tiene 23 años y jugaba en el sunderland

La inflación inglesa que convierte a un portero desconocido en un producto de lujo

Jordan Pickford le ha costado al Everton casi 40 millones de euros y es el tercer portero más caro de la historia. El hecho de ser producto local y las normas de la Premier hinchan los traspasos

Foto: Jordan Pickford, con el Sunderland. (Reuters)
Jordan Pickford, con el Sunderland. (Reuters)

Nadie confundiría hoy en día a Jordan Pickford con uno de los mejores porteros del mundo. O nadie que no sea ojeador del Everton, al menos. El equipo de Liverpool ha fichado al guardameta por 25 millones de libras que pueden llegar a ser 30. Esa cifra suponen unos 35 millones de euros o, lo que es lo mismo, la tercera mayor cantidad pagada nunca por un portero. Por detrás de Ederson, fichado este año por el Manchester City por casi 40 millones de euros, y de Buffon, que son palabras mayores.

El chico tiene buena pinta, forma parte del equipo sub-21 de Inglaterra aunque ya tenga 23 años (misterios tiene la UEFA), un conjunto que, esta vez sí, parece mejor que el de los años anteriores. Ya ha pasado una temporada jugando en la Premier League, aunque, todo sea dicho, en el Sunderland, un equipo que descendió a la Championship con la muy escasa gloria de ser el último.

Un joven con potencial, no cabe duda, pero que no está entre los mejores porteros del mundo, quizá nunca llegue a estarlo. Tampoco los porteros británicos son los que mejor nombre tienen en el continente, más bien al contrario, más allá de algunas honrosas exepciones como Gordon Banks o Peter Shilton la fama es atroz. De hecho, ha habido temporadas en la Premier en la que ningún equipo tenía un guardameta del país, no fuese a ser ese el principio del descalabro.

El Everton confía en que Pickford sea algo diferente, por supuesto. Y, lo más curioso, es que uno de los motivos por los que ha sido tan caro es, precisamente, su condición de inglés. Es una de las lacras del futbol británico: tienen más dinero que nadie, los equipos son muy poderosos, incluso aquellos que no tienen aspiraciones más allá de sobrevivir van al mercado con la cartera llena. Pero para confeccionar una plantilla no solo pueden pensar en el dinero.

El problema está en que una parte de esas fichas tiene que irse en jugadores de formación propia, nacidos o educados en el Reino Unido. Ahí la cosa se complica, porque en Inglaterra se disputa la mejor liga del mundo, pero el producto futbolístico inglés es bastante mejorable. La prueba de ello es que la selección encadena descalabros en las grandes competiciones desde hace décadas. También la poca capacidad para que los equipos de categorías inferiores despunten en los europeos y mundiales de sus edades.

Pickford, con Inglaterra. (Reuters)
Pickford, con Inglaterra. (Reuters)

La obligación de los canteranos

Pero todas las plantillas de la Premier necesitan de jugadores educados en Inglaterra o Gales. Hay una norma de la competición que dice que si se quiere tener una plantilla de 25 jugadores, al menos ocho deben de haber pasado por la cantera de algún equipo inglés o galés. La regla especifica que antes de los 21 deberían de haber estado al menos tres años con ficha federativa de algún club inglés.

Eso llevó a muchos equipos, desde hace años, a rastrear por Europa buscando talento adolescente para rellenar las canteras. Porque, en la práctica, lo mismo vale Cesc, español pero canterano del Arsenal, que cualquier jugador nacido allí que haya tenido el camino lógico de seguir durante años en la propia factoría inglesa. Los esfuerzos de los clubes por enriquecer la cantera con extranjeros son complicados y, además, chocan con la política de la FIFA de traspasos de menores, una norma por la que el Barcelona, el Real Madrid y el Atlético se han encontrado con periodos enteros de fichajes sin poder inscribir jugadores.

Así que el jugador inglés tiene una inflación por origen que no existe en el resto de países del mundo. Solo así se entiende este traspaso, por encima del precio de mercado. Tampoco es el primer caso, ni será el último. Raheem Sterling le costó 70 millones de euros al Manchester City. Es un buen jugador en este caso, de los mejores ingleses, sin duda. Pero el precio estaba por encima del mercado.

Como lo estuvo el de Luke Shaw, lateral izquierdo de potencial que se fue al United por cerca de 40 millones de euros sin haber demostrado demasiado en el Southampton. Ha fracasado (también es cierto que sufrió una grave lesión) y ahora le buscan manera para salir del club. No es extraño esto, de hecho es casi lo normal, cuando la cantidad que se desembolsa es tan alta, sin importar los factores añadidos, las expectativas también lo son. Y, por lo tanto, las opciones de fracasar también ascienden.

Un caso más es el de John Stones, que ha tenido una primera temporada en el Manchester City con tantas luces como sombras después de costar el pasado verano casi 60 millones de euros y convertirse así en el defensa más caro de todos los tiempos. Una cantidad excesiva por un jugador con buen nombre pero poco demostrado. Un jugador, eso sí, inglés y, por lo tanto, una necesidad para un equipo como el City que más parece Naciones Unidas que un equipo de la capital del norte de Inglaterra.

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