Cuando Maradona confesó que había sido peor futbolista y mal padre por la cocaína
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En el gran documental de Emir Kusturica

Cuando Maradona confesó que había sido peor futbolista y mal padre por la cocaína

¿Cuántos héroes inmortales hay en la historia del fútbol? ¿Cuántas estrellas se han enfrentado a la FIFA y al poder establecido? ¿Cuántas han reconocido adicciones tan proscritas como la cocaína?

Foto: Maradona y el director serbio Emir Kusturica posan para los medios durante la presentación del documental 'Maradona', en el Festival de Cine de Cannes 2008. (EFE)
Maradona y el director serbio Emir Kusturica posan para los medios durante la presentación del documental 'Maradona', en el Festival de Cine de Cannes 2008. (EFE)

Todas esas preguntas tienen una misma y única respuesta: Diego Armando Maradona, cuya capilla ardiente se convirtió este jueves en un serio problema de seguridad pública en Buenos Aires. Esas tres aristas del ‘10’, que explican la colosal repercusión mundial de su muerte en plena pandemia, fueron abordadas con profundidad en el mejor de los numerosos documentales existentes sobre su figura: 'Maradona by Kusturica' (2008), dirigida por el célebre cineasta (y músico) serbio Emir Kusturica. Sus últimos 10 minutos contienen no solo la confesión pública más amarga del locuaz genio en su vida, sino el mayor ejercicio de desnudez en la historia del deporte de élite.

“Emir, ¿sabés qué jugador hubiese sido yo si no hubiese tomado cocaína?”, se pregunta el futbolista más grande de la historia con cara de incredulidad: “¡Qué jugador nos perdimos!”. Maradona junta las manos. Después hay un corte. Su siguiente frase (sin soberbia alguna en el rostro) es: “Me queda el mal sabor de boca de que hubiese sido mucho más de lo que soy”.

Maradona, durante la presentación de la película en Cannes. (Reuters)
Maradona, durante la presentación de la película en Cannes. (Reuters)

Es un momento de alta tensión psicológica (le está viendo, además del equipo de la película, su exmujer Claudia Villafañe). Kusturica —fuera de plano— niega con la cabeza o la mano. “¡Sí, sí, te puedo asegurar que sí!”, replica el 'crack' argentino con vehemencia. “Yo cuando nací dentro del fútbol ya sabía quién iba a ser… Lo que no sabía es que iba a tomar cocaína. Yo sabía que iba a comprarle la casa a mi mamá, que me iba a casar, que iba a tener mi familia, que iba a recorrer el mundo, que iba a salir campeón con Argentina [va tocándose los dedos de la mano, como enumerando] (...) Sabía todo eso… Lo que pasa es que eso después me restó un montón de cosas”.

La culpa

El año del rodaje (2006) era un momento de relativa salud y control en la vida de Maradona, uno de esos lapsos de cierta estabilidad del pibe de Villa Fiorito que jugaba por las noches con los chicos de barrio en canchas sin luz y después fue elevado a la categoría de divinidad en vida. Tenía 45 años. “Hoy, lamentablemente, siento culpa dentro mío”, continúa: “¿Por qué? Porque me podrán decir que estoy bien, o que estoy mejor, o que estoy mejor que antes, pero nadie está dentro mío. Yo sé la culpa que tengo, y no la puedo remediar”.

¿Pero de verdad pude ser tan puto de perderme esto?

Un rato antes, el espectador ha contemplado una fisura aún más íntima. “Me hubiese encantado disfrutar de mis hijas, que me despertaran por la mañana. Pero yo estaba drogado, dormía drogado… Me hubiese encantado ver el crecimiento de mis hijas. Como lo vio ella [y señala a Villafañe] (...) La diferencia entre ella y yo es que ella vivió los momentos lindos de Dalma y Giannina. Yo hoy lo veo a través de los vídeos que me muestra Claudia a veces, y yo digo: ‘Mira lo que me perdí…’. ¿Pero de verdad pude ser tan puto de perderme esto? Porque no se puede volver para atrás. El valor sentimental y la culpa que tengo yo dentro hoy es esa: no haber podido tener un cumpleaños normal de mis hijas. ¿Por qué? Porque empezaba el cumpleaños y yo me drogaba. ¿Y qué sentía? Nada (...) Yo sentía que mis hijas se daban cuenta de que estaba drogado. Dalma me retiraba la cara si iba a darle un beso”.

Fotograma del documental.
Fotograma del documental.

La película ofrece costados jamás vistos y resulta imprescindible para los seguidores del ‘10’, pese al intento de Kusturica por establecer un paralelismo constante entre Maradona y los personajes de sus propias películas. Le cuesta al director serbio ceder todo el protagonismo. Sin embargo, su acceso privilegiado al semidiós tiene un enorme valor documental. Logra sacarle lo que nadie más pudo.

Y refleja con precisión la extraordinaria complejidad vital del futbolista enterrado este jueves: la veneración popular (en Argentina y en Nápoles), su valor simbólico como pibe del pueblo que vengó la derrota contra Inglaterra en las Malvinas cuando esa herida seguía aún supurando, sus constantes achaques y padecimientos físicos, su compromiso político desbocado, su autoagresión, las amenazas externas, su carácter cercano y variable, sus fantasmas y quizá la cualidad que mejor le define: Maradona fue el único ídolo que convirtió equipos perdedores en campeones. Le pegaban con una dureza que hoy llevaría a la inhabilitación de los defensas, pero jamás se quejó, ni necesitó a su lado a los mejores. Bastaba su presencia para que se operase el milagro transformador. Como dice en otro momento de la cinta, por muchos problemas que hubiese, “cuando cruzaba la línea blanca y entraba al campo, ahí mandaba yo”.

Todas esas preguntas tienen una misma y única respuesta: Diego Armando Maradona, cuya capilla ardiente se convirtió este jueves en un serio problema de seguridad pública en Buenos Aires. Esas tres aristas del ‘10’, que explican la colosal repercusión mundial de su muerte en plena pandemia, fueron abordadas con profundidad en el mejor de los numerosos documentales existentes sobre su figura: 'Maradona by Kusturica' (2008), dirigida por el célebre cineasta (y músico) serbio Emir Kusturica. Sus últimos 10 minutos contienen no solo la confesión pública más amarga del locuaz genio en su vida, sino el mayor ejercicio de desnudez en la historia del deporte de élite.

Diego Armando Maradona
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