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Por qué la salida de Binotto es mala para Sainz pero podría ser peor aún para Leclerc
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FUTURO INCIERTO EN MARANELLO

Por qué la salida de Binotto es mala para Sainz pero podría ser peor aún para Leclerc

La dimisión del actual jefe de Ferrari no es, a priori, una buena noticia para el español, ya que siempre fue un gran valedor suyo. Pero quizá a largo plazo pueda beneficiarle

Foto: Leclerc quiere a Sainz de escudero. (EFE/Sebastião Moreira)
Leclerc quiere a Sainz de escudero. (EFE/Sebastião Moreira)

Confirmado el rumor, que era un secreto a voces, sobre el cambio en la jefatura de Ferrari, acabamos de ver la enésima representación del histórico autoboicoteo del equipo italiano. Por si fuera pequeño el destrozo que puede suponer para la Scuderia prescindir de Mattia Binotto el año que ha vuelto a ser un aspirante al título, el líder del equipo se marcha sin saberse aún quien es su sucesor. Si en Maranello, de base, los rumores hacen más ruido que los propios motores de la fábrica, imaginen lo que va a suponer diciembre para todos los empleados de la Gestione Sportiva. Un hervidero que durará aproximadamente un mes hasta que conozcan a su nuevo jefe. Lo que se dice en sentido irónico 'un ambiente ideal de trabajo'.

Para más inri, con Mattia Binotto probablemente ocurrirá lo mismo que ha ocurrido en el pasado con los mejores cerebros surgidos de Ferrari. Basta que se marchen de la casa para empezar a triunfar en otros entornos. Todos los que ahora se sienten satisfechos viendo cumplido su deseo de que el ingeniero italo-suizo se fuera, se morderán las uñas el día que vean, por ejemplo, a Audi triunfando con un motor o un equipo técnico liderado por Binotto. Ha ocurrido siempre y ahora no será una excepción. Pero los tifosi más enardecidos y el sector duro de la prensa italiana presionan y presionan, hasta que el gran jefe (en esta ocasión John Elkann), cumple con sus deseos de vendetta.

Uno de los principales 'pecados' del saliente jefe de equipo transalpino es no haber dado los galones de piloto número uno a Charles Leclerc. Para estos aficionados y periodistas que parecen conocerlo todo, la prudencia podría haberles sugerido que Mattia Binotto tendría sus razones para no hacerlo. Podrían pensar, por ejemplo, que la labor de Carlos Sainz pudiera ser más clave que la de Leclerc en el apartado de la evolución del coche. Podrían pensar también que Leclerc bajo presión tiene tendencia a fallar y que era mejor repartir la presión entre los dos pilotos. Incluso pudiera darse el caso que tuvieran razón y que, para ser campeón, es preciso que desde el primer día un equipo defina el rol de primer piloto y escudero. Pero, ¿y si ese razonamiento es erróneo? ¿Qué pasa?

Peligrosas decisiones en caliente

Lo que es seguro es que si ese plan que con tanta clarividencia ven todos estos pretendidos expertos sale mal, nadie dirá 'me equivoqué'. Al contrario, todos los que ahora ven a Leclerc como el adorado redentor, a la primera que falle enfocarán toda su artillería hacia él. Y ese es el regalo envenenado que puede suponer para Charles Leclerc, que finalmente se salga con la suya y que Ferrari sea un equipo hecho a su medida. Ser el abanderado del Cavallino puede ser uno de los oficios más estresantes del mundo, más aún incluso que el de jefe de la Scuderia.

Imaginen cómo le tendría que sentar en su día a Michael Schumacher ver a toda plana en un periódico italiano de tirada nacional el titular 'Schumi traditore!' (traidor) después de un mal día o algún fallo. ¡Y eso a pesar de haber llevado gloria a Maranello a toneladas!. Eso en Italia es así. Se pasa del frío al calor en décimas de segundo y la mesura y el término medio no existe. Quizá ahí resida parte de su encanto y por ello despierte las pasiones que los aburridos equipos ingleses no levantan, pero desde luego no es la mejor receta para trabajar con confianza.

