y mejor a sus jugadores, un camino en el que obviamente no es necesario hacer partidos así de largos. A Bautista le hubiese servido para no perder su encuentro.

El acierto de Marbella

En este clima, al menos la Federación Española ha acertado no volviéndose loca. Hay que tener en cuenta que la Davis es uno de sus puntos calientes de financiación, el dinero que le sacan a las gradas del evento puede sanear las arcas, del mismo modo que el patrocinador principal y la subvención ayudan a mantener vivas ciertas estructuras. Eso, en ocasiones, puede llevar a los presidentes a plantear un gran evento donde no lo hay con la idea de poder sacar rédito económico. En Marbella todo ha sido bastante normal, no se han puesto más gradas que las necesarias y se ha dado por hecho que no se harán ricos en esta eliminatoria. En alguna posterior, quién sabe, pero en esta desde luego que no.

El club de tenis Puente Romano tiene las instalaciones justas para que el evento no se vaya de las manos, y así tiene que ser. Además Marbella parece elegida pensando en el rival, que casi tuvo más afición que los españoles en las gradas. Hay mucho británico ocioso en la Costa del Sol y llevarles a su equipo de tenis, aunque sea uno tan limitado como el que está en Andalucía, es un buen motivo para rascarse el bolsillo y pasar unos días de deporte en directo. Es muy complicado atraer a los aficionados españoles, casi saturados de tenis. Nadal juega y gana mucho, la Davis durante años fue un campo de cultivo para la victoria de la Armada. Así que llamar la atención del rival, en un caso como este, tiene toda su lógica. Porque el calor del público, que en otras ocasiones puede ser clave para ganar, no parece necesario en esta eliminatoria que no debería ser un trauma para España. Aunque viendo lo hecho por Bautista, tampoco eso es descartable.

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