Es noticia
Menú
Así fue cómo la Guerra Fría invadió el tablero de ajedrez hace 50 años con un duelo entre leyendas
  1. Deportes
  2. Otros deportes
Una partida histórica

Así fue cómo la Guerra Fría invadió el tablero de ajedrez hace 50 años con un duelo entre leyendas

El 11 de julio del año 1972 arrancó en Reikiavik (Islandia) la disputa del Mundial de ajedrez entre el genio estadounidense y el soviético, uno de los episodios más brillantes de toda la historia del deporte

Foto: Tablero de ajedrez. (Imagen de archivo)
Tablero de ajedrez. (Imagen de archivo)

Hace 50 años, concretamente el 11 de julio de 1972, arrancó en Reikiavik, Islandia, uno de los grandes eventos de la historia del deporte universal: el 'Match' del siglo. El duelo midió en plena Guerra Fría al soviético Boris Spassky y al estadounidense Bobby Fischer por el Mundial de ajedrez. Celebrado en el legendario estadio Laugardalshöll, donde aún hoy compiten selecciones islandesas como la de baloncesto o balonmano, el mundo puso sus ojos en aquel duelo en plena Guerra Fría en el que estaba en juego mucho más que el cetro mundial de ajedrez.

El duelo se jugaba al mejor en 24 partidas, donde las victorias contaban un punto, los empates medio, y las derrotas cero. Por tanto, la partida acababa cuando un jugador llegaba a 12 puntos y medio. Si el 'match' acababa en un empate 12, el campeón defensor retendría el título. El primer control de tiempo estaba establecido de 40 jugadas en dos horas y media, y cada jugador podía pedir hasta tres descansos por razones médicas durante la partida.

Por aquel entonces la Unión Soviética copaba el palmarés ajedrecístico mundial desde hacía 24 años. Y Fischer, un excéntrico autodidacta estadounidense que jugaba en los tableros de las calles de Brooklyn apareció con su aura de genialidad para cuestionar el poder soviético. Bobby siempre defendió que "los ajedrecistas soviéticos acuerdan tablas para ayudarse entre ellos", llegando a denunciar en el diario alemán 'Der Spiegel' que "el ajedrez mundial está amañado por los rusos".

placeholder Partida reciente del Torneo magistral de ajedrez. (EFE/J.Casares)
Partida reciente del Torneo magistral de ajedrez. (EFE/J.Casares)

La obsesión por el ajedrez

Fischer era considerado un obseso del ajedrez. Y se escribieron artículos especialmente duro contra él, como el que firmó Mary Kenny en el 'London Evening Standard', el 28 de julio de 1972 bajo el título 'Genio tal vez, pero ¿es humano?'. En el mismo afirmaba que Fischer "es un fenómeno del ajedrez, es cierto; pero también es un analfabeto social, un tonto político, un ignorante cultural y un bebé emocional". "No hay vibraciones de humanidad de él; cuando lo miras, sus ojos están en blanco y sin mirar, ya que solo tiene ojos para el ajedrez. Él es una máquina. Continuará siendo el rey indiscutible del ajedrez en el mundo y destruirá a todos los retadores durante algún tiempo. ¿Y entonces qué? (...) A diferencia de los viejos boxeadores, para los viejos campeones de ajedrez no hay nada más. Gligoric, el Gran Maestro yugoslavo que está escribiendo un libro sobre este mismo torneo, dice que el final de los genios del ajedrez es una soledad imponente. Mueren al final de los 40 o principios de los 50. Caen en depresión o paranoia, como Nimzowitch y Rubinstein, mueren solos bebiendo en hoteles extranjeros, como el gran Alekhine, o se hunden en una locura desconcertante para acabar con camisas de fuerza en hospitales, como el único compatriota comparablemente destacado de Fischer, Paul Morphy. (...) La forma en que el juego posee, gasta y finalmente agota las mentes que se involucran y se comprometen con él es, en cierto sentido, un tributo a su magia extraordinaria, su hechizo que quema el cerebro".

Bobby aterrizó en Reikiavik precedido de su fama de rebelde y su hambre insaciable sobre el tablero tras llegar a la final arrasando a sus rivales sin clemencia. Apalizó a Mark Taimanov y a Bent Larsen, con sendos 6-0, algo que no se había visto jamás en los duelos de Candidatos. En la final ante Petrosian Fischer ganó la primera partida, perdió la segunda, empató las tres siguientes y después enlazó cuatro victorias para ganarse el derecho a luchar por la corona mundial. Bobby era devastador y en la Unión Soviética eran conscientes de ello.

