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No, no todo es dinero: en la Fórmula 1 la diferencia está en la falta de talento
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LA CLAVE NO ES EL DINERO

No, no todo es dinero: en la Fórmula 1 la diferencia está en la falta de talento

Para bien o para mal, en la delgada línea entre el éxito y el fracaso en la F1, el factor clave final es la competencia profesional y liderazgo de las personas al frente de la organización

Foto: Alpine en el Gran Premio de Bahrein. (EFE EPA /ALI HAIDER)
Alpine en el Gran Premio de Bahrein. (EFE EPA /ALI HAIDER)

Quien escribe estas líneas ha sentido siempre una profunda admiración por Ron Dennis, una de las mentes más brillantes de la historia del automovilismo. Gracias a Dennis la Fórmula 1 se convirtió en el modelo a imitar por parte de los grandes deportes a nivel mundial. Mérito suyo también es haber convertido lo que era un equipo de carreras a la deriva, (como en su día era McLaren), en un coloso global de la tecnología automovilística.

Sin embargo, una persona llena de virtudes como Dennis tenía también el defecto de un terrible ego que acabó resultando fatal tanto para él como para su equipo. La misma persona capaz de crear un imperio gracias a su genio casi acaba con él a causa de una soberbia que poco a poco fue desconectándole de la realidad y le llevó a cometer incomprensibles errores.

Sirva este ejemplo para ilustrar como un equipo sin apenas cambios con respecto a capital humano, tecnológico y económico, como lo fue McLaren en toda la era Dennis, puede bajar del cielo al infierno en muy poco tiempo a causa de los errores claves de una sola persona. Ejemplos parecidos son numerosos en la historia de la Fórmula 1 y desmonta ese mantra tan recurrente de que en este deporte todo es cuestión de dinero. Nada más lejos de la realidad.

El dinero cuenta, pero no es todo

Si por dinero fuera, Toyota habría arrasado en sus años en Fórmula 1, pero a pesar de disponer de más presupuesto que nadie, los resultados fueron de una mediocridad pasmosa. En aquel caso, la arrogancia de la compañía japonesa pensó que podía trasladar su famoso método empresarial ‘kaizen’ a un equipo de carreras. La filosofía colaborativa de trabajo en comité del constructor nipón permitió a Toyota ascender al liderazgo mundial automovilístico, pero el clamoroso error fue asumir que los métodos que hacían de los Corolla, Yaris o Land Cruiser excelentes coches iban a funcionar igual en la Fórmula 1.

Toyota tenía las mejores instalaciones imaginables en Colonia, una fuerza laboral formidable y llena de talento, pero -pequeño detalle clave- mandaba una persona como Richard Cregan, que se hizo famoso por fichar a Ralf Schumacher en 2004 a razón de 16 millones de euros anuales. Por poner perspectiva, Carlos Sainz cobra aproximadamente la mitad de ese sueldo en Ferrari hoy día, casi veinte años después.

¿Cómo es posible que un equipo como Williams sea hoy día ‘el porras’ de la Fórmula 1? De nuevo, estamos ante otra historia de triste decadencia, donde la culpa no es ni del dinero, ni de la mala suerte, ni de factores externos. La historia de éxitos del equipo británico fue el resultado de la combinación del talento, determinación y compromiso del ingeniero Patrick Head y del propio Frank Williams, pero el factor humano también precipitó el fin.

Cuando los fundadores del equipo empezaron a desvincularse de su día a día y tomó las riendas Claire, la hija de Frank, la maquinaria dejó rápidamente de funcionar. Las personas y los medios materiales de la empresa eran básicamente los mismos, pero Claire no tenía la pasión y compromiso de su padre. Tampoco la humildad necesaria para asumir que debía de asociarse con algún brillante ingeniero, como en su día su padre hiciera con Patrick Head. Esta persona salvadora del equipo podría haber sido Paddy Lowe, pero el experimento apenas duró un año y, como resultado, llegó la quiebra y venta del equipo a Dorilton capital.

