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'El Pipiolo' Losada: "El día que debuté en la Selección Española decidí que me retiraba"
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Dejó el fútbol a los 27 años

'El Pipiolo' Losada: "El día que debuté en la Selección Española decidí que me retiraba"

Fue el debutante más joven del Madrid hasta que Odegaard le arrebató el récord en 2015. Tras su prematura retirada en el Celta, se centró en su carrera como abogado

Foto: Sebastián Losada, en las categorías inferiores de la Selección. (RFEF)
Sebastián Losada, en las categorías inferiores de la Selección. (RFEF)

Una proyección tan vertiginosa como la cotización de algunas empresas de Wall Street. Así apuntaba la carrera de Sebastián Losada (Madrid, 1967), al que Javier Clemente apodó El Pipiolo porque era joven y "tenían que darle más hostias que lentejas dan por un duro". Un tipo que fue el debutante más precoz de la historia del Madrid hasta que Odegaard le arrebató el récord en 2015.

Losada se hizo futbolista en la cantera del Madrid, aunque fue necesaria una cesión en el Espanyol en 1987 para consagrase. Los catalanes llegaron a la final de la UEFA, que perdieron frente al Bayer Leverkusen en penaltis. El Pipiolo falló el último de su equipo, mandando la pelota fuera del estadio. "Como me dijo Clemente, los fallan los que los tiran", comenta.

El broche de su carrera llegó en el Celta, cuando tenía 27 años. No hubo ningún problema médico que justificara la prematura retirada, solo fue "lo que ocurrió durante mi carrera futbolística", dice Losada. Desde ese momento, se centró en su carrera como abogado.

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PREGUNTA. Usted dejó el fútbol a los 27 años y no hubo ninguna lesión que motivara la decisión. ¿Por qué lo hizo?

RESPUESTA. Fue una decisión personal. Una elección de vida.

P. ¿Lo hizo para centrarse en su carrera como abogado?

R. Fue más bien lo que ocurrió durante el transcurso de mi carrera futbolística. Yo empecé muy joven en el Madrid y hubo un momento en el que mi carrera se frenó. Ocurrió así porque tenía por delante a Hugo Sánchez y no jugaba con asiduidad. Aunque iba convocado y participaba en muchos partidos, no era titular y no tenía continuidad. Esta situación se prolongó durante un número determinado de años, en el Madrid, el Atleti y en el Sevilla. En el Celta, en cambio, disfruté como un enano, pero las sensaciones no eran las mismas que había tenido anteriormente. El día que fui internacional decidí que mi retiraría. Ahí tomé la decisión y la ejecuté más adelante.

P. Sorprende que tras pasarlo mal en el Madrid, Atleti y Sevilla dejara el fútbol cuando había retomado la ilusión en el Celta.

R. En el Madrid no lo pasé mal, todo lo contrario. Allí disfruté muchísimo porque estaba en el mejor equipo del mundo, el de mis sueños y el de mi vida. Tuve una sensación rara porque estuve tres años sin jugar con asiduidad, algo que no me había pasado en ninguno de los equipos en los que había estado. Lo pasé muy bien porque era un privilegio entrenar y jugar con los compañeros que tuve.

"Me hubiera venido bien otro año en el Espanyol con Clemente"

P. Usted debutó en 1984, en una de las huelgas de jugadores. ¿Qué recuerdos tiene de aquel día?

R. Antes ya había ido convocado para la final de la Copa de Liga en la época de Stielike, Santillana… Eran jugadores extraordinarios. Efectivamente, debuté en ese partido por la huelga. Durante mucho tiempo, hasta que debutó Odegaard, fui el debutante más joven de la historia del Madrid.

P. 30 años le duró el récord.

R. Sí, sí, pero yo era desconocedor del dato. Eso señala cómo fue mi carrera, la carga que tuve que afrontar en mi trayectoria. Yo fui el jugador más joven en las categorías inferiores por las que pasé, en el Madrid… Cuando empecé a jugar, tenía por delante a Hugo Sánchez, que marcaba 38 goles por temporada. Aunque tú creas que, por ser joven, tienes el impulso y puedes jugar siempre, era complicado al tener un competidor como él.

