Gran labor defensiva en el Camp Nou

Asensio, el discutido símbolo del Madrid que rescató a Zidane en Barcelona

Contradictoria actuación del mallorquín en Barcelona: no encaró ni una vez al lateral en ataque, pero su trabajo para contener a Alba fue decisivo para ganar y salvar al técnico de la incertidumbre

Foto: Asensio despeja un balón. (Efe)
Asensio despeja un balón. (Efe)

De los 29 futbolistas que participaron en el primer Clásico sin espectadores de la historia, la actuación que más debate genera es la de Marco Asensio. Las posturas pueden resumirse básicamente en dos. La primera es que Asensio no desbordó a su par ni una sola vez en el partido y volvió a defraudar una vez más, 15 meses después de su grave lesión; la segunda es que el mallorquín fue uno de los mejores jugadores de su equipo, ejemplarmente esforzado en la dura tarea de contener al jugador más peligroso de la primera parte, Jordi Alba, autor intelectual del gol de Ansu Fati (en aquel momento 1-1).

El 1-3 definitivo cierra una grieta que preocupaba muy seriamente en los despachos del Bernabéu: tras la ridículas comparecencias contra el Cádiz y el Shakhtar, dos hipotéticas derrotas en el Camp Nou y este próximo martes en el exigente cruce de Champions contra el Borussia Mönchengladbach podían derivar en la marcha (voluntaria incluso) de Zinedine Zidane, una garantía de estabilidad para la institución.

El Madrid mostró la fibra de los días relevantes: conocida es la influencia de los grandes desafíos en la motivación de su ilustre plantilla, especialmente si se trata de salvar la cara a su técnico. Fue un equipo compacto y solidario, agresivo y con personalidad ("la clave es la comunicación", diría después Ramos). Zidane sorprendió con la alineación de Asensio, de muy pobre rendimiento durante la semana en Champions (perdió 14 balones ante el Shakhtar). A los ocho minutos, dos después del golazo de Valverde, un despiste suyo terminó en el empate del Barsa. Cuando llegó el descanso, el joven de Palma que deslumbraba al mundo hace años con sus zapatazos a la escuadra no había ni siquiera intentado una jugada desequilibrante.

Fede Valverde presiona a Busquets durante el partido. (Efe)
Fede Valverde presiona a Busquets durante el partido. (Efe)

El entrenador francés no hizo cambios durante el entretiempo. De hecho, el criticado Asensio no sería reemplazado hasta el minuto 81 (por Rodrygo, cuya querencia por el desborde tantos aficionados añoraron durante la segunda mitad). Sin embargo, el Madrid crecía con el partido, habiendo sabido aplacar a un muy inquieto Messi y a su socio favorito, Alba. Y uno de los más destacados en este oscuro trabajo, el tercer jugador del equipo que más balones recuperó, fue Marco Asensio, jugador con escasa reputación defensiva que mostró una ética profesional a la altura del reto: cortar la hemorragia de Zidane. Cuando se retiró del campo, estaba casi igual de fundido que el mareado Valverde (soberbio mientras le duró la gasolina). Un símbolo del esfuerzo del Madrid por volver a ser el Madrid y detener la caída libre de 'Zizou'.

Otro futbolista

En la primera mitad, con 1-1, en los mejores momentos de un Barcelona optimista y concentrado, el ataque del Madrid pareció depender únicamente del talento interdisciplinar de Benzema y los centros de Kroos. Vinicius no tenía el día (aunque al menos encaraba). Asensio parecía un ‘8’ defensivo, prudente, casi mediocre, dedicado en exclusiva a defender. No el nuevo ‘11’ que debe reemplazar a Bale y a Hazard (una suerte de Di María en versión balear).

Su segunda parte justificó el derroche físico: no brilló, pero taponó el canal Alba-Coutinho en compañía de un jugador que sale sorpresivamente reforzado del Camp Nou: Lucas Vázquez. Rodrygo, en efecto, encaró más en 10 minutos que él en 80: el peso de la expectativa, de sus fabulosas condiciones, ha restado con las lesiones confianza a un jugador que esta temporada, por ejemplo, todavía no ha anotado ningún gol. Quince meses después de su percance, Asensio sigue sin evocar al futbolista que se adaptó en 2016 con total normalidad al club con mejor palmarés de la historia.

Asensio y Busquets saltan por un balón. (Reuters)
Asensio y Busquets saltan por un balón. (Reuters)

Una lectura más reposada del partido permite ver que un desmarque de Asensio al espacio abrió la jugada del gol de Valverde, al igual que un despiste suyo (el último) originó dos minutos después el empate de Ansu Fati. A sus 24 años, recuperada la potencia física, el mundo futbolístico espera la segunda y definitiva explosión de uno de los jóvenes llamados a liderar la selección española. Sigue sin llegar, ciertamente; pero este sábado, al menos, el futbolista devolvió con sacrificio la confianza a su entrenador, el día más importante en lo que va de temporada para ZIdane.

En busca de la chispa

"Llevo bien la presión, estoy con muchas ganas este año tras el pasado complicado con la lesión", expresó esta semana en una entrevista en YouTube: "Cuando estás lesionado te das cuenta de que no valoras cuando estás bien. He trabajado mucho para que este año sea bueno para mí" [...] Ahora me encuentro muy bien tras trabajar estos meses, para encontrarme otra vez fuerte y rápido, con esa chispa que se necesita para jugar en alto nivel".

En el silencioso Clásico que corta la crisis del técnico madridista, su equipo (el nuevo líder) convirtió a un extremo desequilibrante y con gol en un segundo lateral, no menos abnegado que su compañero de carril (Nacho y después Lucas Vázquez). Sus días más felices como merengue pasaron hace bastante tiempo ya, pero en el cuerpo técnico blanco –y en la sala de juntas– se confía mucho en Marco Asensio, el '11' que sobrevive sin haber recuperado el desborde ni el zapatazo a la escuadra.

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