Enfrente defendía el título un Spassky solvente que arrebató a Tigran Petrosian en 1969 tras vengar la derrota previa en el 66. El soviético había doblegado a Efim Geller, Bent Larsen y Viktor Korchnoi antes de arrebatar el título al gran maestro georgiano. Si Petrosian era un digno heredero del férreo Nimzowitsch, Spassky era un competidor audaz con altas capacidades ofensivas. Pese a que Fischer se mostraba intratable, Bobby no había logrado ganar nunca a Boris en los duelos que habían librado hasta entonces, con dos empates y tres triunfos del soviético.

placeholder La final del Torneo magistral de ajedrez. (EFE)
La final del Torneo magistral de ajedrez. (EFE)

Polémica desde el primer momento

La disputa del duelo se vio salpicada desde muy temprano por la polémica, las exigencias de Fischer pusieron en peligro el Mundial. El estadounidense exigió que los jugadores cobrasen el 30% de la taquilla, además de lo estipulado por contrato (125.000 dólares, con 5/8 para el ganador y 3/8 para el perdedor, y el 30% de las ganancias de la televisión y derechos cinematográficos). Pese a ello, Bobby no acababa de estar convencido de jugar ante Spassky, y tuvo que producirse una llamada del asesor de seguridad nacional de Estados Unidos, Henry Kissinger, para que finalmente volase a Islandia. "Solo hice una llamada. Lo hice el día en que el Mundial de Islandia estaba en duda y lo hice por mi interés en el ajedrez", confesó el político años después. Una conversación que arrancó con una frase histórica de Kissinger jamás confirmada: "Aquí el peor ajedrecista del mundo llamando al mejor ajedrecista del mundo". Eso y la aparición del banquero británico Jim Slater, que dobló la bolsa de premios de los jugadores, terminaron de convencer a Bobby.

Para muchos expertos, todo el ruido y los contratiempos generados por Fischer eran parte de la batalla psicológica que tejió el estadounidense en su guerra por incomodar al campamento soviético, en el que el gobierno había puesto todos los recursos disponibles. Boris estuvo asesorado por Efim Geller, Nikolai Krogius e Iivo Nei. Aunque años después Anatoly Karpov admitió haber participado en la preparación de Spassky jugando alguna partida "que no perdí". Fischer, por su parte, solo estaba asesorado sobre el tablero por William Lombardy, al que los rusos culparon de la "psicoguerra". En su séquito también estaban el abogado Paul Marshall, clave en las exigencias del estadounidense, y el representante de la USCF, Fred Cramer.

El duelo comenzó con una inauguración a la que no acudió Fischer, que llegó tarde a Islandia. En el escenario, detrás de la mesa de ajedrez, había una cortina en la que estaba pintado un caballo negro, algunas casillas de un tablero de ajedrez, la leyenda 'gens una sumus'... Fischer insistió en que se utilizara un tablero de ajedrez Staunton de Jaques of London, tablero que tuvo que ser rehecho a petición suya, y el árbitro fue Lothar Schmid.

placeholder Ajedrez humano en León. (EFE/ J.Casares)
Ajedrez humano en León. (EFE/ J.Casares)

El estadounidense siguió librando su particular batalla para desestabilizar a Spassky y su equipo. Así, el 11 de julio, al inicio del Match, Fischer no estaba sentado en su silla. Spassky jugó 1.d4 y apretó el reloj. Tuvieron que transcurrir nueve minutos hasta que apareció Bobby, que estrechó la mano del ruso y respondió 1...Cf6. La primera partida se resolvió a favor de Spassky después de tender una trampa a Bobby con un peón envenenado que el estadounidense no supo ver cometiendo un error que le costó la primera derrota.

Después de eso Fischer aumentó sus exigencias a los organizadores, incluida la eliminación de las cámaras de TV de la sala de juego. Aún así el estadounidense se negó a aparecer en la segunda partida, lo que le dio a Spassky una victoria por incomparecencia. La crispación crecía y la Guerra Fría entre bambalinas llegaba a su punto álgido. La apelación de Bobby fue rechazada y el futuro del Match se puso en peligro. Aquella decisión de no presentarse disparo la tensión y para muchos, entre los que se incluye Kasparov, fue un movimiento estratégico brillante de Fischer para alterar el equilibrio de Spassky.

