compite hoy en taekwondo

Eva Calvo o cómo jugarse a patadas y en 24 minutos el trabajo de 10 años

Empezó con 15 años porque su hermana la convenció. Ella no quería porque creía que era demasiado mayor y le iban a pegar todos. Ahora aspira un oro para que su madre "lo pasee"

Foto: Eva Calvo, entrenándose con su hermana en Río. (EFE)
Eva Calvo, entrenándose con su hermana en Río. (EFE)

Cuatro combates de tres asaltos de dos minutos cada uno. Hoy, en 24 minutos, Eva Calvo (Madrid, 1991) se juega ser campeona olímpica en taekwondo en la categoría de -57 kilos. El tiempo es ese; ni más, ni menos. Pero antes han tenido que pasar cuatro años, los que que separan Río de Londres. En aquellos Juegos, estando de vacaciones en la playa, “obligaba a mi familia a ir corriendo a casa para ver los combates y me emocioné con el oro de Joel González”, hasta hoy. Desde entonces, la madrileña se ha estado preparando, entrenando, respirando y viviendo para estos 24 minutos. Así es su deporte; ni más, ni menos.

En el gimnasio Olimpia de Leganés, el de hoy no será un día más. Es EL día. Hace 10 años entraron por la puerta dos hermanas, Eva y Marta Calvo, dispuestas a aprender un nuevo deporte. A Eva, que tenía 15 años entonces, tuvo que empujarla su hermana Marta, de nueve, “porque yo pensaba que era muy mayor y me iba a pegar todo el mundo”, dice riéndose, porque Eva siempre, siempre, termina las frases con risas. Su padre Fede, vigilante de seguridad, había visto unos carteles pegados por los portales y los árboles cerca de casa, en los que se anunciaba una nueva escuela de taekwondo. José María Martín del Campo, ‘Chicho’, había empapelado medio Leganés con ellos. Chicho, por cierto, sigue siendo a día de hoy el entrenador de Eva y Marta.

Eva ya pudo ayer comer, y beber, de la manera sana y ‘normal’ en que catalogamos todos los que no nos dedicamos al taekwondo qué es y no lo normal. Porque con su 1,76 de estatura, a Eva le cuesta mantener el peso y 24 horas antes de competir, en el pesaje, incluso se priva de beber agua para engañar a la báscula. “Intenté una vez pasar a la categoría de 62 kilos y no hubo manera, comía entre horas y nada, que no había forma, pero yo no veo raro lo que hago, forma parte de mi deporte”, explica. Su hermana Marta (subcampeona del mundo en 2015 en la categoría de -62) está no solo acompañándola durante estos días previos a competir, sino que es su suplente y su 'sparring'. 

Un deporte de cabeza

Ella se quedó fuera de los Juegos de Río en el preolímpico de Estambul por una decisión de los jueces y, pasado el lógico disgusto, es un soporte vital para Eva, tanto en los entrenamientos como psicólogicamente, “porque el taekwondo es muy de coco, muy psicológico. Es en la cabeza donde está la diferencia entre ser campeón o no”, argumenta. Por eso, además de vídeos de sus rivales -sobre todo de la galesa y campeona olímpica en 2012, Jade Jones-, dietas y entrenamientos seis días a la semana, Eva ha trabajado en la visualización y el control de la respiración. No perder los nervios, bajar pulsaciones, es la clave, porque lo demás está trabajado y entrenado mil veces.

En Río, además de su hermana Marta, la acompañan también sus padres, Fede y Lola, también conocida en la familia como ‘la secuestradora de medallas’. Lola trabaja en un centro que proporciona trabajo para discapacitados y cada vez que sus hijas ganan un campeonato, “se lleva a pasear las medallas y se las enseña a todo el mundo”. La abuela Belinda se ha quedado en Madrid, y hoy no resulta difícil imaginarla con los rotuladores preparados encima de una mesa: “Es que dibuja corazoncitos, y todo venga lleno de colorines, y los cuelga en el ascensor del portal y, claro, cada vez que llegamos Marta y yo de un campeonato, todos nos felicitan… ¡A veces incluso cuando no hemos ganado, jajaja!”. 

Eva, que estudia Matemáticas e Ingeniería informática a distancia, lo ha dejado aparcado este año porque todo, absolutamente todo, giraba en torno al día de hoy: 18 de agosto de 2016. Tiene 24 minutos por delante. Y al gimnasio Olimpia, Chicho, sus padres Fede y Lola, la abuela Belinda y su hermana Marta detrás.

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