DESENCUENTROS CON GUARDIOLA, CRUYFF...

Rosell, historia de un 'suicidio' deportivo: del endiosamiento a su obsesión con el Madrid

Ya es historia del Barcelona. El fichaje de Neymar, con el que quería pasar a la historia, ha dilapidado a su ambicioso proyecto, hasta la dimisión de este jueves

Foto: Sandro Rosell antes de anunciar su dimisión como presidente del Barcelona (Reuters).
Sandro Rosell antes de anunciar su dimisión como presidente del Barcelona (Reuters).

Ya es historia del Barcelona. El fichaje de Neymar, con el que quería pasar a la historia, ha dilapidado su ambicioso proyecto hasta la dimisión de ayer. Sandro Rosell se dejó ver en esto del fútbol de la mano de Nike. En el mundo del deporte, su estreno fue en los Juegos de Barcelona. En 1996 se convirtió en director de marketing para España y Portugal. Tres años después da el salto a Latinoamérica. Brasil fue su centro de operaciones y Brasil ha sido su tumba deportiva catorce años después. Durante su estancia trabó amistad con Marcelo Teixeira, presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF), que en 2012 tuvo que huir del país para evitar su paso por la cárcel. Rosell vendió a la perfección a una selección repleta de estrellas, tanto que por un momento se llegó a creer uno más. Se mezclaba con los Ronaldo, Roberto Carlos, Ronaldinho... Sandro era uno más.

En 2003 gana las elecciones de la mano de Laporta. La unión con su hoy enemigo número uno duró dos años. Desde ese momento, Rosell se puso manos a la obra para llegar al sitio que siempre quiso ocupar: el de presidente del Barcelona, algo que logró con relativa facilidad. En la campaña electoral mostró su cara más amable. Incluso se atrevió con un desayuno de Europa Press en Madrid. Repartió abrazos, sonrisas y prometió transparencia total y apartarse del carácter político que Laporta había dado al club mientras afirmaba que no haría locuras en los fichajes, poniendo como ejemplo los compromisos adquiridos por la anterior Junta con Cesc Fàbregas.

Florentino, de consejero a enemigo

Ya como presidente, Rosell, de familia burguesa –su padre fue uno de los fundadores de Convergència, impregna el palco de un aire un tanto esnob del que siempre ha presumido. Directivos que se comían el mundo de la mano de uno de los presidentes más jóvenes de la historia del club catalán. Pasan los meses y el incipiente mandatario azulgrana se va granjeando enemigos. El primero, Florentino Pérez, persona que ha resultado vital en su posterior suicidio deportivo. De llamar para pedirle consejos en las primeras semanas a intentar torpedear cualquier tipo de operación. Mientras, Cruyff devolvía la presidencia de honor y la medalla impuesta por Laporta.

El siguiente de la lista fue Guardiola. No soportaba que el aficionado azulgrana, el mismo que se revolvió ante el acuerdo con Qatar Foundation, pusiera por delante en sus preferencias al técnico. Guerra fría, tensión, disputa y adiós del hombre de los seis títulos. No había sitio para los dos. Pep cedió y se despidió de un equipo que había construido y educado para rendir con él como jefe de la banda.

Antes del adiós de Guardiola y preparando su cita con los dioses, Rosell decide intervenir. Buscaba su lugar en la gloria del barcelonismo. Conocedor del mercado brasileño, el presidente azulgrana decidió lanzarse a por un imposible, arrebatando al Real Madrid el fichaje de Neymar. El brasileño había pasado, incluso, un reconocimiento médico por la entidad madridista y se había atrevido a firmar un contrato con el club blanco. No importó. Rosell apareció cual emperador romano, lo que ocurre es que en lugar de subirse a una cuadriga lo hizo al autobús de la selección. Todo discreción.

"Un delito" si hubiera jugado de blanco

De ese viaje a la Copa América regresó con la seguridad de que Neymar no vestiría de blanco. La culpa, los 40 millones de euros que el padre del jugador había pedido como prima de fichaje y que él había accedido a pagar a una sociedad llamada N&N. El Real Madrid se negó. "Si hubiéramos fichado a Neymar, habríamos cometido un delito", ha repetido a El Confidencial un directivo del club blanco, afirmación que con el tiempo se ha demostrado que se acercaba bastante a la realidad. A Rosell no le importó.

El acuerdo pasaba por una renovación con el Santos, que escenificaba el adiós definitivo al Real Madrid y tranquilizaba a la afición del club brasileño. Firmó hasta el 30 de junio de 2014, momento en el que entraría en vigor el acuerdo suscrito con el club azulgrana. El panorama no podía ser más bonito. Rosell engordó unos cuantos kilos de satisfacción. El problema: los más de dos años y medio que tenía que esperar para que se hiciera efectivo el acuerdo.

Tras un año tranquilo, Rosell colocó a André Curí como 'guardaespaldas' del brasileño para que nadie se pudiera acerca al jugador. La situación se agita con el viaje de dos emisarios del Real Madrid hasta Brasil, cargados de dinero y con el objetivo de entorpecer al máximo la que era una plácida llegada de Neymar al Barcelona. El presidente azulgrana se pone nervioso y firma su sentencia. Ordena adelantar el viaje de Neymar y, tras semanas de negociación, llega a un confuso acuerdo con el Santos para el traspaso del jugador. En ese momento, el padre de Neymar le recuerda los famosos 40 millones de euros firmados en noviembre de 2011 que tiene que asumir el Barcelona, de los que ya pagó 10 en el momento de la firma.

Cases recopila información y entra en escena

El acuerdo con el Santos ya levanta las primeras sospechas. El fondo DIS, tenedor del 40% de los derechos, protesta ante el baile de cifras y de dinero que le han hecho en sus propias narices. Se siente estafado y amaga con demandar, algo que sí hace el socio Jordi Cases, que recopila información y presenta una querella que ha sido admitida y que ha costado la presidencia a Sandro Rosell por lo que se considera un posible delito de apropiación indebida y administración desleal. 

Mientras, y de manera paralela, Rosell sigue figurando en el sumario de varios casos en Brasil. De hecho, no ha regresado al que fue su país adoptivo durante tres años y ahora, según una televisión de dicho país, puede enfrentarse a una pena de cárcel de ocho años. Su socio, Teixeira, sigue buscando ubicación para su exilio. Empezó en Miami y lo intentó en Andorra, pero su petición fue rechazada. La empresa Alianto y diferentes operaciones, entre las que se encuentran un par de partidos amistosos de la selección brasileña, son los culpables de su exilio y del alejamiento de Rosell.

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