Charles Leclerc protestaba en 2019 cuando le frenaban y priorizaban a Sebastian Vettel. Cuando le dieron los galones de líder en 2020, el coche no era nada competitivo. Finalmente, llegó en 2021 Carlos Sainz y un coche mejorado (no ganador aún), pero resultó que al final de temporada el monegasco acabó detrás del novato español en puntos. Y esta temporada comenzó con un coche ganador y un Carlos Sainz errático y sin confianza, sintiendo que había llegado su momento. Poco tardó su entorno, liderado por su manager Nicholas Todt, a calentar el ambiente con la prensa afín para que calara el mensaje de que 'Ferrari no será campeón porque no está concentrando fuerzas en su líder'. Pero claro, se contaba en ese mensaje solo la parte que interesaba, la de las 'poles' y las victorias a principio de temporada, pero se ocultaba que Leclerc, en su gran oportunidad de afianzarse en el Mundial, se estampó el solito contra las protecciones liderando el Gran Premio de Francia. La presión, la maldita presión.

placeholder En Francia se vio cómo le afectó la presión a Leclerc. (EFE/EPA/Eric Gaillard)
En Francia se vio cómo le afectó la presión a Leclerc. (EFE/EPA/Eric Gaillard)

Toda la presión con Leclerc

Cuánto recordó ese accidente de Leclerc en el circuito Paul Ricard al protagonizado tres años antes por Sebastian Vettel en Hockenheim. Aquel fatídico día sentenció las aspiraciones del alemán para el título mundial y su futuro en el equipo del cavallino. Aquel día también, la grada ferrarista más radical y, por supuesto, la prensa 'colaboracionista' de esta grada, le puso la cruz y no paró ya de machacar a todo tetracampeón del mundo. La crítica fue inmisericorde hasta que consiguieron sacarlo por la puerta trasera de la fábrica en la Via Abetone Inferiore, número 4. Igual que los augures le aconsejaban a Julio César de los idus de marzo, que en lugar de buena suerte le traerían a una cuadrilla de traidores para asesinarle, Leclerc hará bien en desconfiar de todos los que hoy le adulan.

Lo primero que hay que preguntarse es si Leclerc va a tener un coche competitivo el año que viene para lograr ese objetivo. No parece que quedarse un mes descabezados sin liderazgo vaya a ser de mucha ayuda para los ingenieros en la fase crítica del proyecto. Apenas quedan dos meses para que se terminen los coches de la temporada 2023. Mal asunto. Para Carlos Sainz, sin embargo, esto puede girar a su favor porque su bagaje técnico es más decisivo que el de Charles Leclerc. Mucho ojo si la nueva máquina surgida de Maranello se adapta desde el principio al gusto del madrileño, porque si Leclerc no bate día sí, día también a Sainz, muchos empezarán a cuestionarse si no han sido engañados.

El sueño de Jean Todt, el anterior presidente de la FIA y de Ferrari, es que Charles Leclerc, Frederic Vasseur y su hijo Nicholas reeditaran el tridente que en su día compusieron Michael Schumacher, Ross Brawn y él mismo. Este plan contempla para Carlos Sainz un rol similar al desempeñado en su momento por Rubens Barrichello, pero cuidado con pasarse de listo, porque a lo mejor ha sobrevalorado las cualidades del nuevo 'triunvirato' y subestimando las virtudes que un Mattia Binotto o el propio Sainz podrían tener para devolver a Ferrari a la gloria. Quizá sea bueno que recuerden que después de muchos años de sequía, los italianos quedaron subcampeones en 1991, meses después se cargaban al jefe Cesare Fiorio y poco después despedían de mala manera al que se suponía que era su mesías, Alain Prost. Y tras ellos, el desierto en muchos años. La historia sirve casi siempre para predecir el futuro

Confirmado el rumor, que era un secreto a voces, sobre el cambio en la jefatura de Ferrari, acabamos de ver la enésima representación del histórico autoboicoteo del equipo italiano. Por si fuera pequeño el destrozo que puede suponer para la Scuderia prescindir de Mattia Binotto el año que ha vuelto a ser un aspirante al título, el líder del equipo se marcha sin saberse aún quien es su sucesor. Si en Maranello, de base, los rumores hacen más ruido que los propios motores de la fábrica, imaginen lo que va a suponer diciembre para todos los empleados de la Gestione Sportiva. Un hervidero que durará aproximadamente un mes hasta que conozcan a su nuevo jefe. Lo que se dice en sentido irónico 'un ambiente ideal de trabajo'.

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