AL SEGUNDO DE SETIÉN SE LA TENÍAN JURADA

La pillada a Eder Sarabia no fue casualidad, sino una emboscada del vestuario del Barça

Cuando el FC Barcelona fichó a Quique Setién eran conscientes de la efusividad de su segundo, pero creyeron que se cortaría. Sin embargo, no ha tardado en tener problemas

Foto: Eder Sarabia gesticula en la banda del Bernabéu con Quique Setién al fondo. (EFE)
Eder Sarabia gesticula en la banda del Bernabéu con Quique Setién al fondo. (EFE)

Quienes conocen a Eder Sarabia (Bilbao, 1981), definen al segundo entrenador de Quique Setién como "un apasionado del fútbol". Hijo del mítico delantero del Athletic, Manu Sarabia, en poco o nada se parece a lo que su padre transmitía sobre el terreno de juego. Eder vive cada partido, y también cada entrenamiento, como si no hubiera mañana, de ahí que las imágenes que le han convertido en protagonista —y chivo expiatorio— de la derrota del FC Barcelona en el Bernabéu (2-0) no les sorprendieran. Además, cualquiera que haya estado en un banquillo sabe la tensión que se vive y todo lo que se cuece ahí dentro. Al igual que lo que pasa en el campo, se queda en el campo, lo que se dice en el banquillo, no sale del banquillo, salvo que alguien lo saque, claro...

Por contra, lo que sí sorprendió a quienes aprecian a Eder es que las citadas imágenes vieran la luz dos días después del Clásico y, según sospechan las mismas fuentes, como consecuencia de una interesada filtración, valga la redundancia, de alguien del vestuario a quien, además de no gustarle su comportamiento, quiere perjudicar de manera indirecta a Setién. Lo cierto es que la carrera de Sarabia ya empezó con mal pie en el Danok Bat, uno de los mejores clubes de cantera de Bizkaia, en el que su ilustre apellido le permitió dirigir al Juvenil A, al menos antes de lo previsto, y apenas duró unos meses al frente de él, a pesar de contar con una gran remesa de promesas como, por ejemplo, Sabin Merino y Ander Capa.

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Tras su paso por las categorías inferiores del Villarreal, donde tampoco logró consagrarse como primer entrenador, la andadura de Eder en el fútbol de elite ha estado siempre ligada a Quique Setién, íntimo amigo de su padre desde que ambos coincidieron en el CD Logroñés. El cántabro se lo llevó de segundo cuando fichó por la UD Las Palmas, lo mismo que hizo los dos años siguientes en el Betis. El pasado 14 de enero, cuando llegó la oferta del FC Barcelona, en la dirección deportiva azulgrana eran muy conscientes de la efusividad de Sarabia, aunque pensaron que siendo el Barça "se cortaría". Pero no ha sido así. Y, claro, no es lo mismo pegarle gritos, con todos mis respetos, a futbolistas de la UD Las Palmas o incluso del Betis que a los Messi, Griezmann, Busquets y compañía... En eso Valverde era un maestro y algunos se están empezando a dar cuenta ahora.

Pero volviendo al tema de las imágenes, una cosa es encontrar después de buscar, que es lo que hacía, por ejemplo, el famoso programa de Canal+ 'El día después', y otra buscar algo que se quiere encontrar, en este caso sobre el comportamiento de Eder Sarabia en el banquillo del Barça porque a alguien le interesaba que se encontrara y se aireara. Una emboscada, vamos. Parece lo mismo, pero no lo es. Parafraseando al siempre recurrente Dante Panzeri, los consumidores de calidad son menos que los compradores de polémica. Principalmente, porque mientras la primera conlleva algo tan importante y saludable como hacer pensar al lector, al oyente o al telespectador, para polemizar basta con sentarse cómodamente a mirar.

El debate es tan largo como profundo, pues se trata de una cuestión deontológica. Sí, y luego nos extraña que los futbolistas y los entrenadores se tapen los labios cuando hablan. Este fenómeno comenzó en Europa hace años, producto de la gran cantidad de cámaras que graban un partido. La tecnología es cada vez más avanzada y permite captar cualquier detalle que ocurra en el terreno de juego, incluyendo los diálogos de los jugadores y entrenadores. Normal que prefieran ocultar sus palabras, ya que estas lo mismo pueden ser utilizadas en algún tribunal disciplinario, en caso de alguna pelea con algún oponente o compañero, pero sobre todo para evitar polémicas extradeportivas como la que nos ocupa.

"A veces hay palabras duras y feas y esto es normal, pero algunos programas de televisión hacen un gran alboroto al respecto", comenta Phil Hall, un especialista en la materia que ha trabajado con algunos de los clubes más importantes de la Premier. "Un jugador me dijo que una de las principales razones por las que se tapa la boca es porque cuando estás cerca de alguien, amplifica tu voz para que pueda escucharte", añade el británico. Sin embargo, esta tesis es poco creíble, todo lo contrario de lo que comenta Hall sobre el hecho de que "en la NFL, por ejemplo, hay un patrón muy completo de tácticas y jugadas preparadas que podrían descubrirse con un lector de labios, aunque en el fútbol esto no es lo habitual". Desgraciadamente, así es.

Por cierto, de todos los comentarios de Eder Sarabia en el banquillo del Bernabéu que las distintas televisiones se han encargado de airear, hay uno en el que el segundo entrenador de Quique Setién tiene toda la razón: Benzema hizo lo que le salió del rabo. Lo habitual en el excepcional futbolista francés, aunque la gloria del Clásico se la llevara Vinicius. Otra demostración más del circo en el que hemos convertido el fútbol, donde a veces es mejor taparte la boca para que no te llamen bocazas...

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