jugará contra Kenin en tercera ronda

Sharapova demuestra en Nueva York que puede llorar pero ¿puede ganar el US Open?

La rusa rompió a llorar después de ganar a Simona Halep en primera ronda, pero ya ha recobrado su tono frío habitual. No todas sus compañeras están de acuerdo con su reinserción

Foto: Sharapova llora tras su victoria. (Reuters)
Sharapova llora tras su victoria. (Reuters)

Se ha comprobado en Nueva Yorkque Maria Sharapova puede llorar. Es noticioso, porque la rusa tenía fama de ser un témpano de hielo, una jugadora distante, adusta incluso, lejana a sus compañeras, con este toque purpúreo que tienen las grandes estrellas y que a veces ejerce de muro con respecto a sus iguales. Sharapova ha vivido prácticamente toda su vida en Estados Unidos, pero las otras tenistas decían de ella que tenía el corazón como un ruso malo de una película setentera, cerrada, lejana, sin sentimiento noticiable.

María llora y es noticia. Ha ganado sa Simona Halep, la segunda mejor jugadora del mundo, una tenista regular como pocas, de las que siempre está. También una un poco menos brillante que Sharapova, que organiza su juego acorde a las circunstancias y parece dar un grito: estoy aquí. Han pasado quince meses de suspensión y unos cuantos más de irrelevancia, pero la rusa sigue siendo un factor en el tenis. No se debe olvidar que con esa raqueta se han ganado cinco grandes, que ha sido número 1, que está entre las mejores de la última década.

A ella le encantaría que se olvidasen sus trampas, pero es complicado que vaya a ser así en un futuro cercano. Está en tercera ronda en Nueva York, sí, pero también tiene que ver en eso que ha recibido una invitación del torneo para participar. Por ránking no llegaba, pero los rectores de la USTA han considerado que su imagen e historial justificaba su presencia sin pasar por el engorro de una fase previa. CoCo Vandeweghe, una de las mejores estadounidenses de la actualidad, no entiende la decisión del torneo. Su motivo es curioso, cree que esas invitaciones tienen que darse a jugadores locales y Masha es siberiana.

A Caroline Wozniacki, número cinco del mundo, no parecía importarle demasiado al principio este trato de favor con Sharapova. "Es una más", decía, en lo que es una frase siempre chocante en este caso ¿cuándo fue "una más"? nunca, jamás, todo lo contrario. María era la más destacada, por su tenis, sin duda, pero también por su imagen, esa imagen por la que se peleaban las marcas y que, curiosamente, no parece haber salido magullada en todo este proceso.

La opinión le duró solo unos días a la danesa, que ya está eliminada. Creía que la invitación solo era eso y que, una vez en el cuadro, iba a ser tratada como una jugadora sin ránking. Ilusa. Sharapova vende, nadie lo duda. "Me parece que poner a la número 5 del mundo [ella, por si alguien lo duda] en la pista cinco es inaceptable. Luego miras a la pista central y... yo entiendo la parte de negocio que tiene todo esto, pero es alguien que viene después de una sentencia por drogas". Efectivamente, Sharapova está teniendo las pistas más grandes y estas se están llenando de gente, como solía pasar antes de la sanción, por otro lado.

Ganarse el puesto

"Supongo que los fans querían que volviese, ella hará mejor el torneo. De todos modos, creo que alguien que ha estado expulsada tiene que trabajárselo al volver, ir poco a poco y no tener tanta ayuda. Tienes que trabajar duro para volver a merecértelo, esa es la manera". Esto lo cuenta Garbiñe Muguruza, que es la número 3 del mundo y favorita para llevarse este torneo. Normalmente se ha mantenido en silencio sobre todo lo relacionado con Masha, pero no deja de ver incongruencias en este caso. Sharapova no es una más, es una condenada por dopaje y no hace tanto tiempo de aquello. Limpiar un nombre cuesta tiempo, o debería costar.

La rusa, por si alguien lo duda, ni se inmuta con toda esta polémica. Se limita a decir que en la pista ha demostrado que se merece esa invitación, pues no en vano se ha cargado por el camino a la número 2 del mundo. Lo cual es una explicación bastante limitada de la realidad, nadie duda del juego de Sharapova, ni de su atractivo, pero sí se pone en cuestión la legitimidad de ayudar a quien ha manchado su deporte.

La siguiente pregunta es hasta dónde puede llegar Sharapova. Con una raqueta en la mano es imprevisible, y aunque su vuelta no ha sido florida, el potencial es tremendo. "Sé que puedo hacerlo, lo he hecho antes, tengo que volver a sentirlo, pero lo realista es pensar que hace tiempo que no he estado en esta situación y me llevará un poco volver a ello", explica la rusa. ¿Ganar el US Open? No está entre las favoritas, pero estos meses de zozobra no quitan que se esté hablando de la gran Masha.

De momento ya ha pasado dos rondas contra dos tenistas de mucho nivel, Halep, la que le sacó las lágrimas, y Babos, con la que volvió a ser el iceberg de costumbre. La tercera ronda, sobre el papel, suena factible. Se ha colado en ella una jovencísima de 18 años que, curiosamente, es rusoamericana y ha pasado su infancia idolatrando a Masha. "Va a ser realmente increíble jugar contra ella, voy a jugar contra la persona a quien siempre he admirado", dice Sara Kenin, ajena a todo lo demás.

Sharapova, con crítica o sin ella, está en el cuadro. Y es difícil mirar hacia otro lado, ella siempre fue la estrella más brillante.

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