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Davide Rebellin, el trotamundos cincuentón que amaba la bici por encima de todas las cosas
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FALLECIÓ A LOS 51 AÑOS

Davide Rebellin, el trotamundos cincuentón que amaba la bici por encima de todas las cosas

El ciclista italiano falleció este miércoles mientras entrenaba en su Italia natal. Para el recuerdo ya quedan sus brillantes resultados en las 'grandes' y, sobre todo, en Clásicas

Foto: Davide Rebellin murió atropellado este miércoles. (Reuters/Max Wisdom)
Davide Rebellin murió atropellado este miércoles. (Reuters/Max Wisdom)

En mayo de 1996, yo tenía quince añitos y el mundo era un lugar mejor. En mayo de 1996, Indurain iba a ganar su sexto Tour (¿quién va a meterle mano? ¿Ese danés calvorota? Pero si acaba de subir andando el repecho de Biançon, no me vaciles), Olano iba a ganar su primer Giro (¿quién va a meterle mano? ¿Ese ruso que nunca se ríe? Vamos, no me creo... Abraham le deja tirao' en montaña, mira lo que te cuento) y a Stephen King estaban a punto de concederle el Premio Nobel de Literatura. Vamos, que el mundo era un lugar mejor.

En mayo de 1996, el veinticinco de mayo de 1996, la Real Sociedad Gimnástica de Torrelavega, decana del fútbol cántabro, todo gallardía y donosura, se jugaba el ascenso a Segunda División B. Sí, sí, entiendo que tiene poco drama, poca épica, pero cada cual juega con los mimbres que hay. Ascenso, entonces, liguilla. Contra el Zamudio debut, ya ven, así que aprovechamos cercanía, pasamos un día por Euskadi y luego celebramos en el Donus (de aquellas solo teníamos una rotonda en Torrelavega, así que le decíamos 'Donus'). Y eso, que para allá. Entre que empieza el partido y que no entramos en algún baruco. Para ver las bicis, para ver la Corsa Rosa, que seguro la tienen aquí puesta, en el País Vasco son muy de ver las bicis. Aquel día, sábado, se llegaba al Monte Sirino y se le empezaron a ver costurones gordos a Olano, solo que no quisimos creer, ha sido una mala tarde, luego en Izoard y Pordoi esto va a ser un arrase, bravo, Abraham, bravo. En fin, que en mayo de 1996 el mundo era un lugar mejor. Ganó arriba de Sirino, por cierto, un italiano veronés, joven-pero-no-tan-joven. Trincó, también, la 'maglia rosa'. Se llamaba Davide Rebellin.

Foto: Davide Rebellin, tras ganar una etapa en 2009. (Reuters/Sebastien Pirlet)

Acabó aquel Giro el sexto. Olano hizo pódium, pero demostró que en montaña pues... ah, y la Gimnástica subió a Segunda B, aunque aquel día, en Zamudio, la cosa terminó con un muy norteño empate sin goles. El mundo era un lugar mejor, sí, pero el fútbol aquí da para lo que da.

A Davide Rebellin (San Bonifacio, 1971-Montebello Vicentino, 2021) lo mató un camión este treinta de noviembre, otoño de 2022. Atropello mientras montaba en bici. Mientras montaba en bici por primera vez en... ¿qué? ¿Treinta años? Porque estaba recién retirao', el tío, le habían hecho una pequeña fiesta de despedida en Mónaco apenas horas antes. Y después, pillada la jubilación, rodando por el mero placer de rodar...

Déjenme solo unas palabritas. Porque no fue el único, ni va a ser el postrero. Casi cada finde me levanto leyendo noticias similares. Es dramático. Que a veces, solo a veces, tenemos los de las bicis culpa, sí. Pero en muchas otras hay positivos en controles de alcoholemia o antidrogas. Es dramático.

placeholder Rebellin siempre fue un ciclista destacado. (EFE/EPA/Oliver Weiken)
Rebellin siempre fue un ciclista destacado. (EFE/EPA/Oliver Weiken)

Un ciclista diferente

Pero volvemos a Rebellin, que es lo suyo. Que se lo merece. Con luces y sombras, como espejo de un tiempo y un espacio. O de varios tiempos y espacios, porque lo primero que llama la atención sobre este tipo es su longevidad. Para que se hagan una idea... Rebellin debuta en el año 1992. Por otoño queda noveno en el Giro de Lombardía. Cojan aire... gana Rominger, segundo Chiapucci, luego Cassani, Alcalá, Rolf Sørensen, Beat Zberg, Udo Bölts, Bo Hamburger. Cuánta leyenda, qué de clasicotes, la Scuderia completa de Ferrari, guiño, guiño, codazo, codazo. Pues bien, este tío se había retirado hace unas semanas, con más temporadas como pro que años carga Juan Ayuso en el DNI. Estremece. Dos datos... Rebellin comparte pelotón con Sean Kelly, que comparte pelotón con Raymond Poulidor, abuelo de Mathieu van der Poel, que también comparte pelotón con Rebellín. O, dicho de otra forma, dos saltitos y nos plantamos en las primeras carreras pro del limusín... por 1960. Más de medio siglo. De Bahamontes a Jonas Vingegaard. Es que es acojonante.

