Es el fin de su carrera deportiva

El adiós de Sun Yang, la leyenda de la natación que no le gustaba a nadie

Seis medallas olímpicas y 16 mundiales, pero el talentoso nadador chino siempre fue un tramposo para sus rivales. Destruyó una prueba antidopaje a martillazos. El TAS le ha castigado ocho años

Foto: Sun Yang celebra una de sus últimas victorias, los 400 metros estilo libre, del pasado Mundial de Natación. (Reuters)
Sun Yang celebra una de sus últimas victorias, los 400 metros estilo libre, del pasado Mundial de Natación. (Reuters)

Era un secreto a voces, pero al fin se ha terminado de concretar. Sun Yang, uno de los mejores nadadores de la última década, no tenía escapatoria. Este viernes el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) dictó sentencia y le ha castigado con ocho años de suspensión, la sanción más larga posible. El tres veces campeón olímpico y 11 mundial pone, de esta manera y con 28 años, fin a su carrera. Yang destruyó con un martillo una muestra antidopaje en 2018, cuando las autoridades pertinentes se presentaron en su casa de China para pasarle revista. No dio positivo, pero se le considera reincidente, pues ya en 2014 estuvo suspendido tres meses por dopaje. A Yang no se le retirarán los títulos cosechados hasta la fecha, pero su nombre queda manchado para siempre. Sus rivales, con los que polemizó, nunca le creyeron limpio.

Desde que irrumpiera con fuerza en los Juegos del 2008, los celebrados en Pekín, con tan solo 17 años, se le consideró el próximo dominador del fondo, pero su tremenda altura (mide casi dos metros) y técnica le llevaron más allá, dotándole de una versatilidad única. Un talento de la naturaleza que empezó a devorar medallas a una velocidad impensable. El bronce en Roma 2009 fue solo la antesala de lo que estaba por llegar. En 2011, tres años después de su estreno en la élite de la natación, se coronó en 800 y 1.500m, además de colgarse la plata en 400 y el relevo del 4x200m. Una locura que desató pasiones en Shangai, ciudad organizadora de aquel mundial.

Sun Yang, en lo más alto del podio tras ganar su primer oro mundial en Shangai. (EFE)
Sun Yang, en lo más alto del podio tras ganar su primer oro mundial en Shangai. (EFE)

"No le gusto a nadie"

Chang era ya uno de los deportistas más admirados en su país (participó en algunos programas televisivos), pero tras las Olimpiadas del 2012 su figura se mediatizó aún más. En Londres, los Juegos que en teoría tenían que despedir a Phelps (luego volvería para Río), cosechó el oro en 1.500 y 400m, más la plata del 200 libre. Su carrera era ya imparable y durante los años siguientes se hinchó a coleccionar preseas. En total: seis medallas olímpicas y 16 mundiales hasta 2019, una barbaridad al alcande de muy pocos. Arisco, altivo y desafiante, durante su trayectoria no se amedentró ante nadie, protagonizando sonoras polémicas. En 2013 fue detenido por conducir ebrio y en 2014 lo ya comentado, dio positivo por trimetazidina, una sustancia estimulante capaz de mejorar la circulación. "Tomaré esto como una lección y seré mas cuidadoso en el futuro", dijo en aquel momento, tocado. Al final, se ha demostrado que ni una cosa ni la otra. Yang siguió a su aire, como si nada.

El capítulo que marcó su vida fue en 2019. La federación internacional (FINA) le dejó competir en los Mundiales de Corea a pesar haber alterado la prueba 'antidoping', circunstancia que no gustó a sus adversarios. “No quiero ver a este tipo compitiendo en mundiales o en Juegos contra mis compañeros de equipo que trabajan muy duro para llegar allí”, sostuvo Adam Peaty. El mundo de la natación se partió en dos: los que le defendían a capa y espada (unos pocos) y los que no. "A fin de cuentas, no le gusto a nadie", comentó el chino tras recoger un nuevo oro en 400. En la entrega de premios el australiano Mark Horton se negó a fotografiarse a su lado (ya habían tenido diferencias anteriormente) y, pocos días después, se repitió la misma estampa con Duncan Scott, tercero en el 200. Aquello fue ya la gota que colmó el vaso de la paciencia de Yang que, aún con el público en su contra, pasó por el lado del joven británico para reírse de él y espetarle: "Yo he ganado, tú has perdido". Mientras, el resto de rivales permenecían impasibles ante el espectáculo.

La imagen de la polémica. Yang (oro) y en un costado Scott (bronce) que decidió no posar con él. (EFE)
La imagen de la polémica. Yang (oro) y en un costado Scott (bronce) que decidió no posar con él. (EFE)

“Estuvo muy bien ver a los nadadores unidos contra él. Fue valiente”, desveló Lilly King tras el gesto de Horton y el posterior de Scott. “Sun debería preguntarse a sí mismo si debería seguir cuando la gente le está abucheando, pero ya sé cómo es. Duncan tenía el derecho a que su voz se escuchara y el público, también. Si ni siquiera los fans le quieren no sé por qué Sun está aquí”, se quejó Peaty, uno de los principales opositores al asiático. La FINA defendió a Yang, pues en su momento dio por buenas las alegaciones de la federación china, que exculpó a su deportista por no haber sido informado en tiempo y forma de la visita de los llamados' vampiros', además de objetar que algunos no estaban bien acreditados. La Agencia Mundial Antidopaje (AMA) no aceptó excusas y forzó la reapertura del caso al TAS, que finalmente ha decidido dar por zanjada su carrera. Yang aún puede quemar una bala y elevar recurso ante el tribunal federal suizo, pero no se esperan cambios. Así las cosas, el nadador pasará a la historia como un tramposo. Su episodio, aparte de enterrar al mito, ha destapado las carencias de la lucha contra el dopaje en la natación.

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