salo muller, fisioterapeuta y amigo del flaco

De gurú de Cruyff a ganar una demanda en favor de las víctimas del Holocausto

Salo Muller, responsable de mantener a punto la musculatura de Cruyff, ha logrado que la compañía de ferrocarril holandesa indemnice a los descendientes de los judíos víctimas del Holocausto

Foto: Salo Muller y Johan Cruyff en un partido del Ajax en la temporada 1968-1969. (Eric Koch - Anefo/Nationaal Archief)
Salo Muller y Johan Cruyff en un partido del Ajax en la temporada 1968-1969. (Eric Koch - Anefo/Nationaal Archief)

Mentar a Salo Muller en el universo Ajax es retrotraerse con una sonrisa en los labios a la época en la que el club amsterdanés, a la sazón próximo obstáculo del Real Madrid en la Champions, ponía en pie al aficionado de toda Europa con aquel inolvidable 'Totaal Voetbal' que propició una rebelión 'termidoriana' en cuanto a la manera de entender el balompié.

Mientras que Rinus Michels era el general al mando de aquella fastuosa orquesta 'ajacied' y Johan Cruyff era su solista más aventajado, Salomon Barend Muller (Ámsterdam, 1936) tenía la supina responsabilidad de mantener a punto para cada encuentro el bien más preciado de aquella pléyade de futbolistas venidos de otra galaxia: sus piernas eléctricas.

El afamado fisioterapeuta de origen judío, un adelantado a su tiempo en la manera de tratar la musculatura de sus pacientes, circunstancia que le convertiría en persona de máxima confianza del más grande jugador en la historia del fútbol holandés, saborea desde hace unas semanas el triunfo del que ha sido, sin ningún género de duda, el partido más largo, desgastante y difícil de sus 82 años de existencia. El reconocimiento por parte de la compañía nacional de ferrocarriles tulipán de su responsabilidad directa en la deportación de judíos holandeses a los campos de exterminio nazis durante la ocupación alemana de los Países Bajos.

La ardua batalla legal iniciada por Muller hace años, a la que se fueron sumando familiares de otras víctimas neerlandesas del Holocausto, ha logrado finalmente su objetivo último. Que la Nederlandse Spoorwegen (NS) acceda a indemnizar tanto a los supervivientes como a los descendientes directos de los 107.000 ciudadanos judíos que fueron enviados a las cámaras de gas con la inestimable colaboración de los trenes holandeses. De ellos, solo 5.000 lograron sobrevivir.

La NS, que percibió una cifra próxima a los 2,5 millones de euros de parte de las temidas SS por utilizar sus vagones para trasladar a personas de etnia judía y gitana hasta los campos de exterminio de Bergen-Belsen, Theresienstadt, Auschwitz o Sobibor entre 1941 y 1944, establecerá 'motu proprio' (sin juicio de por medio), en aquiescencia con los abogados de Muller, un fondo de compensación económico para llevar a cabo el pago de las indemnizaciones, siendo estas determinadas de manera individual. Es decir, caso por caso.

"Estoy encantado porque se trata de un resultado que nunca me atreví ni siquiera a soñar. El sufrimiento de muchos judíos permanece, así que me alegro de que el ferrocarril holandés admita su papel y asuma la responsabilidad. Ellos estaban a su servicio y su misión era proporcionar trenes a instancias de los alemanes", acertó a reconocer con una sonrisa plena de satisfacción el exgurú 'ajacied', cuyos padres fueron dos de los seis millones de ciudadanos judíos asesinados por el Tercer Reich durante la Segunda Guerra Mundial.

Muller y Cruyff leen el periódico en el aeropuerto. (CC)
Muller y Cruyff leen el periódico en el aeropuerto. (CC)

Cuatro años escondido

Louis Muller y Lena Blitz fueron detenidos por los nazis en 1941 y trasladados al centro de internamiento de Westerbork, en la provincia holandesa de Drenthe, desde donde serían posteriormente deportados a Auschwitz. Allí perecerían víctimas del ‘Zyklon-B’. Salo, que apenas tenía cinco años, logró sobrevivir en la clandestinidad durante la ocupación germana de los Países Bajos gracias a la inestimable ayuda de familias holandesas allegadas de sus padres. Hasta en ocho lugares distintos tuvo que esconderse para eludir la mano asesina de las SS, e incluso se vio obligado a cambiar su nombre de pila por el de Japje durante el año y medio que permaneció en las islas Frisias.

