DILMA ROUSSEF QUIERE UN ACUERDO SIMILAR AL DE LOS CLANES DE LAS FAVELAS

Brasil busca acuerdos sociales que frenen la violencia que acompaña a la Confederaciones

Indignación en Recife, indignación en todo Brasil. En la capital pernambucana por lo sucedido en los alrededores y dentro de un estadio con un envoltorio precioso,

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Brasil busca acuerdos sociales que frenen la violencia que acompaña a la Confederaciones

Indignación en Recife, indignación en todo Brasil. En la capital pernambucana por lo sucedido en los alrededores y dentro de un estadio con un envoltorio precioso, pero con una entrañas que dejaban mucho que desear. En el resto del país, el enfado tiene un carácter reivindicativo social y económico. Las protestas se suceden  aprovechando el escaparate de la Copa de las Confederaciones. 

Río de Janeiro, Brasilia y Sao Paulo son las ciudades elegidas para las protestas. Tanto es así, que la clase política ha tendido la mano en búsqueda de acuerdos que calmen los ánimos de las principales ciudades. Mientras llegan los acuerdos, ayer se sucedieron las manifestaciones, con especial violencia en Rio de Janeiro.

El gobierno de Dilma Roussef  -le han pedido que espacie al máximo sus habituales apariciones públicas- está contra las cuerdas. El partido de los Trabajadores se ha quedado sólo. Las apariciones de la presidenta durante estos días, todas ellas relacionadas con el fútbol, se han saldado con abucheos y censura generalizada. La Policía Militar ha tomado los estadios, con Maracaná a la cabeza. No quieren más protestas y para ello no han dudado en emplearse con toda la contundencia a su alcance. El símbolo del próximo Mundial estuvo tomado por la policía en un perímetro de setecientos metros en el México-Italia.

El problema que se ha encontrado Roussef es que la represión no ha callado al pueblo. Tanto es así que el gobierno va a repetir lo hecho con las bandas que controlan la violencia y delincuencia procedente de las favelas. Es decir, buscar un punto de acuerdo, un entendimiento con tal de frenar las protestas

En el caso de los jefes de los clanes, nunca confesadas por cierto, da resultado. Sucedió en los pasados Juegos Panamericanos y está pasando durante estos días, en donde el seguidor de fútbol no es la fácil presa que suele ser el turista que circula por zonas no recomendables.

Ahora llega el momento de encontrar un entendimiento social. Debe llegar precedido de algún gesto, de un movimiento que calme el alma de los ya llamados indignados brasileños, que han estallado tras una subida generalizada del transporte. El panorama no es el mejor posible para Roussef, que ve como su popularidad está por los suelos cuando pensaba que la Copa de las Confederaciones y el amado fútbol, iba a ser el bálsamo perfecto para preparar las próximas elecciones presidenciales.

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