P. Usted era la gran promesa del fútbol español. ¿Le pesó esa etiqueta?

R. No, no, no. Siempre pensé que me hubiera venido bien quedarme otro año más en el Espanyol con Javier Clemente, que me dijo que con él iba a jugar. Allí hubiera evolucionado y llegado en otro momento al Madrid. Realmente, tampoco puedo hablar de hipótesis. Sí te puedo decir que nunca tomé ninguna decisión, puesto que yo pertenecía al Madrid y el club decidía entonces. El entrenador que mejor me lo explicó fue John Benjamin Toshack: "Sebastián, Hugo Sánchez marca 38 goles".

placeholder Hugo Sánchez fue el competidor directo de Sebastián Losada. (Imagen de archivo)
Hugo Sánchez fue el competidor directo de Sebastián Losada. (Imagen de archivo)

P. Fue rotundo.

R. Sí, pero era la verdad aunque me doliera. Él me lo dijo de la mejor manera posible en una conversación privada. Entonces pensé que tenía que esperar que se lesionara para tener mi oportunidad. No obstante, tuve mala suerte porque cuando ocurrió, me lesioné de la rodilla una semana más tarde. Nunca me había lesionado y ocurrió en ese momento.

P. En 1987 usted se marchó cedido al Espanyol. ¿Qué tal esa primera salida?

R. Allí me lo pasé estupendamente. Fue un grupo estupendo y guardamos un recuerdo maravilloso, sobre todo porque llegamos a la final de la UEFA. De hecho, todavía estamos en contacto. Yo tenía 19 años y era la primera vez que salía de casa. Era todo nuevo y lo disfruté como un niño.

P. No es normal salir de casa a esa edad. ¿Cómo fue la adaptación?

R. Antes de marcharme, yo hablé con Leo Beenhakker. Me dijo que yo alternaría el Castilla y el primer equipo. Sin embargo, salió la oportunidad de ir cedido al Espanyol. Aquella experiencia me vino bien porque el equipo era estupendo y tuve un entrenador para el que solo tengo palabras de agradecimiento (Clemente). En el Madrid, no obstante, tuve que aceptar mi rol porque el equipo era campeón de Liga, llegaba a semifinales de la Copa de Europa, tenía a jugadores consolidados como Hugo Sánchez y Butragueño…

P. Clemente fue el que lo apodó El Pipiolo. ¿Cómo surgió el pseudónimo?

R. Yo hice una buena pretemporada en el Espanyol. De hecho, me nombraron mejor jugador del Trofeo Ciudad de Barcelona. En ese momento, los focos apuntaban a mí, así que Javi (Clemente) salió para quitarme presión. Y dijo: "Dejad a Losada, que es un pipiolo y tienen que darle más hostias que lentejas dan por un duro". Él quería que me dejaran tranquilo.

P. En aquel equipo también estaba Ernesto Valverde. No sé si lo acompañó alguna vez a hacer fotos por Barcelona.

R. Era un tío estupendo. Aparte del fútbol, teníamos otras inquietudes. A mí me gustaba la música y a él la fotografía. De vez en cuando, le sugería algunas canciones y él a mí algunos barrios de Barcelona, porque se iba allí a hacer fotos. Siempre es bueno que los jugadores tengan otras inquietudes más allá del fútbol.

P. ¿Los jugadores tienen más inquietudes de las que los aficionados piensan?

R. Se deduce que muchos no saben de otras cosas. Lo que ocurre es que hay una tendencia dentro del fútbol a que el jugador únicamente se centre en jugar y que se le faciliten las cosas. Yo tuve la suerte de disfrutar de una época en la que éramos conocidos, pero no había redes sociales. Cuando fui a la facultad, yo era jugador del Madrid. Los cuatro primeros días me veían y me miraban de otra manera, pero luego ya era uno más. Yo no era algo ajeno, ni diferente, ni raro. Yo tenía otros horarios y muchas veces no asistía porque estaba de viaje. No obstante, tuve la suerte de que en la universidad me facilitaron las cosas.

placeholder Ernesto Valverde mantuvo una buena relación con El Pipiolo. (EFE/Alejandro García)
Ernesto Valverde mantuvo una buena relación con El Pipiolo. (EFE/Alejandro García)

P. Usted estudió Derecho en el CEU y su exmujer lo arrastraba a ir a clase.

R. Yo me matriculé en Derecho y allí conocí a mi primera mujer. Yo salía de entrenar y la llevaba a clase. Y luego la recogía. Hasta que al tercer o cuarto día, pensé que, ya que la llevaba, podía quedarme yo también.