Salomon contó posteriormente la amarga experiencia vital de su infancia en el libro 'Hasta esta noche y sé amable'. El título responde a las últimas palabras que le dijo su madre, Lena, antes de dejarle como cada mañana en la guardería del distrito amsterdanés de Schouwburg para irse a trabajar sin saber que, horas más tarde, sería arrestada junto a su marido por los alemanes.

La pesadilla vivida por Muller durante el período de invasión por parte de los ejércitos del Tercer Reich se asemeja en gran medida a la de Anna Frank, que vivió oculta durante 25 meses en la parte trasera de la empresa familiar, en el barrio de Jordaan, hasta que fue delatada, descubierta y detenida por la Gestapo en 1944. Su particular vía crucis del terror fue similar al de los padres de Salo: Westerbock, Auschwitz y finalmente Bergen-Belsen, donde falleció víctima del tifus.

A la conclusión de la guerra, Salo Muller se instaló en Ámsterdam con una tía suya. Las secuelas de la persecución y el largo aislamiento sufrido le pasaron factura y no consiguió finalizar la escuela secundaria por problemas de adaptación. Sin tener nada claro su lugar en el mundo, decidió cursar estudios de fisioterapia y comenzó a trabajar en un gimnasio bajo la supervisión de su profesor, el señor Rodenburg.

Asombrado por sus hábiles manos y sus brillantes ideas para modernizar el gremio, su mentor le animó a cambiar de especialidad deportiva y pasarse al balompié. El propio Rodenburg le organizó una entrevista en el Ajax con el entrenador, el austriaco Carl Humenberger, y con el doctor Postuma. En 1959 pasó a formar parte del cuerpo técnico del club como asistente en prácticas. Un año más tarde se convirtió ya en el fisioterapeuta de referencia de la primera plantilla.

Salo Muller (i) auxilia a Johan Cruyff en un partido del Ajax en la temporada 1969-1970. (Bert Verhoeff - Anefo/Nationaal Archief)
Salo Muller (i) auxilia a Johan Cruyff en un partido del Ajax en la temporada 1969-1970. (Bert Verhoeff - Anefo/Nationaal Archief)

Las manos amigas de Cruyff

Su especial sensibilidad a la hora de tratar los músculos de los jugadores y una rara habilidad como motivador gracias a su excelente dialéctica hicieron de Salo un personaje indispensable en la maquinaria de una escuadra cuyas prestaciones deportivas comenzaron a crecer como la espuma con la llegada de dos jóvenes canteranos, Johan Cruyff y Piet Keizer.

La labor entre bambalinas de Muller tendría mucho que ver en los éxitos tanto domésticos como continentales del célebre equipo del guerrero aqueo, hasta el punto de ser durante casi una década el hombre de confianza de su líder indiscutible, tanto dentro como fuera de los terrenos de juego.

Inveterado seguidor de la escuadra holandesa, a la que le unió de inmediato sus comunes raíces judaicas, se distanciaría de ella en 1972, tras la conquista de la segunda Copa de Europa, luego de entrar en conflicto con la dirigencia por cuestiones salariales y de competencias. Pocos años después plasmaría en un libro, 'Mi Ajax', todas sus vivencias y un sinfín de divertidas anécdotas en el vestuario más famoso del país.

Tras abandonar el club de sus amores, Salo se centró en desarrollar nuevas técnicas de fisioterapia, al tiempo que fundó la revista 'Physioscoop', de la que ejercería como redactor jefe durante tres décadas. Su larga experiencia en tratamientos con pacientes lesionados y los numerosos avances que introdujo en su profesión fueron el 'leitmotiv' del libro 'Exposure', publicado en 2007.

Considerado toda una eminencia en la materia, Salo Muller decidió emprender en las dos últimas décadas, entre conferencia y conferencia de fisioterapia por numerosos rincones el planeta, una cruzada legal contra la compañía ferroviaria holandesa destinada a honrar la memoria de sus padres y de la de los seres queridos de los supervivientes del Holocausto. De ahí que el acuerdo firmado con Roger van Boxtel, presidente de NS, le ha traído al fin esa paz interior que le abandonó abruptamente y sin aviso aquella lejana mañana de 1941. "Está muy bien que por fin se reconozca que el sufrimiento no prescribe", sentenció.

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