Sin embargo, la realidad es que Bobby sí tenía previsto abandonar el duelo. Hasta el punto de que había comprado unos billetes para abandonar Reikiavik. Pero una segunda llamada de Kissinger, esta vez desde California, y la aceptación por parte de Spassky de jugar en una sala tras bambalinas sin cámaras, con lo que desafiaba nuevamente las órdenes del gobierno soviético, convencieron al genio de Brooklyn. Para muchos esa concesión fue el punto de inflexión del duelo que Fischer comenzó a ganar ese día.

placeholder El ajedrez está más que vigente en la sociedad. (EFE/J.Casares)
El ajedrez está más que vigente en la sociedad. (EFE/J.Casares)

La concesión de Bobby

El 16 de julio se disputó la tercera partida, en la que Spassky cometió un error en el movimiento 18, lo que debilitó su posición. La partida se suspendió y Boris renunció al día siguiente, al ver que Fischer había tenía encauzada la victoria. Fue la primera vez que Fischer derrotaba a Spassky.

Dos días después, con 2-1 para el soviético, se reanudó el duelo, pero con una concesión por parte de Bobby, que ya se encontraba más cómodo. La partida regresó al escenario del salón principal por pedido de Spassky, pero no hubo cámaras de televisión por exigencia de Fischer. Eso imposibilitó, según la versión del americano, que todo el equipo de apoyo de Spassky pudiera trabajar en tiempo real con lo que estaba ocurriendo. Kissinger respiraba tranquilo, Estados Unidos comenzaba a ganar la Guerra Fría dentro y fuera del tablero. Aquella partida terminó en tablas, lo que hizo pensar a los seguidores de Boris que volvía a recuperar el mando.

En la quinta, una nimzoindia en la que Spassky cometió un error letal tras no superar el bloqueo de Fischer, el soviético se retiró en el movimiento 27. Aquella noche, Fischer insinuó a Lombardy que tenía una sorpresa reservada para la sexta partida. Y la sorpresa fue que Bobby salió con 1.c4 (en lugar de 1.e4), algo que solo había hecho dos veces en su carrera. Spassky respondió con una defensa Tartakower, pero Fischer respondió con un Gambito de Dama porque tenía un plan. Y el plan funcionó. Pero lo más llamativo fue que Boris, al acabar la partida, se levantó y se sumó al aplauso de la audiencia a Fischer. Algo que marcó al estadounidense (“Boris ha demostrado ser un verdadero deportista”), y soliviantó a los dirigentes soviéticos. Un gesto que reformuló la relación entre ambos, de admiración y, con los años, de amistad. Otra victoria para el estadounidense, segunda consecutiva y tercera en el duelo, que le ponía por delante (3½–2½).

placeholder Rueda de prensa de los ganadores del torneo de ajedrez. (EFE/Rodrigo Jiménez)
Rueda de prensa de los ganadores del torneo de ajedrez. (EFE/Rodrigo Jiménez)

Dos empates y dos victorias

Las siguiente cuatro partidas terminaron con dos tablas y dos triunfos de Fischer, por lo que hubo que esperar hasta la 11ª para ver ganar de nuevo a Spassky. La 12ª terminó en tablas y entonces llegó la 13ª, otro punto de inflexión en el duelo. Durante el aplazamiento de la misma se produjo un incidente en el equipo de Fischer. Después de seis semanas la convivencia entre Bobby y Bill Lombardy se resintió por la presión. Durante la cena el técnico estornudó un par de veces y Fischer estalló: "¡Estás resfriado, Bill! ¡Sabes que ahora no puedo darme el lujo de resfriarme!". Media hora más tarde, cuando llegó a la suite de Bobby para trabajar en el análisis de esa 13ª partida, encontró al gran maestro checo Lubomir Kavalek al otro lado del tablero de Bobby. "Bill, ve a analizar a otro lado. Quiero trabajar con Lubosh", le dijo. Desde entonces Kavalek fue su segundo.

Y el cambio tuvo efectos inmediatos. La partida había sido aplazada en el movimiento 42, con Fischer afianzado en una posición fuerte, pero muy difícil de concretar. De hecho, los analistas soviéticos dieron por hechas las tablas. Pero Kavalek y Bobby exprimieron todas las opciones durante la noche, acostándose a las ocho de la mañana. A las 14:30 se retomó la partida y de forma sorprendente Fischer encontró una fisura y doblegó a un Spassky que quedó en shock. Boris se mantuvo sentado muchos minutos en su silla tras acabar la partida, hasta el punto de que el árbitro, Lothar Schmid, se acercó a ver si estaba bien. El hambre de Fischer había desarmado a Spassky.