P. Dicen que aprobar en la privada es más fácil que en la pública. ¿Cuánto hay de verdad y de leyenda en eso?

R. Yo no entro en eso porque lo desconozco. Tengo amigos que han estado en la pública y que han tardado no sé cuantos años en acabar la carrera. No porque fuese más duro, sino porque es otro rollo. Me parece estupendo que uno estudie en la pública. Igual que en la privada. En la pública eres tú el que vas y no entras en clase, mientras que en la privada tienen un control mayor de la asistencia. Yo me matriculé en el CUE porque podía coordinarlo bien con los entrenamientos.

P. Volvemos al Espanyol. Ustedes perdieron la final de la UEFA de 1988 frente al Leverkusen en los penaltis tras ganar 3-0 en la ida (era a ida y vuelta). ¿Cómo recuerda aquello?

R. Recuerdo lo mejor y lo peor. El partido de ida fue espectacular porque ganamos 3-0 y marqué dos goles. En la vuelta, llegamos 0-0 al descanso, pero en la segunda mitad todo fue horrible. Nos hicieron tres goles y perdimos en los penaltis. Fue un momento triste, sobre todo por la gente que se había desplazado, por la ilusión que había y por el equipo.

P. Usted falló el último penalti, que lo mandó fuera del estadio. ¿Se lo siguen recordando todavía?

R. No me marcó ese penalti porque no era el decisivo. Aunque yo hubiera marcado, tenían que fallar ellos para que siguiéramos vivos. Fue una decepción porque yo era el más joven y tiré el quinto penalti, algo que no era habitual en esos momentos. No me marcó porque, como me dijo Clemente, los penaltis los fallan los que los tiran. No suele haber muchos voluntarios en general. Yo había tirado penaltis en mi época juvenil y había marcado y fallado.

"Clemente me dijo que le metiera una buena hostia a la pelota"

P. ¿Es cierto que le dijeron que "le metiera una hostia"?

R. Sí, porque me sorprendió que yo fuera uno de los lanzadores. Yo siempre tiraba a colocar, pero Pichi Alonso me dijo: "Tira a romper". Y Clemente, que le metiera una hostia. Por eso le pegué tan fuerte.

P. ¿Los penaltis son una lotería?

R. Yo creo que sí. No es una lotería utilizar los penaltis como manera de desempatar porque, al igual que en el tenis, alguien tiene que ganar. Los penaltis no se pueden preparar porque la tensión no es la misma en un entrenamiento que en el partido. Tirar un penalti estaba en mi sueldo y lo hice lo mejor que pude. Pero te puede pasar como a Baggio, a Sergio Ramos…

P. Lauridsen vio aquel partido en la grada. He leído que a Clemente no le gustaban los jugadores técnicos.

R. Eso es absurdo. No tiene nada que ver. Lauridsen era un tremendo pelotero, igual que Clemente. Él, sin embargo, no jugaba de titular habitualmente. Quizá Javi pensó que necesitaba más un jugador de corte defensivo que uno creativo. Al descanso fuimos 0-0 y nadie le discutió la táctica. Otros días, en cambio, no jugaba Valverde, que sí lo hizo ese día. Clemente era mucho de rotar.

P. Usted regresó al Madrid tras aquella temporada. ¿Cómo fue su vuelta a la capital?

R. Fue volver a casa porque yo entré en la cantera del Madrid con 13 años. Cuando me fui, era jugador del Castilla, aunque ya hubiera debutado. Sin embargo, al regresar, ya era futbolista del Madrid. Es un concepto totalmente distinto. Es un plus ser jugador del primer equipo.

P. Hugo Sánchez, como ha comentado antes, fue su competidor. ¿Ha sido el mejor delantero centro que ha pasado por el Madrid?

