jugará en cuartos contra carreño

El enésimo enfado de Nadal con un juez de silla: "Total, no me vas a pitar más"

A pesar de tener su partido controladísimo, se perdió en una disputa con Carlos Ramos quien le había advertido por pasar demasiado tiempo entre punto y punto

Foto: Nadal se coloca la badana en el partido contra Bautista. (EFE)
Nadal se coloca la badana en el partido contra Bautista. (EFE)

Rafa Nadal está jugando en Roland Garros a un nivel histórico. Por el momento sus rivales han tenido que contentarse con aplaudir el abrumador dominio que el español está ejerciendo en este torneo. Roberto Bautista es la última víctima, un buen jugador que no pudo casi respirar ante el trepidante juego que desplegó su compatriota. Es el favorito prohibitivo para ganar este torneo y nadie lo pondría en duda a estas alturas. Sí, ganar es otra cosa, es convertir la expectativa en realidad. Pero las previsiones, por más que a Nadal no le gusten, existen y le apuntan solo a él.

Con todo eso asumido sorprende más que Nadal sea incapaz de relajarse un poco más y no tener trifulcas con los jueces de silla. Le pasa con más frecuencia que al resto de los jugadores, quizá porque su estatus le da la opción de ser más rebelde. Sabe bien que pocos le van a criticar, también que los torneos suelen tratar con guantes de seda a quienes se lo han ganado con la raqueta en la mano.

Contra Bautista fue, como tantas otras veces, por tomarse demasiado tiempo entre saque y saque. El juez de silla era Carlos Ramos y en el primer set le pitó un warning por pasar demasiado tiempo antes de sacar. En la ATP son 25 segundos entre servicios, pero en los torneos de Grand Slam se reduce a 20. Quizá es escaso, pero la norma es esa y lo cierto es que Nadal se la salta una y otra vez, casi siempre tarda más de lo establecido en la norma antes de poner la pelota en juego.

Es cierto que muchos árbitros son condescendientes y no castigan esa infracción. De hecho, que no exista un reloj que cuente esos 20 segundos es una pista de que la propia organización del tenis no quiere ser excesivamente rigurosa con este tema. Y, sabido eso, poco hay que decir cuando alguien como Nadal recibe un aviso por saltarse el reglamento en este tema. Eso es lo que pasó, porque efectivamente Nadal había estado -como casi siempre- más de 20 segundos para el servicio. Al jugador español no le gustó y respondió con bastantes malas maneras.

Lo hizo, además, con cierto tono desafiante, casi amenazante con el juez: "Me vas a tener que pitar muchos más warnings en el partido. Total, no me vas a pitar más". Con la frase da a entender que él, una leyenda del tenis, tiene el poder para elegir que árbitro puede acompañarle en un partido. Un comentario peligroso, excesivamente enfadado si se tiene en cuenta, además, que es un jugador a quien todo parece ir de cara.

La justificación posterior, como también le pasa a veces con Carlos Bernardes, es que el juez de silla le tiene algo de manía. "Es una pena tener que hablar de esto. Pero este árbitro normalmente tiene más fijación, me busca más", explicaba el español. "Me hace ir con el agua al cuello todo el momento. No sólo me ha metido warnings por el saque, también ‘coaching", refiriéndose a algún aviso por hablar de más con sus entrenadores en la grada.

Nadal también quiso decir que su pelea es por el bien del tenis, argumento que utiliza con frecuencia, se hable de lo que se hable. No importa que sea lo difícil que es el calendario, o esa teoría tan propia que dice que el mejor juego no pasa por los grandes pegadores y que la gente quiere ver intercambios más largos. Por el bien del tenis, en su opinión al menos.

Pablo Carreño, siguiente rival

Después de un español llega... otro español. En este caso, Pablo Carreño. No es tan extraño, en Roland Garros la presencia de jugadores nacionales en París es abrumadora. Tiene truco, es tierra batida y eso es tanto como jugar en casa. Se trabaja muy bien, desde hace décadas, y es llegar la primavera y empezar a aparecer nombres que en otros lugares no se ven.

Ese no es, o no debería ser, el límite de Pablo Carreño, un jugador que por condiciones podría jugar bien en casi cualquier lugar. Es alto, tiene golpes y se mueve bien. Es, en principio, un rival que Nadal tiene que tener en cuenta y que contra Raonic consiguió romper su techo de cristal: ganar a uno de los diez mejores tenistas del mundo.

Hasta el momento era incapaz. No importa que lleve tiempo entre los 20 mejores, lo que, en principio, debería hacerle ser competitivo contra los mejores. Por el momento el bloqueo era superior a él. Eso explica que tras ganar al calendario se fuese de la pista 1 casi entre llantos, compungido, sabía que el paso no era más que entrar en cuartos de final, pero sobre todo le enseñaba que no tiene que darse por rendido cuando tiene enfrente a los mejores. Es más, que él mismo puede ser de los mejores si se lo toma en serio y consigue confiar en sus posibilidades. Le ayudó, eso sí, que el canadiense no sea ningún experto en arcilla.

Raonic no es Nadal, su objetivo para el martes es hercúleo, casi imposible, pero estos cuartos de final ya suenan a gloria para el asturiano que, en el futuro, tiene que seguir dando más y mejor.

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