Siguieron siete tablas en la que el equipo soviético decidió minimizar riesgos ante el estadounidense, que caminaba con paso firme hacia el título. Durante esas semanas siguió el pulso extradeportivo. Fischer exigió retirar las primeras siete filas de espectadores, logrando que quitasen tres, y desde el lado soviético se deslizó que Bobby estaba utilizando dispositivos electrónicos y químicos para desestabilizar a Spassky, lo que finalizó con una tumultuosa redada de la policía islandesa en la sala de juego. Incidentes que Fischer encajaba mejor que su rival, que había perdido su armónica tranquilidad.

placeholder Partida de ajedrez en México. (EFE/Sergio Ángeles)
Partida de ajedrez en México. (EFE/Sergio Ángeles)

Su primera vez con negras

El 31 de agosto se disputó la partida 21, en la que Fischer decidió apostar por una línea de la Siciliana que nunca antes había jugado con negras. El estadounidense, que se fue al aplazamiento con ventaja, no sabía que no volvería a sentarse ante Spassky, quien el 1 de septiembre telefoneó al árbitro para confirmar que daba por perdida la partida y el Mundial. El soviético no se personó en Laugardalshöll para dar la mano a Fischer, como campeón del mundo, algo que molestó más al presidente de la FIDE, Max Euwe, que a Fischer, que había desarrollado cierta empatía hacia Spassky. Bobby se convertía en el undécimo campeón del mundo con un resultado de 12½–8½, tras siete victorias del estadounidense, tres del soviético y once tablas.

Para Fischer aquella victoria era mucho más importante que el título. Era la confirmación de algo que siempre supo: "Siempre he sentido que he sido el mejor. Pero quería demostrármelo a mí mismo y al público en general. También quería demostrárselo a los rusos. Eso es lo que más disfruté al ganar el título: leer las revistas rusas. Cuando comencé a jugar al ajedrez, para mí los rusos eran héroes, y todavía lo son como jugadores de ajedrez. Solía ​​estudiar toda su literatura. La mayoría de los primeros libros que leí fueron libros de ajedrez rusos. La primera vez que los rusos me mencionaron, tenía 13 años, y dijeron: "Está este joven jugador estadounidense talentoso. Es un jugador joven muy bueno, pero toda esta publicidad que está teniendo seguramente dañará su carácter". Y a partir de ahí empezaron a atacarme. Ni siquiera me conocían ni sabían nada de mí".

Bobby se convirtió en una celebridad mundial. Apareció en la portada de Sports Illustrated y en los programas de televisión de Bob Hope y con Johnny Carson en 'The Tonight Show'. Mientras Spassky sufrió un juicio sumarísimo en su país siendo desterrado de los tableros y culpabilizado de la derrota, que en realidad tuvo más que ver con la genialidad de Fischer.

placeholder Torneo de candidatos de ajedrez. (EFE/J.Casares)
Torneo de candidatos de ajedrez. (EFE/J.Casares)

Después de derrotar a Spassky, Fischer debía defender su título en 1975 contra el ganador del torneo de Candidatos de la FIDE de 1974, el soviético Anatoly Karpov. Pero Fischer no estaba contento con el formato del Mundial porque el jugador que lideraba podía jugar buscando tablas en lugar de ganar, y cada empate le acercaba más al título. Fischer exigió que se cambiara el formato, cosa que no se hizo, y no defendió su corona ante Karpov, que se convirtió en el nuevo campeón del mundo.

Sin embargo, en 1992 Bobby desafió a una revancha a su amigo Spassky (en el puesto 96 de la FIDE en ese momento). Duelo que se jugó entre Sveti Stefan, cerca de Budva, una isla frente a la costa de Montenegro, y Belgrado, capital de Serbia. Boris perdió el partido (10-5), pero ganó 1,65 millones de dólares por jugar. Era la manera en que Bobby trató de contrarrestar todo lo sufrido por Boris en su país tras caer ante él en Reikiavik. Un duelo que libró una Guerra Fría entre dos potencias y entabló una sincera amistad entre los dos ajedrecistas. Historia del deporte.

Hace 50 años, concretamente el 11 de julio de 1972, arrancó en Reikiavik, Islandia, uno de los grandes eventos de la historia del deporte universal: el 'Match' del siglo. El duelo midió en plena Guerra Fría al soviético Boris Spassky y al estadounidense Bobby Fischer por el Mundial de ajedrez. Celebrado en el legendario estadio Laugardalshöll, donde aún hoy compiten selecciones islandesas como la de baloncesto o balonmano, el mundo puso sus ojos en aquel duelo en plena Guerra Fría en el que estaba en juego mucho más que el cetro mundial de ajedrez.

Ajedrez
El redactor recomienda