R. Ha sido uno de los grandes. Hace poco, la Comunidad de Madrid le dio un premio a La Quinta y me reencontré con él después de mucho tiempo. Cuando me vio, me dijo: "Hombre, mi competencia". Que él me dijera que yo, al menos, le hiciera sombra fue un orgullo. Es que Hugo fue cinco veces Pichichi. Una vez jugamos juntos Hugo y yo, pero los dos íbamos para el mismo sitio. Él se complementaba mejor con Butragueño. A mí me hubiera encantado jugar más con Alfonso Pérez Muñoz, porque no teníamos el mismo perfil.

placeholder Leo Beenhaker, en su etapa como seleccionador de Polonia en 2008. (EFE)
Leo Beenhaker, en su etapa como seleccionador de Polonia en 2008. (EFE)

P. ¿Mantiene la relación los miembros de aquel vestuario?

R. Mantengo relación con algunos. Esto es como el colegio: hemos sido compañeros y si nos vemos, hablamos. Contacto diario no tenemos, pero si alguno necesita una cosa de otro, hablamos sin problema. A Hugo, por ejemplo, hacía mucho tiempo que no lo veía. Él era todo un crack.

"Leo Beenhaker trajo una forma de entrenamiento novedosa"

P. El entrenador de ese Madrid era Beenhakker. ¿Estaba infravalorado?

R. Él llegó con una forma de entrenamiento totalmente distinta. No es que estuviese avanzado, sino que venía con otro método. Él hablaba de los ciclos de los clubes. En mi caso, yo estaba familiarizado con la filosofía del Madrid porque venía de la cantera.

P. Aquel Madrid era muy superior. Ganaron cinco Ligas seguidas.

R. Hubo una gran generación de canteranos, La Quinta del Buitre. Estaban Butragueño, Sanchís, Martín Vázquez, Aldana, Llorente, Míchel… Llevábamos allí prácticamente toda la vida. Había muy buena sintonía entre los miembros de ese vestuario.

P. ¿Quién fue el mejor de La Quinta?

R. No puedo decirte uno. Cuando yo estaba en la cantera, ibas a ver a Martín Vázquez o a Pardeza. A Butragueño no lo vi porque el Madrid lo fichó con 18 años. Martín Vázquez era un compendio de las virtudes necesarias para jugar al fútbol. También lo puedo decir de Míchel. Fue una generación estupenda.

P. Usted se fue al Atleti en 1991. ¿Se lo perdonó la afición del Madrid?

R. Sí, sí, sí. Yo era un jugador de la casa y siempre recibí el cariño de la afición. Tras tres años en los que apenas jugué, me busqué una salida. Imagino que a algunos aficionados le molestó. En ese momento, pensé que mi mejor opción era el Atleti porque era uno de los equipos punteros de la Liga. Allí tenía posibilidades de jugar y de ganar algún título.

P. Con Jesús Gil usted tuvo problemas legales. ¿Qué ocurrió?

R. Con él tuve una relación estupenda. Lo que pasó fue que llegó una racha de resultados negativos y quería fichar a Luis García. Yo había estado la primera etapa del Atleti lesionado y solo jugué ocho partidos en ese equipo. En enero tuve el problema con el club, pero ningún inconveniente con él a nivel personal. Yo solo defendí mis intereses. A nivel dialéctico, era imposible batir a Jesús en los medios porque su control era absoluto. El conflicto lo resolvió la justicia y con el tiempo nos vimos sin problema.

P. ¿Su gestión era demasiado intervencionista?

R. Sí, sí. Él era una personaje muy curioso. A él le vi cosas que no hacían ni Baró, ni Ramón Mendoza… Tenía un carácter muy fuerte y estaba siempre al tanto de todo. Era la imagen del club.

placeholder Jesús Gil y Ramón Mendoza, dos presidentes con los que trató Losada. (Imagen de archivo)
Jesús Gil y Ramón Mendoza, dos presidentes con los que trató Losada. (Imagen de archivo)

P. Su fichaje por el Sevilla se inició cuando su padre escuchó a Rosendo Cabezas hablando en la radio. ¿Se imagina eso ahora?

