La homofobia sigue campando a sus anchas

El beso que aún no ha roto el tabú de la homosexualidad en el fútbol masculino

Hace un año, Magda Eriksson y Pernille Harder se dieron un beso que pasó a la historia. Una muestra de amor natural que, sin embargo, se convirtió en una oda contra el miedo en el fútbol y la esperanza

Foto: Magda Eriksson y Pernille Harder, en un beso para el recuerdo durante el Mundial de Francia.
Magda Eriksson y Pernille Harder, en un beso para el recuerdo durante el Mundial de Francia.

Un beso convertido en icono. Magda Eriksson acababa de lograr un sueño al clasificarse junto a su selección, Suecia, para cuartos de final del Mundial de Francia 2019. En la grada, Pernille Harder, su pareja, futbolista de una Dinamarca que había quedado eliminada en la fase de grupos, celebraba pletórica ataviada con la camiseta de su novia. Instantes después, ambas, cerca del túnel que da acceso a los vestuarios, se besaron. Una muestra de cariño de lo más natural, un acto de amor sincero, sin pretensiones de ningún tipo, que no aspiraba a quedar inmortalizado, pero que los fotógrafos, siempre atentos, cazaron. La instantánea dio la vuelta al mundo en cuestión de minutos y se convirtió en símbolo de igualdad y de lucha LGTBI. “De repente tenía 3.000 seguidores más en Instagram”, recuerda Harder para FIFA.

En el fútbol femenino no, pero en el masculino el debate de la orientación sexual sigue siendo tabú en pleno siglo XXI, por increíble que parezca. Los futbolistas al más alto nivel que han 'salido del armario' son muy pocos (el más llamativo, Thomas Hitzlsperger, internacional con Alemania, que dio el paso ya retirado). El miedo al qué dirán, a no ser aceptados, a perder el empleo y suculentos contratos publicitarios, las principales barreras. Por eso el beso entre Eriksson y Harder es un canto de esperanza, un llamamiento a la libertad y un mensaje directo: el deporte es tolerancia, no incomprensión. El gesto, inspirador. “Todo esto fue realmente inesperado”, explicó Harder, segunda en el Balón de Oro en 2018. En la normalidad está la magia de esta oda al amor libre que el sábado cumplió su primer aniversario.

"No sabía que había un fotógrafo allí, así que ni siquiera sabía que existía la foto. La reacción posterior fue sencillamente increíble”. Las redes sociales recogieron el momento y su capacidad de difusión hizo el resto. "Fue bueno constatar lo masivas y positivas que fueron las reacciones, y cuántos comentarios agradables hubo de todas partes del planeta. Provocó mucho debate, con muy poca negatividad, y eso estuvo genial", dice Harder. Referentes en el césped, ambas se convirtieron irremediablemente en algo más: "Magda y yo nos dimos cuenta de que somos importantes no solamente en nuestro deporte, también en este ámbito. Es algo que hemos aceptado porque sabemos que somos muy afortunadas por sentirnos seguras y tranquilas a la hora de mostrarnos abiertas sobre nuestra relación”, añade la danesa.

Ambas se conocieron en el Linkopings sueco en 2013 y allí surgió un amor que ni la distancia ha podido romper (Eriksson juega ahora en el Chelsea y Harder, en el Wolfsburgo alemán). No habían mantenido en secreto su relación, aunque tampoco la habian anunciado públicamente. Lo trataron con total normalidad, como debe ser. Sin embargo, el poso de aquella fotografía en el Mundial las animó a hacer algo más para ayudar al movimiento LGTBI y visibilizar un hecho corriente que desgraciadamente el fútbol transforma en rara avis. Así, iniciaron una campaña a través de 'Play Proud' para apoyar y empoderar a jóvenes del colectivo. “Muchísimas personas me escribieron en Instagram diciendo que nos admiraban. Ahí es cuando comprendí que éramos verdaderamente poderosas juntas”, sostiene Harder.

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Happy pride ❤️🧡💛💚💙💜 #cphpride #loveislove

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"El fútbol no es para maricas"

Futbolistas que hayan expresado abiertamente su condición sexual hay varias. Del pasado Mundial, por ejemplo, Cristina Rozeira (Brasil) es una de ellas. Ali Krieger y Ashlyn Harris, del combinado estadounidense, otras dos. En España, Mapi León, tampoco ha tenido problemas en hablar abiertamente y sin reparos de su homosexualidad. En verano de 2018, cuando desveló que era lebiana, sus redes se llenaron de mensajes de agradecimiento: "Te he visto a ti y me ha dado fuerza”, “No estoy sola”. Chicas y chicos de todo el país. Pero han pasado dos años y el fútbol masculino sigue reprimido, con la homofobia campando a sus anchas pese al esfuerzo de las instituciones.

Del "Guti, maricón" de hace unos años al "Cristiano, sal del armario" de hace no tanto. Todo ese lenguaje, vertido por los aficionados de forma negativa, como un insulto, una manera de amedrentar al futbolista. Faltan referentes, gente valiente y decidida a normalizar lo inevitable. "Estoy avergonzado de que, en 2019, tengamos que organizar una conferencia para combatir la discriminación y la intolerancia en el fútbol", expresó Aleksander Ceferin, presidente de la UEFA en el discurso del 'Equal Game Conference'. Sobran las palabras.

El miedo entre los profesionales es más que evidente. La grada impone, también el vestuario. Comentarios deleznables como los de Fabio Capello en 2015, cuando entrenaba a Rusia ("el fútbol no es para mariquitas"), no ayudan. Hace pocos días el futbolista del Madrid, Toni Kroos, tuvo que matizar unas declaraciones a 'GQ' donde venía a decir que, en estos momentos (aún en activo), "si fuera homosexual no lo diria". Todo son cortafuegos para no exponerse. El secretismo es tan grande que parece que el problema no exista, pero se acerca el día. El beso Eriksson-Harder será posible entre hombres, ya lo verán.

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