LA CAÍDA EN ROMA, LA GOTA QUE COLMA EL VASO

Iniesta se marcha del Barcelona: la herida con Bartomeu no está cerrada

El capitán Iniesta, que tenía dudas sobre su continuidad en el Barcelona porque Valverde le había hecho volver a sentirse importante, tiene preparado su adiós tras chocar con el presidente

Foto: Iniesta se marcha cabizbajo del Olímpico de Roma. (REUTERS)
Iniesta se marcha cabizbajo del Olímpico de Roma. (REUTERS)

Se acabó. Andrés Iniesta no va a seguir en el Barcelona y pondrá fin a su etapa de dieciséis temporadas en el primer equipo. El capitán, que dudaba de su continuidad por el nuevo rol y la confianza que le había dado Ernesto Valverde después de que para Luis Enrique fuera uno más entrando en las rotaciones y empezando muchos partidos en el banquillo, tiene claro que debe marcharse. Iniesta se va, en gran parte, porque la herida con Bartomeu no está cerrada. Las diferencias con el presidente, por cómo trató el asunto de su renovación y la poca delicadeza, según el de Fuentealbilla, para respetar la decisión sobre su futuro han sido el detonante. Hay más factores que influyen en su decisión. El último se produce en Roma con la eliminación en la Champions y su sustitución. Salió en el minuto 80, entró André Gomes y un minuto después llegó el gol de Manolas.

A Iniesta no le gustó el partido, como tampoco le gustó su sustitución. En el descanso una televisión captó una conversación suya con Sergi Roberto en la que le anunciaba que si seguían por esa línea terminarían eliminados. "Ellos tenían muy claro dónde tenían que atacarnos. Si no se puede jugar hay que buscar otras soluciones y no lo hemos hecho. En la segunda parte le dimos un poco más de sentido al juego teniendo el balón. No es cuestión de pedir perdón porque la imagen siempre es la máxima por la predisposición que tenemos. Pero nos quedamos fuera con el dolor para todos", explicaba el mediocampista tras el partido.

Iniesta ya no quiere ser un problema en lo institucional porque el presidente le ha dejado claro que tiene que seguir con el cambio generacional y para ello ha fichado a Coutinho y el brasileño Arthur. Ni tampoco en lo deportivo para un entrenador que, si bien le ha devuelto la titularidad, entiende que no puede jugar los noventa minutos.

Iniesta puso la fecha del 30 de abril para comunicar al club la decisión sobre su futuro. Los acontecimientos se pueden precipitar después de la eliminación en la Champions, aunque el jugador es partidario de respetar los plazos que él mismo marca. El origen de las diferencias que tiene con el presidente se remontan al mes de septiembre del año pasado cuando se sorprendió por unas declaraciones de Bartomeu en el ‘Mundo Deportivo’ donde decía que existía un principio de acuerdo para la renovación. El manchego se molestó y, tras el partido de la selección en Liechtenstein, respondió ante los periodistas con un “no” rotundo. No había acuerdo ni principio ni nada de nada y, según Andrés, el presidente había mentido. No le gustó el escenario en el que había entrado Bartomeu, salpicado por las críticas que llegaban tras la mala gestión de la salida de Neymar, el frustrado fichaje de Verratti (también le afectaba en lo deportivo), el culebrón de la renovación de Messi que desestabilizaba al equipo y una moción de censura.

Iniesta se sintió utilizado por el presidente como una cortina de humo para generar ilusión en una época de incertidumbre e improvisación del club. Si algo no le gusta o rechaza es que le falten al respeto o no se sienta valorado. Bartomeu se vio obligado a arreglar el estropicio con más acercamiento, reuniones y conversaciones que sirvieron para ganar tiempo y encontrar la estabilidad hasta el final de la temporada. El 7 de octubre se presentó en un acto la renovación de por vida del capitán como un gesto obligado, por parte del presidente, para dejar claro que Iniesta se había ganado el derecho a decidir cuándo quería poner fin a su etapa en el Barcelona. La relación fría se maquilló en gran parte por el talante conciliador y la responsabilidad del jugador.

La imagen de Iniesta en banquillo del Barcelona es cada vez es más habitual. (REUTERS)
La imagen de Iniesta en banquillo del Barcelona es cada vez es más habitual. (REUTERS)

Demasiadas meteduras de pata

El choque entre el presidente y el capitán provocó que ya nada fuera igual. Iniesta se ha sentido valorado por Valverde porque le ha dado la titularidad e, incluso, le ha permitido jugar partidos importantes sin estar en su mejor momento de forma física. Los ejemplos más claros fueron los encuentros ante el Atlético de Madrid en el Camp Nou y el Chelsea en Stamford Bridge. Llegó muy justos a los dos. Pero jugó y entendió que para el entrenador seguía siendo importante para empezar los partidos. En este escenario ha habido más meteduras de pata del club que no sólo han molestado a Iniesta sino también al vestuario. Las palabras de Guillermo Amor reconociendo que había contactos con Griezmann volvían a poner de manifiesto que las cosas no se estaban haciendo bien.

Iniesta no quiere ser un problema para el Barcelona y entiende que lo mejor es marcharse. Cerrará una larguísima etapa un futbolista que llegó con 12 años y ha estado 16 temporadas en el primer equipo. Ha ganado todo. Un total de treinta títulos: ocho Ligas, cuatro Champions, tres Mundial de clubes, cinco Copas del Rey… El 11 de mayo cumplirá 34 años y su nuevo destino será el fútbol chino.

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