3-1 al Nápoles en el Camp Nou

El Barça estará en la Champions de Lisboa, pero sigue dando pena

Los culés derrotan al Nápoles sin brillantez y se enfrentará el próximo viernes al Bayern en cuartos de final. El equipo de Setién no logra salir de la mediocridad

Foto: Messi disputa un balón con Koulibaly. (Reuters)
Messi disputa un balón con Koulibaly. (Reuters)

El Barça estará en Lisboa y Messi está enchufado. Hasta aquí las buenas noticias, que no son pocas, para los aficionados culés. Lo malo es todo lo demás: que el equipo no juega a nada, que no tiene personalidad, ni fútbol, que el físico tampoco acompaña y que el rival, el Nápoles, no puede servir de referencia por blandito. El Barça, en fin, sigue siendo el mismo desastre de antes del parón por el coronavirus y de después cuando perdió LaLiga, pero se ha clasificado para los cuartos de la Champions gracias a un Messi con las pilas puestas.

Es probable que nunca sepamos de qué hablaron exactamente Messi y Setién después de que el argentino le pusiera la cruz al técnico delante de las cámaras tras perder ante el Osasuna. "Ya dije que jugando así no ganaríamos la Champions y no nos ha alcanzado ni para la Liga. Y si seguimos así no ganaremos al Nápoles", soltó entonces. Una semana después le amnistió en la última jornada en Vitoria, porque aunque diga que él no manda, manda lo suyo, y gracias a que el pulgar fue hacia arriba Setién se sentó este sábado en el banquillo del Camp Nou. Con una alineación sin riesgos y dejando a Riqui Puig y a Ansu Fati de suplentes, el técnico que sigue presumiendo de haber conseguido que algunas de sus ideas se vean sobre el terreno de juego, estará en Lisboa gracias a Messi, el de siempre. Porque desde el primer minuto —en el 1.35” Mertens envió un balón al palo— el Barça anduvo como pollo sin cabeza.

La agonía de la segunda parte

De nada sirvió el gol de Lenglet en el minuto 10’, ni el 2-0 de Messi trastabillado y cayéndose en el 23’, ni el tercero en el 45’ de penalti de Luis Suárez. Un 3-0, una efectividad memorable y el Barça seguía sin emitir buenas señales, así de duro. En el descuento Insigne marcó también de penalti y la segunda parte fue una agonía en la que el equipo azulgrana se tiró atrás y el Nápoles ni siquiera les achuchó.

Messi celebra su gol. (Reuters)
Messi celebra su gol. (Reuters)

Las sensaciones siguen siendo pésimas y Messi no apareció en la segunda mitad porque se fundió (ya bastante había hecho en la primera), así que a pesar de haber pasado a la siguiente fase no hay manera de alegrarse con un equipo triste, sin fútbol ni piernas, y un entrenador que en los últimos minutos sustituyó a sus dos delanteros, Griezmann y Luis Suárez, por Monchu y Junior. El telele, la mediocridad, era esto y no lo puede tapar las frases grandilocuentes del técnico en la sala de prensa telemática.

Ahora les espera el Bayern. Y una no puede dejar de preguntarse si engordar para morir es un buen plan o enmarañarse en la idea de que con un Messi enchufado quizás sea suficiente. Al fin y al cabo, es lo mismo que debe estar pensando Setién. Porque el resto, es humo.

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