R. El tema de Gil me perjudicó porque yo pasé a ser un jugador 'conflictivo'. Entonces se interesaron algunos clubes, que querían que firmarámos algunas cláusulas. Eran relacionadas con mi vida privada y con una serie de cosas inaceptables. José María García entrevistó a Rosendo Cabezas, que le confirmó que buscaban un delantero.

P. ¿Qué tal la experiencia en Sevilla? Aquel era el equipo de Bilardo, Simeone y Maradona.

R. Llegué con mucha ilusión por reivindicarme. Sin embargo, me encontré con la antítesis de lo que yo pensaba sobre el fútbol. Bilardo tenía la mentalidad del fútbol argentino de la época, que había que tener un equipo titular y uno suplente. Llegué tarde, en septiembre, y creo que solo fui convocado a cuatro partidos. Al principio viajaba por integrarme, pero eso se convirtió en algo habitual.

"Bilardo era muy maniático y supersticioso. Y tenía todos los tics del mundo"

P. Bilardo era un entrenador bohemio que ha generado anécdotas completamente inverosímiles.

R. Era un tipo muy maniático y supersticioso. Y tenía todos los tics del mundo. Algunos me gustaban, pero otros no tenían ni puñetera gracia. Ahí también estuvo Maradona; jugar con él fue un privilegio.

P. De Maradona no habla mal ningún compañero.

R. Es muy difícil. No me refiero a las cosas públicas que pasaron después, sino a lo que yo viví en Sevilla. Además de ser el mejor jugador que he visto en mi vida, era un tío que te ayudaba en todo. Una persona muy generosa.

P. Antes que con Bilardo, usted coincidió con Luis Aragonés. ¿Tenían parecidos?

R. No tenían nada que ver el uno con el otro. Luis era un motivador y espectacular en muchos sentidos. La capacidad de Bilardo, en cambio, no llegaba a eso.

P. Su siguiente etapa fue en el Celta, en pleno auge del Súperdepor. ¿Se miraba con más recelo aún al eterno rival?

R. No, no. El Celta tenía la tradición de haber sido siempre el club puntero de Galicia, porque el Deportivo había estado unos años en Segunda. Lendoiro estaba en aquel momento e hizo una gestión estupenda: fichó a Donato, Mauro Silva, Bebeto, Aldana… De hecho, fueron campeones de Liga. Había rivalidad, pero mucho respeto. Vigo era una ciudad muy abierta en la que acogen a todos de una manera muy fuerte.

placeholder Losada fue opositor de Ángel María Villar en las elecciones de 2004. (EFE/Rodrigo Jiménez)
Losada fue opositor de Ángel María Villar en las elecciones de 2004. (EFE/Rodrigo Jiménez)

P. Usted se presentó en 2004 a las elecciones de la RFEF en oposición a Villar. ¿Por qué lo hizo si sabía que sus opciones eran mínimas?

R. Hubo escándalos de corrupción en la RFEF y me puse en contacto con gente para presentarme. Villar dijo que se presentaría, incluso si fuera imputado, así que supe perfectamente que mis opciones eran relativamente pequeñas. Sin embargo, llegué hasta el final y participé.

P. ¿Le ha sorprendido lo que se publicó en El Confidencial sobre Rubiales?

R. Actualmente estoy desvinculado de las gestiones y no puedo decirte nada, por más que he leído cosas en prensa. En 2004, mi intención era presentarme en esas elecciones y a las siguientes, pero mi vida cambió en muchos sentidos y no lo hice.

P. Por último, ¿saben los clientes con los que trabaja que usted ha sido futbolista?

R. Algunos sí y otros no. Tampoco tengo una cartera enorme. El fútbol ha sido parte de mi vida, pero ahora agradezco ir a cualquier sitio y que nadie me reconozca. Eso es un lujo. En mi época, tuve la suerte de que no éramos tan conocidos.

Una proyección tan vertiginosa como la cotización de algunas empresas de Wall Street. Así apuntaba la carrera de Sebastián Losada (Madrid, 1967), al que Javier Clemente apodó El Pipiolo porque era joven y "tenían que darle más hostias que lentejas dan por un duro". Un tipo que fue el debutante más precoz de la historia del Madrid hasta que Odegaard le arrebató el récord en 2015.

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