LA UEFA CHAFA LOS PLANES A RUBIALES Y ELIZEGI

La final de Copa tiene tantas trampas que hasta al Rey le pitarán... los oídos

El aviso de la UEFA de que si la final copera no se juega antes del 3 de agosto, el subcampeón no irá a Europa, da al traste con los planes de los presidentes de RFEF y Athletic

Foto: La aplazada final de Copa entre Athletic y Real se 'jugó' en los balcones. (EFE)
La aplazada final de Copa entre Athletic y Real se 'jugó' en los balcones. (EFE)

La frase me parece antológica y, si bien su creador, el dramaturgo francés Jules Renard, falleció en mayo de 1910, creo que su aplicación es de rabiosa actualidad: "De vez en cuando di la verdad para que te crean cuando mientes". Aunque lógicamente nunca lo van a confesar y harán lo indecible para que parezca todo lo contrario, en los mentideros del fútbol español se sabe y así se comenta que Luis Rubiales y Aitor Elizegi "querían hacer trampas con la final de Copa", pero no pensando en los aficionados, sino en sus propios intereses.

Los 'siameses' presidentes de la Federación Española de Fútbol (RFEF) y del Athletic de Bilbao vendieron que la final debía jugarse con público, un mensaje al que lógicamente nadie se opone, pero que en su caso es demagógico, pues responde a sus intereses. En el caso de Rubiales, cómo no, porque lo único que le preocupa de la final de Copa a puerta cerrada es el dinero que deja de ganar. Y en el de Elizegui, algo tan sencillo como que en sus planes estaba asegurarse un billete directo a Europa por el hecho de ser finalista copero, ya que vía séptimo puesto liguero su equipo lo tiene complicado.

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El Consejo Superior de Deportes y la RFEF, es decir, Irene Lozano y Rubiales, hablaron en el Palacio de Viana sobre la final de Copa y la conclusión que alcanzaron fue que tenía que jugarse con público. Lo acordaron durante la reunión a la que también asistió el esquilmado Javier Tebas y en la que no está descartado que incluso interviniera el presidente del Gobierno, en su caso de manera telemática o al menos telefónica, pues los otros tres intervinientes estuvieron de cuerpo presente. De ahí salió esa fecha cercana a la final de la próxima temporada, de manera que en 2021 y en semanas muy próximas se podrían disputar dos finales de Copa.

El presidente de la RFEF, posiblemente envalentonado por el respaldo de su amigo Pedro (Sánchez) no tardó en filtrarlo —algo para lo que, por cierto, tiene un equipo de auténticos expertos y expertas—, sino que incluso lo dijo públicamente: "Si hay que elegir entre una fecha más próxima para que tenga lugar esa final entre la Real y el Athletic o más lejana en el calendario, pero con público en las gradas, optaríamos por lo segundo". Para añadir que lo harían "por respeto a los clubes, a sus hinchadas y a la ciudad que acoge la final". Ya.

Parece absurdo, pero este acuerdo fue incluso aprobado por la Junta de la RFEF. Como en la letra de aquella canción de Víctor Manuel, hace tiempo que a Rubiales y Elizegi se les ve juntos de la mano por el jardín... Y en un jardín se han metido después del anuncio de la UEFA de que si la final de Copa de España no se disputa antes del 3 de agosto, el subcampeón copero no irá a la Liga Europa, sino que lo hará el séptimo clasificado de LaLiga.

Luis Rubiales recibe una camiseta con su nombre durante su visita al presidente del Athletic. (EFE)
Luis Rubiales recibe una camiseta con su nombre durante su visita al presidente del Athletic. (EFE)

La Real, de ignorada a necesaria

Sí, con la UEFA se ha topado y, llegados a este punto, dudo mucho que Rubiales plante cara a su superior, Aleksander Ceferin, de ahí que ahora busque desesperadamente y junto a Elizegui un pacto con la Real para salvar el que ellos tenían soterrado. En contra de lo que se ha comentado, el club donostiarra siempre ha querido que la final se juegue con público. Otra cosa bien distinta es que el Consejo que preside Jokin Aperribay fuera en todo momento consciente de que si hay que jugarla esta temporada, parece inevitable que sea a puerta cerrada.

Al igual que le sucede a la del Athletic, la afición de la Real quiere y se merece vivir la final en las gradas. Está escrito: el fútbol sin público es como bailar sin música, que dijo el maestro Galeano, pero desgraciadamente hace tiempo que el fútbol se debe a quien lo mantiene: la televisión. Por mucho que le duela a Rubiales quedarse sin la taquilla de La Cartuja, un contratiempo más para su maltrecha economía de la que en breve habrá que informar en profundidad, y probablemente no poder cumplir el acuerdo con la Junta de Andalucía, si la final es finalmente, valga la redundancia, a puerta cerrada, mejor llevarla a Vitoria y no a Sevilla.

Con el presidente de la RFEF por medio sucede algo parecido a lo del huevo y la gallina: ¿se lía todo porque está Rubiales o es Rubiales el que lo lía todo? La última de una ristra interminable es la final de Copa que deberían haber disputado la Real y el Athletic en Sevilla el pasado 18 de abril y que Dios sabe cuándo se podrá jugar. Como dijo Aristóteles, "el castigo del embustero es no ser creído, aun cuando diga la verdad", de ahí que por más que ahora Rubiales y Elizegi intenten vender otra cosa, ya pueden decir lo que quieran. Me imagino a todo el servicio de protocolo de Casa Real pendiente de cuándo y dónde se juega esta final con tantas trampas que hasta al propio rey Felipe VI deben de estar pitándole... los oídos.

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