y con su contrato sin firmar

La furia de Messi es suficiente, pero continúa sin regalar una sola sonrisa

Marca goles, presiona… No hay nada que reprocharle futbolísticamente, pero Leo Messi ha decidido dejar claro que no está feliz como una perdiz

Foto: Messi, con gesto serio, durante el Alavés-Barcelona. (Reuters)
Messi, con gesto serio, durante el Alavés-Barcelona. (Reuters)

Se fue Neymar al PSG y provocó un temblor del que todavía se está recuperando el equipo, pero, sobre todo, la institución, que ha quedado tocada. Que recen, que recen todos para que a Leo Messi nunca le dé por hacer las maletas porque, una vez más, y ya van tantas que hemos perdido la cuenta, fue él quien solucionó un partido que al equipo de Valverde se le estaba poniendo tonto. El Alavés, bien ordenado atrás y con un Pacheco en estado de gracia, se las estaba haciendo pasar canutas a los azulgranas. Hasta que llegó el minuto 37, en el que Ely le hizo un penalti a Piqué. Messi chutó… y Pacheco paró. Y en ese momento cambió todo.

Hay instantes que cambian un partido. Cuando hablamos de Leo Messi suele tener mucho que ver con un momento de rabia, de enfado, de frustración, de furia… Ya puede ser por una falta del rival que el árbitro no pita, una patada con mala leche, un disparo al palo o un penalti fallado. Este sábado tocó el penalti fallado. Messi tiene una manera habitual de tirarlos, es su zona de seguridad, de confort, pero como los porteros estudian todo, de vez en cuando debe cambiar. Normalmente coge carrera y los lanza a media altura a la izquierda del guardamenta. En Vitoria apenas corrió y lo tiró a la derecha. Pacheco, además, le adivinó las intenciones e hizo un paradón.

Faltaban entonces ocho minutos para que concluyera la primera parte y Leo se fue cabizbajo, rumiando su mala suerte y alimentando su furia. No se habían cumplido diez minutos del segundo tiempo cuando había marcado ya el primero y en el segundo, tras un error garrafal de la defensa del Alavés, Alcácer estuvo listo, le pasó la pelota y el argentino no falló. El primer tanto lo celebró con rabia, el segundo se lo agradeció a Alcácer.

Messi sigue siendo el único que por el momento pinta una sonrisa a la vida del Barcelona. (EFE)
Messi sigue siendo el único que por el momento pinta una sonrisa a la vida del Barcelona. (EFE)

Un contrato sin firmar

Ni una sonrisa, eso sí. Messi sigue queriendo dejar patente que no está contento y la manera de hacerlo es mediante su gestualidad. Mete goles, presiona, no hay nada que reprocharle futbolísticamente, pero ha decidido dejar claro que no está feliz como una perdiz. Y eso, cuando está todavía su contrato sin firmar, provoca sudores fríos en la afición azulgrana si se para a pensarlo. Porque ya lo dijo Guardiola, y desde entonces todos los demás, que a Messi lo único que había que hacer era crearle un entorno donde fuera feliz, y ahora mismo la alegría de la huerta desde luego no es.

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Leo se marcha ahora diez días con su selección y cuando vuelva ya será septiembre, habrá acabado el mercado de fichajes y se cumplirán cuatro meses de la firma ficticia que se inventó Bartomeu y que cada día que pasa le pesa como una losa. Messi necesita un equipo competitivo; Dembélé ya está en el bolsillo, ahora habrá que ver si el Barça es capaz de convencer a Coutinho. El tiempo dirá si con los fichajes le cambia el semblante al argentino y firma de una vez; mientras, que la afición no se preocupe, que estando él dentro del campo todo es infinitamente mucho más fácil para el Barça. Un seguro de vida.

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