Un día del rey Felipe en el rugby: "No tendrá una salida tan agradable en 20 años"
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se llevó la mayor ovación pese a algunas dudas

Un día del rey Felipe en el rugby: "No tendrá una salida tan agradable en 20 años"

El monarca fue la principal atracción de un partido que cambió la historia del rugby español. Acaparó los mayores vítores, pero tuvo que hacer alguna que otra pregunta para seguir el juego

Foto: El rey Felipe entrega la Copa al capitán del Chami (Cordon Press).
El rey Felipe entrega la Copa al capitán del Chami (Cordon Press).

"No va a tener una salida tan plácida en unos 20 años". La frase de uno de los escoltas reales sirve para definir de maravilla lo que supuso para el rey Felipe visitar el estadio José Zorrilla este domingo. Una excursión a la que fuera capital de la nación en la época del imperio en la que el Jefe del Estado se encontró lo que no suele tener siempre, es decir, anfitriones complacientes y dispuestos a vitorearle simplemente por levantar una mano y realizar ese saludo tan sencillo y propio de la monarquía. Fue él el que se llevó la ovación más señalada del partido.

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Para que el rey aceptara participar en un evento así, el mismo debía de haber adquirido previamente una relevancia no sólo a nivel local, como se podía suponer por un encuentro celebrado en Valladolid entre dos equipos de la ciudad, sino a nivel nacional. Cientos de personas acudieron a la localidad castellana desde variados puntos de la geografía española. Lo hicieron a través del AVE, el cual comunica con rapidez Valladolid con otros puntos, y otros en coche, lo cual se notaba por el abarrotado parking externo al recinto. El Rey tuvo otras maneras de entrar en escena.

Su itinerario fue acudir en helicóptero al aeropuerto de Valladolid, situado en la localidad de Villanubla, a unos ocho kilómetros de Zorrilla, y desde ahí trasladarse en coche oficial al estadio. Pero ese breve trayecto lo hizo a toda velocidad, para así evitar posibles atentados contra su persona, los cuales no se produjeron, evidentemente.

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Hizo todo esto para ver rugby, y por supuesto no está habituado a ello. No es un deporte del que sea seguidor, sería extraño lo contrario. El del oval es un deporte muy minoritario en nuestro país, y al final, a pesar de ser de una clase social superior a casi cualquier súbdito, no por ello es ajeno a todas las realidades que vive España. A Felipe no habría que explicarle que para evitar un fuera de juego, el delantero tiene que tener por delante a al menos dos jugadores, o que si pisas la línea, el tiro es de dos y no de tres. Pero sí que al Rey hubo de recibir alguna que otra instrucción del presidente de la Federación Española de Rugby, Alfonso Feijóo, para poder seguir correctamente el desarrollo del juego y no perderse entre el mar de normas. Más de una pregunta recibió el dirigente por parte del monarca.

Los dos equipos posaron juntos después del partido (EFE/Nacho Gallego).
Los dos equipos posaron juntos después del partido (EFE/Nacho Gallego).

El partido pasó en un visto y no visto. Era tal el ambiente festivo en la grada que si bien la diversión en el césped brillaba por su ausencia, la felicidad global embadurnaba el ambiente de azul y blanco por un lado, y de negro y blanco por el otro. Alrededor del Rey, casualmente, había un grupo de seguidores del Quesos, que ahí seguían bastantes minutos después de que Felipe VI abandonara el palco y volviese a realizar el mismo itinerario de vuelta a Madrid. Sus rostros reflejaban la decepción, pero a la vez, el orgullo por lo que habían presenciado. Era algo histórico y todos los aficionados que se congregaron en el José Zorrilla eran conscientes de ello.

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Allí estaban, en la tribuna principal, cuando Felipe VI acompañó al presidente de la Federación al césped para hacer entrega de la Copa, como Rey que es. Y cuando lo hizo, los jugadores del Chami y del Quesos, unos alegres, otros tristes, le agradecieron lo que había hecho. Para el Rey era un acto institucional más (mucho más sencillo y menos incómodo que otros en el fútbol), pero para ellos, para el deporte que ellos practican, suponía un mundo, un salto exponencial en el reconocimiento nacional. El rugby, por primera vez en la historia de este país, fue el deporte por excelencia durante unas horas.

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Se perdió el hermanamiento de la cerveza

El partido acabó cuando el árbitro señaló el final de los 80 minutos, aunque el Quesos intentara prolongar lo máximo posible la última fase para buscar un único ensayo que diese la vuelta al marcador. La fiesta, entonces, comenzó. Y porque sea una final, en ningún caso quiere decir que sólo pueda celebrar la afición del equipo que se quedó con el trofeo. En absoluto, eso no sucede en el rugby. En la ‘fan zone’ levantada al lado del estadio, se festejó el propio rugby, como en cada tercer tiempo (si bien, el tercer tiempo oficial se produjo por la tarde-noche y fue mucho más institucional).

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Litros y litros de cerveza y una hermosa parrilla dieron rienda suelta a la hermandad que en el fondo existe entre estos dos enemigos vallisoletanos. Y los que perdieron no bebían para olvidar, sino para de verdad consagrar lo vivido. ‘Escoceses’ y chamizos se abrazaban, brindaban y sonreían a la vez mientras la banda tocaba clásicos del rock de la Movida. El Chami se llevó su séptima Copa, pero en realidad, ganaron todos.

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