placeholder Alonso, en una imagen reciente. (EFE/Alejandro García)
Alonso, en una imagen reciente. (EFE/Alejandro García)

Alpine un gran equipo, pero con problemas de gestión

Si analizamos la parrilla, la situación de cada equipo tiene más que ver con el buen hacer de sus líderes que con el dinero, medios técnicos o pilotos que tienen a disposición. Ningún caso tan evidente hoy como el de Alpine, cuya fuerza laboral en la sede de Enstone (Reino Unido) es de las mejores y qué decir de su nuevo ‘motorazo’ gracias a los medios técnicos de Renault en Francia. En el apartado de pilotos, es evidente que con Fernando Alonso y Esteban Ocon cuentan con una de las mejores duplas de la parrilla. Pero el problema del equipo francés está en su cúpula directiva.

Quizás su nuevo director técnico Pat Fry esté un par de escalones por debajo del de Adrian Newey en RedBull, pero este detalle no cuenta toda la película. Christian Horner tiene que ver con su buena gestión para que a Newey no le falte absolutamente de nada en la sede de Milton Keynes. Si se compara la estabilidad que ha gozado desde hace años una estructura como RedBull, con el rosario de cambios vividos en Renault también adivinaremos la raíz de muchos de los problemas actuales de Alpine.

Lo que no significa que el secreto gire alrededor de no hacer cambios en las personas clave. En Mercedes ha habido numerosos cambios en la dirección técnica, lo que no ha sido óbice para que año tras año aplastaran a la oposición. Por su dirección técnica han pasado ingenieros como Paddy Lowe, Aldo Costa o más recientemente James Allison, y el equipo mantuvo su superioridad año tras año independiente del quién fuera máximo responsable del diseño de los coches.

placeholder Fugaz líder de Ferrari, Mattiacci cometió graves errores que le costaron la defenesatración incluso del Grupo (REUTERS/Tim Chong)
Fugaz líder de Ferrari, Mattiacci cometió graves errores que le costaron la defenesatración incluso del Grupo (REUTERS/Tim Chong)

Peor con Marco Mattiacci

Si Aldo Costa y James Allison fracasaron en Ferrari y brillaron en Mercedes, se debe que Ferrari era dirigido por Marco Mattiacci, mientras Mercedes es liderado por Toto Wolff. A la vista está que no ha sido el dinero o los medios materiales a disposición, lo que han motivado que los cerebros de estos ingenieros florecieran mejor en un sitio que en otro.

Si en Alpine Marcin Budkowski no hubiera estado tan pendiente de su ego para hacer creer a todos que él era el número 1 del equipo, quizá habría cohesionado mejor a su gente para dar lo mejor de sí ante este cambio reglamentario. Ferrari pasaba hace tres años por misma o peor posición que Renault (hoy Alpine), luego es evidente que Mattia Binotto lideró mejor a sus huestes que lo que hicieron primero Cyril Abiteboul y luego Marcin Budkowski.

La persona clave en el resurgir de Alpine podría haber sido Davide Brivio, o quizá no, nunca lo sabremos. Suzuki en MotoGP anduvo a la deriva desde la marcha de Brivio a la Fórmula 1. Brivio es un eficiente gestor con una habilidad especial para identificar y motivar talento, pero Budkowski se encargó de boicotearlo desde el primer día. Hoy día Budkowski está fuera de Alpine, aunque su perfil de Linkedin siga recordando tres meses después que es el 'Team Principal' de Alpine, (cargo que nunca ocupó de forma oficial). Otro ejemplo visible de por qué las organizaciones triunfan o fracasan por los aciertos o errores de sus personas clave.

Quien escribe estas líneas ha sentido siempre una profunda admiración por Ron Dennis, una de las mentes más brillantes de la historia del automovilismo. Gracias a Dennis la Fórmula 1 se convirtió en el modelo a imitar por parte de los grandes deportes a nivel mundial. Mérito suyo también es haber convertido lo que era un equipo de carreras a la deriva, (como en su día era McLaren), en un coloso global de la tecnología automovilística.

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