La Superliga no ha muerto y puede convertirse en un nuevo caso Bosman
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Mientras la UEFA promete sanciones

La Superliga no ha muerto y puede convertirse en un nuevo caso Bosman

El Confidencial accede al contrato que firmaron 12 de los clubes de fútbol más importantes de Europa. El proyecto continúa pese a las renuncias verbales de algunos de sus miembros

placeholder Foto: Florentino Pérez, presidente del Real Madrid y de la Superliga. (Reuters)
Florentino Pérez, presidente del Real Madrid y de la Superliga. (Reuters)

La idea de Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, de crear la Superliga no es fruto de la improvisación, más bien lo contrario. Él, como representante del club blanco, junto a otros 11 equipos de futbol, impulsó y firmó (todos lo hicieron) un acuerdo comercial privado para crear la Superliga al margen de la UEFA y de la FIFA. El Confidencial ha tenido acceso al documento que el pasado 17 de abril rubricaron Manchester United, Arsenal, Chelsea, Tottenham, Manchester City, Liverpool, Real Madrid, Barcelona, Atlético de Madrid, Inter de Milán, Milan y Juventus.

Todos estos clubes de fútbol tienen el mismo número de acciones: "Los fundadores han acordado poseer conjuntamente y a partes iguales European Super League Company SL, una sociedad con responsabilidad limitada que poseerá, gestionará y operará la Superliga directamente y a través de una serie de filiales".

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Pinche para acceder al documento.

El anuncio de la creación de la Superliga se produjo el 19 de abril pasado. El impacto de la noticia fue brutal porque, de consolidarse el proyecto, la UEFA y la FIFA perdían mucho dinero y poder. Hubo llamadas, carreras, reuniones de urgencia y finalmente los actuales mandamases del fútbol decidieron sacar el látigo y golpear a los 12 clubes disidentes, lo que se tradujo en severas amenazas. El arco de las coacciones fue desde expulsar a los equipos de todas las competiciones hasta prohibir que los futbolistas de las plantillas de esos equipos pudieran ser convocados con sus selecciones nacionales. Así lo comunicó la FIFA a través de un comunicado: "Los clubes afectados no podrán participar en ninguna otra competición a nivel nacional, europeo o mundial. Sus jugadores podrían verse privados de representar a sus selecciones nacionales".

Hubo una segunda línea de ataque contra la Superliga. La mala publicidad. Se vendió la idea de que la élite de fútbol no quería saber nada del resto de equipos más modestos. Desde la nueva competición, se explicó que ellos seguirían participando en sus respectivas ligas nacionales, según se hace ahora mismo, pero el daño ya estaba hecho: desde Boris Johnson, primer ministro del Reino Unido, hasta muchos de los aficionados al fútbol dieron la espalda al proyecto. El nivel de presión fue tal que muchos de los clubes de la Superliga anunciaron públicamente que renunciaban al proyecto y pidieron perdón. Sin embargo, y esto es nuclear, ninguno de esos equipos ha vendido su participación, es decir, se guardan las acciones que poseen en la empresa que manejará la Superliga. El acuerdo de inversores, por tanto, está vigente y no se ha resuelto, ni ninguno de los clubes ha intentado resolverlo. Tampoco han denunciado el contrato ante los tribunales, por lo que la conclusión es obvia: siguen siendo miembros de pleno derecho. Todos, sin excepción, siguen adelante, aunque algunos digan lo contrario.

placeholder El presidente de la UEFA, Aleksander Ceferin, en un congreso. (EFE)
El presidente de la UEFA, Aleksander Ceferin, en un congreso. (EFE)

Para evitar ser sancionados, y adelantándose a los acontecimientos, los clubes fundadores presentaron una demanda de medidas cautelares ante un juzgado mercantil de Madrid que les dio la razón: ordenó a la FIFA y a la UEFA que se abstuvieran de sancionar a los equipos y dijo que de hacerlo podían tener represalias judiciales por desobedecer una orden expresa. Al mismo tiempo, el titular del juzgado, Manuel Ruiz de Lara, presentó una cuestión prejudicial muy simple ante la Justicia europea. Es la siguiente: cualquier empresa puede emprender un negocio y mientras no le salga competencia ostentará el monopolio, pero si para mantener esa posición de poder en el mercado, la compañía amenaza y/o coacciona a sus posibles rivales, ¿se está cometiendo una ilegalidad? Todo apunta a que sí y, por tanto, desde un plano estrictamente jurídico, las amenazas de la UEFA y la FIFA están fuera de la ley y van en contra del derecho a la libre competencia.

Foto: Joan Laporta y Florentino Pérez, junto a Puigdemont. Opinión

El magistrado Ruiz de Lara, consciente de que una respuesta tardía beneficia las posibles presiones y coacciones de la UEFA y la FIFA contra los miembros fundadores de la Superliga, ha tramitado la cuestión por el procedimiento de urgencia. Todo lo que tarde la Justicia europea en responder será consolidar el monopolio de la UEFA y la FIFA. "La decisión debería estar en un plazo máximo de unos ocho meses", apunta Miguel Becerro, del despacho Royo, Becerro y Peñafort. "En mi opinión, debería ser cuanto antes y tengo claro que la Justicia europea no va a fallar a favor del monopolio de la UEFA y la FIFA ni va a prohibir a una empresa desarrollar un negocio perfectamente legal. Además, una vez que Europa se pronuncie, lo lógico es que el juez Ruiz de Lara autorice la existencia de la Superliga".

De autorizarse judicialmente, la de la Superliga podría tratarse de una sentencia histórica que cambiase la concepción actual del fútbol, como lo hizo hace 25 años la ley Bosman. Impulsada por un futbolista belga de segundo nivel, Jean-Marc Bosman, que demandó a su club porque obligaba a pagar una indemnización a quien le quisiera fichar, pero el asunto llegó al Tribunal Superior de la Unión Europea en Luxemburgo, que elevó la cuestión y terminó por cambiar las reglas del juego para siempre: desde entonces, no solo desapareció la cláusula de indemnización por traspaso, sino que los jugadores europeos pasaron a ser considerados de un mismo mercado común. Como el caso de la Superliga, los asuntos de competencia internacional a menudo empiezan con una cuestión personal y nunca se sabe cómo terminarán.

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