Con calidad, encima. Desde el mismo principio, Rebellin (rostro afilado, nariz coppiana, filiforme con reprís criminal) exhibe cuerpo de escalador y condiciones de puncheur. Destaca Davide en Grandes (sexto en un Giro, séptimo en una Vuelta, vigésimo cuando debuta en aquella Corsa psicópata del 94, con Pantani, Berzin, Indurain, el Mortirolo y esos rolletes), pero pronto entiende que lo suyo son otros temas. Etapas, clásicas. Y ahí... de los mejores. Picoteando. Ese abundantísimo calendario italiano, que tiene carreras casi cada domingo. Empieza, también, un exilio casi constante, de conjunto en conjunto. Culo inquieto, tipo difícil de encuadrar, condiciones magníficas, falta de remate en ocasiones. Y, sobre todo, carisma escaso. Miren, miren con quiénes se juega cosas... que si Simoni, que si Bartoli, que si Di Luca, que si Ricco. Ahí, en tales ambientes, el discreto y amable Rebellin parecía rara avis. Vamos, que no enamoraba.

Pero seguía ganando. Cosucas, ya digo. Algunas cercanas al folclore (El Trofeo Alcide de Gasperi, ojo), otras cada vez más y más importantes (la Klasika, Zurich, Tour del Mediterráneo, Frankfurt). Sumen etapitas y puestos de honor... les queda algo de lo más cuco.

Vive un exilio constante, de equipo en equipo. Culo inquieto, difícil de encuadrar, condiciones magníficas. Y, sobre todo, con carisma escaso

Hasta 2004. Ojo a ese 2004. Estaba Davide encuadrado en aquel equipo germano con agua mineral en jerséis y garrafas de tauritón para sus corredores. Seguro que me entienden y, si no, pregunten... Y eso, que Rebellin transmuta en Atila y anda cepillándose las Ardenas como quien derriba castillos de naipes. Pufff, así. Vale, digamos que son exhibiciones 'controladas' (no hay cosa digna de epatar a montones) pero en conjunto... pues mira. El tío ya gasta sus buenos treinta y dos añazos, pero engancha, ocho días mágicos, Amstel, Flecha y Lieja. Primero en hacerlo, luego llegará Gilbert. Está en el cénit y aún le queda pila, dicen...

Pasa que, cuenta, no lo respetan. De cara a los Campeonatos del Mundo, por ejemplo. Ni convocado. Y eso que son en su casa, en Varese. Nah, cero. Hasta se hace argentino, para ver si con ese maillot puede... pero enfrasca el asunto en detallitos legales y se nos echó el tiempo encima a todos. Nunca tocará presea en el Mundial, nunca será Campeón de Italia, nunca le constará en el palmarés medalla alguna en Juegos Olímpicos...

Positivo y hora de reinventarse

Porque sobre el asfalto... esprint de Samuel Sánchez, Rebellin segundo, tercero hace Cancellara. Si ven a Samuel pregunten por el tema, seguro que está encantado de contárselo... Aquel 2008 había supuesto otro saltito de calidad para Davide. París-Niza, segundo en Lieja. Un año antes y otro más tarde repite por Flecha Valona. Tiene treinta y seis tacos, que ya es edad respetable, pero es que el tío mejora en montaña, se hace más resistente, afila instinto. A ver dónde poner límites al chavaluco...

En un antidopaje, claro. Positivo por CERA, que era la moda ciclista en aquellos tiempos. Pregunten, pregunten a Kohl, compi de Davide. En fin. Dos años de sanción para el transalpino, fin a su estancia con los pros. Cuando cumpla ese tiempo, tendrá cuarenta tacos. Imposible. Solo que...

Uno ha visto, después, otra década enterita de Davide Rebellin. Cada vez con menos energía, vale, cada vez en equipos más cuchufleteros y en carreras más pintorescas. Pero con calidad, macho, con resultadetes. Los Tres Valles Varesinos, el Trofeo Gévaudan de 2012, donde tuvo trazas de bestia. Giro de Emilia en 2014, Coppa Agostoni en 2015. Para 2018 pilla etapa por Oran y hace segundo en el Tour de la Wilaya. Tiene cuarenta y siete años.

Tiene cuarenta y siete años. Aun correrá entre los pros cuatro más.

placeholder Davide Rebellin, durante una sesión de entrenamiento. (EFE/Maurizio Brambatti)
Davide Rebellin, durante una sesión de entrenamiento. (EFE/Maurizio Brambatti)

No esperen una hagiografía. Es el momento, sí, pero no esperen una hagiografía. Si vienen a por eso... busquen lo de 2008 y verán que resulta imposible. Pero, coño... que el tío se tira corriendo, tras volver de la sanción, década y pico. En equipos crecientemente perrugueros, en sitios insospechados, en pruebas por los cinco continentes, compitiendo frente a peña que podrían ser sus hijos (o sus nietos, si se han dado prisa con la reproducción). ¿Cobraba? Sí, cada vez menos; al final, supongo, algo casi simbólico. ¿Le daba miedo el día después? Seguramente. ¿Es que solo sabía dar pedales? Vaya, pues igual, tampoco me atrevo a decir tanto. Pero tiene que haber algo más. Algo profundo.

Sí, colegas... Davide Rebellin amaba la bici por encima de todas las cosas. Es lo único que explica esa longevidad, ese carácter de trotamundos. Y, al menos hoy, prefiero quedarme con esta idea...

El último equipo de Davide Rebellin se llamaba Work Service Vitalcare Vega. Maillot azul y blanco. Cierto aire a aquel del GB-MG con el que debutó treinta años antes...

En mayo de 1996, yo tenía quince añitos y el mundo era un lugar mejor. En mayo de 1996, Indurain iba a ganar su sexto Tour (¿quién va a meterle mano? ¿Ese danés calvorota? Pero si acaba de subir andando el repecho de Biançon, no me vaciles), Olano iba a ganar su primer Giro (¿quién va a meterle mano? ¿Ese ruso que nunca se ríe? Vamos, no me creo... Abraham le deja tirao' en montaña, mira lo que te cuento) y a Stephen King estaban a punto de concederle el Premio Nobel de Literatura. Vamos, que el mundo era un lugar mejor.

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